“Mis profesores me enseñaron respeto y perseverancia”
Rubén Fuertes Peralta (San Adrián, 1977) ha sido reconocido como 'Alumni Distinguido' por la UPNA por su labor como directora al frente del colegio de su pueblo en la última década


Publicado el 11/10/2026 a las 05:00
¿Siempre quiso ser maestro?
La verdad es que no lo tenía muy claro. Estudié Ciencias puras en BUP y COU y andaba muy despistado. Eché solicitudes para Biología, Óptica... en muchas universidades. Pero finalmente me decanté por Magisterio.
Y se matriculó en la UPNA...
Pertenecí a la primera promoción de Maestro de Educación Primaria, que entonces era una diplomatura de tres años.
¿Cómo recuerda aquellos años universitarios en Pamplona?
Como una gran experiencia. Yo era un chico de la Ribera que nunca había salido de casa y llegaba a un entorno completamente nuevo. Cuando comencé la universidad, aún tenía 17 años porque cumplo los 18 en diciembre. Nos fuimos a vivir a un piso de estudiantes algunos amigos de la cuadrilla y otros chicos de Peralta y Azagra. ¡Todo muy ribero! (se ríe). El ambiente universitario, la gente nueva distinta a la del pueblo... convirtieron aquellos en unos años buenísimos.
DON FERNANDO Y LA SEÑORITA CARMEN
¿Hubo algún maestro de San Adrián que ejerciera de ejemplo para seguir sus pasos?
Recuerdo con especial cariño a Don Fernando (Jarauta) y a la señorita Carmen (Hernández), como les llamábamos entonces en el colegio. Ella nos daba clase de Matemáticas y él, de Ciencias. ¿Qué me enseñaron? La señorita Carmen, la importancia del esfuerzo y de trabajar. ¿Que te sale mal? ¡Pues repítelo una y otra vez! ¡Tira para adelante! Y de Don Fernando, el respeto. Él mismo trataba a los alumnos con sumo respeto. Creaba en clase un clima mágico, excelente. Sabía mantener el orden, comunicaba de maravilla y notábamos que nos quería mucho. ¡Nosotros, también! El año pasado falleció y tuve la oportunidad de decirle a sus hijo cuánto le apreciábamos todos sus alumnos.
Al terminar la carrera, comenzó a estudiar euskera. ¿Qué le atrajo de la lengua?
Fue gracias a una compañera de clase, euskaldun, que me enseñó los números en euskera y me resultó muy curioso. En mi familia, nadie habla esta lengua. Mi padre es de San Adrián y mi madre emigrante de Jaén. En el pueblo apenas nadie lo conoce pero a mí me atrajo. Terminé la carrera en junio de 1998 y aquel mismo verano me apunté a un Euskaltegi. Me gustó tanto que seguí yendo a Barnetegis (residencias donde se aprende la lengua por inmersión durante varios días) en Lazkao o Gernika (Vizcaya) y me saqué el nivel C1 en la Escuela de Idiomas de Tudela. Me encanta esta lengua.
EUSKERA Y OPORTUNIDADES LABORALES
Hablarla le brindó también oportunidades laborales...
Pude dar clases de euskera en el colegio público de San Adrián en el modelo A (castellano con esta asignatura) y después contactó conmigo Xabier Azanza (actual presidente de la Federación Navarra de Ikastolas) para incorporarme el Instituto Navarro del Vascuence-Euskarabidea. Buscaban el perfil de una persona sin vinculación política y era mi caso. Fui cuatro años concejal en mi pueblo por una candidatura independiente pero no tenía ni tengo ninguna afiliación política. Ocupé los cargos de director del servicio de Asesoramiento e investigación y después el de Desarrollo del euskera. Impulsamos campañas muy bonitas y muy limpias, como la de la matriculación en el modelo A, en la que participaron cantantes como Leire (exvocalista de La Oreja de Van Gogh) o jugadores de Osasuna; y otra sobre el Camino de Santiago. También impartí una asignatura en la UPNA como profesor asociado en euskera.
¿Continúa hablándolo?
Menos de lo que me gustaría porque no tengo muchas oportunidades en el pueblo. Cuando lo hago, me dicen que tengo acento de Bilbao o vizcaíno. Será porque estuve en los Barnetegis (se ríe).
¿Sus hijos lo hablan?
Lo entienden porque estudian en el modelo A. Tanto mi mujer como yo queríamos que estudiaran en San Adrián y aquí no existe en modelo D (euskera). A veces, yo les hablo pero es complicado porque ni mi mujer, ni mis padres ni nadie de la familia lo hace. No existe ninguna tradición. Mi hija están en el modelo plurilingüe y le gusta mucho el inglés. Mi hijo no quiso matricularse en este modelo. Cada hijo es distinto y siempre hay que responder a sus necesidades.
¿Cómo es usted como padre con dos hijos adolescentes? ¿Intenta transmitirles lo mismo que a sus alumnos? ¿O es algo completamente diferente?
Como digo, tengo dos hijos muy distintos y trato de adaptarme a ellos como padre. Nunca les he dado clase pero tanto en el colegio como ahora en el instituto, coincido con ellos. Nos saludamos por los pasillos con normalidad (se ríe). Mi mujer y yo intentamos transmitirles que en casa debe existir un orden, con unos horarios y que de lunes a viernes, su trabajo consiste en estudiar y practicar sus actividades. Es lo que yo aprendí en mi casa. Mis hijos me ven a mí preparando las clases y yendo a la escuela de música donde estudio bajo eléctrico (toca en el grupo ‘Generación Bemol’ con amigos). Además del orden, es muy importante el esfuerzo. Los resultados podrán venir o no. Puede que no se apruebe el examen y hay que aprender a tolerar la frustración.
¿Les ayuda con las tareas escolares?
Les ofrezco que me pregunten todo lo que quieran pero las tareas las deben hacer ellos. Lo más importante es que los padres estemos presentes. Esto también es un grito a las familias. Siempre digo que en Infantil entran como los Miura y se implican a tope pero en Primaria se van desinflando y en la ESO hay que andar buscándolas. Precisamente, en los años más complicados de la adolescencia.