Suceso
Un policía foral fuera de servicio, un puñetazo y una intervención inesperada en Bilbao: "Era una ratonera"
Un agente navarro presenció el robo de un móvil el sábado por la noche en el Casco Viejo del Botxo, recuperó el teléfono e inmovilizó a uno de los sospechosos


Publicado el 14/10/2026 a las 15:00
Las puertas y los pasillos estrechos, el ruido y el trasiego constante de clientes convierten algunos locales de ocio de los cascos viejos de ciudades como Pamplona o Bilbao en lugares donde, cuando la afluencia aumenta, entrar y salir puede convertirse en una ratonera. Fue en un escenario de características similares, en el Botxo, donde un agente de la Policía Foral fuera de servicio tuvo que emplearse a fondo de forma inesperada el pasado sábado 10 de octubre por la noche al presenciar un robo.
Todo comenzó en la terraza de un bar situado en la calle Barrenkale. El policía navarro disfrutaba de un fin de semana en Bilbao con su cuadrilla cuando escuchó a una mujer decir que le habían robado.
"La chica sospechó que le habían robado porque uno de los dos hombres se le puso delante para despistarla y, aprovechando que ella miraba al frente, un segundo podría haberle sustraído el teléfono del bolso", explica el agente navarro. La mujer se percató de que le faltaba el móvil después de que los sospechosos se marcharan.
"Cuando desaparecieron, se dio cuenta de que le faltaba el teléfono y existía la posibilidad de que los sospechosos hubieran bajado la calle, así que echamos a correr. Ella vino detrás y, en 100 metros, llegamos a la puerta de un bar donde se encontraba uno de los posibles autores", detalla el agente.
Se identificó como policía y mostró su placa al sospechoso. "Se localizó primero a uno de los supuestos autores fuera de un bar y, al decir que no llevaba el teléfono, le hice un cacheo superficial para comprobarlo", explica. "Una testigo me explicó que un segundo sospechoso podría estar dentro del bar", añade.
"Entré en el bar junto a dos amigos y la testigo. No estaba, pero pensé que podía encontrarse en el baño", señala. Hacia allí se dirigieron. "Era como una ratonera, al fondo del bar, muy estrecho… El típico baño del Casco Viejo", describe.
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EL PUÑETAZO
El agente de la Policía Foral llamó a la puerta del baño y el sospechoso salió con un móvil en la mano. Sus características coincidían con las del teléfono sustraído: un iPhone 16 Pro con funda azul. "La chica lo reconoció y yo me identifiqué con la placa ante ese segundo sospechoso", relata el agente, que presenta señales visibles de la agresión en uno de sus ojos.
En el estrecho pasillo de acceso a los baños, el hombre trató de escapar y propinó un puñetazo al policía. "Se vio sin otra opción de salida que golpearme con su mano derecha. Fue bastante inesperado porque su reacción fue muy rápida", recuerda.
El espacio reducido convirtió la intervención en un forcejeo a corta distancia. "Conseguí reducirlo y, posteriormente, llegaron dos testigos que colaboraron para mantenerlo inmovilizado en el suelo. Se resistió de forma activa durante varios segundos", explica el agente, que tuvo que recurrir a sus conocimientos profesionales para retener al sospechoso.
"Los testigos colaboraron siguiendo las órdenes que les di y lo hicieron de forma muy correcta. Sin ellos, la intervención habría sido muy complicada", reconoce. El policía foral insiste en la dificultad que entrañaba el escenario y agradece tanto a la víctima como a los testigos su reacción.
"Podría haber sido bastante peor, pero en el momento no lo piensas", indica. También establece paralelismos entre lo ocurrido en Bilbao y la evolución de la delincuencia en Pamplona. "Antes eran más hurtos y ahora ha evolucionado hacia el robo con violencia e intimidación. Me identifiqué verbalmente y mostré la placa, pero decidió agredirme", contextualiza.
Con el hombre inmovilizado, la víctima llamó a la Ertzaintza. Poco después llegaron tres patrullas: dos de Seguridad Ciudadana y una de paisano. También acudió la Policía Municipal de Bilbao. Los agentes se hicieron cargo de la situación y procedieron a la detención del varón.
"Comprobaron también que esa persona tenía una orden de búsqueda, detención y personación en un juzgado", añade el policía foral.
DE UNA NOCHE DE DESCANSO A COMISARÍA Y AL JUZGADO
Lo que iba a ser una noche de descanso y disfrute junto a su cuadrilla acabó con una visita a comisaría y otra al médico para que le elaboraran un parte de lesiones. La intervención también le obligó a dedicar varias horas a los trámites derivados de lo ocurrido.
La jornada tampoco terminó ahí. El domingo 11 de octubre, al día siguiente de los hechos, tuvo que acudir al juzgado junto a la víctima del robo con violencia.
"Evidentemente, lo volvería a hacer ante este delito o ante cualquier otro. Hay gente a la que le gusta más su trabajo y a otra menos, pero, en mi caso, como en el de otros compañeros, el policía es policía las 24 horas", concluye.
Por su parte, el otro sospechoso huyó del lugar y no fue detenido. Sin embargo, una testigo logró fotografiarlo y, según la información facilitada por el agente, su identidad corresponde a la de un varón con varios antecedentes.
Desde Policía Foral se ha querido destacar la actuación profesional del agente, así como la colaboración y coordinación mostrada por la Ertzaintza durante toda la intervención. Asimismo, el cuerpo recuerda que la colaboración ciudadana y la cooperación entre cuerpos policiales resultan fundamentales para la prevención y persecución de los hechos delictivos, dentro y fuera de la Comunidad Foral de Navarra.