Entrevista
Alberto Garde, se jubila tras 33 años como bombero: "Lo más duro ha sido ver sufrir a gente y no poder hacer nada más"
El villavés Alberto Garde Sesma, suboficial del cuerpo, cuelga este verano el uniforme. Referente en la lucha contra incendios, accidentes de tráfico o salvamentos en el agua, se marcha con un buen sabor de boca


Actualizado el 01/08/2026 a las 19:03
Después de 8 años desenvolviéndose con sultura como ‘chispas’, apelativo cariñoso con el que se refiere a los electricistas, Alberto Garde Sesma se decidió a reorientar su actividad profesional y hacer caso a su cuñado y a su suegro, que llevaban tiempo diciéndole que le veían maneras. Siguiendo su consejo, se presentó a bombero y reconoce que no pudo ser una decisión más acertada. Ha sido muy feliz. Subió de Villava a Pamplona un 6 de julio de 1993 para leer el papel colgado en la puerta de Diputación con los nombres de quienes habían aprobado la oposición. Entre ellos estaba el suyo. “Recuerdo aquel chupinazo con mucha alegría”, ríe.
De aquel momento se han cumplido ahora 33 años y no habrá más Sanfermines con Garde llevando el uniforme del cuerpo. Este verano ha puesto fin a su etapa laboral tras haber desarrollado una amplia carrera en destinos como Alsasua, Estella, Trinitarios o Cordovilla, donde ha culminado su trayecto. Durante más de 20 años ha ejercido también como responsable del Grupo de Rescate Acuático (GRA), los buzos de los bomberos. Mientras atiende esta entrevista, en el parque de Cordovilla, su teléfono sigue sonando. Le reportan informes sobre un operativo de búsqueda o el despliegue por el dispositivo para el chupinazo txiki desde el Ayuntamiento de Pamplona. “Nos toca de todo”, explica, sin perder la sonrisa.
¿Qué cualidades veían en usted para proponerle ese cambio de rumbo?
Siempre he sido una persona muy movida, muy de intentar ayudar, de moverme con una cosa y con otra. También soy de tener ideas peculiares para solucionar las cosas. Encajo perfectamente con el tópico de ‘tener ideas de bombero’. Se ve que ellos lo vieron y que luego esa forma de ser ha encajado bien con lo que me ha tocado vivir en los parques...
¿Cómo fueron sus comienzos?
El 6 de julio de 1993 leí que me habían admitido, pasé por la academia y el 14 de abril de 1994 empecé a prestar servicio en el parque de Alsasua. Entonces estábamos dos por turno, que cerraban por la noche. Lo piensas ahora y puede sorprender, pero Alsasua, Oronoz o Burguete no tenían gente para abrir 24 horas... Y el día a día también era muy diferente. En esos primeros años nos tocaba de forma habitual, no sorprendía a nadie, ir a barricadas que solían montar debajo de un apeadero en Alsasua, situaciones tensas en enfrentamientos en Lakuntza, eran años de kale borroka, de que te recibieran lanzándote piedras o lo que hubiera. Estaban empezando también las obras de la Autovía de Sakana, de la A-10, con cifras de tráfico brutales, prácticamente teníamos un accidente mortal cada semana... Ahora sigue habiendo mucho trabajo, pero se ha diversificado y el avance en material y personal es innegable.
Ahora se les requiere para múltiples actuaciones, mucho más que extinguir fuegos...
Totalmente. De hecho nosotros solemos bromear y decimos que ahora cuando a la gente le pasa algo y no sabe a quién avisar llama a los bomberos a ver. Extinguimos los fuegos igual pero te atajamos un vertido, sacamos a la gente de los ascensores, abrimos puertas, desatrapamos a personas de los vehículos... Búsquedas de personas, suicidios, rescates de animales... Ahora todos los bomberos tenemos formación sanitaria y el 50-60% de las salidas son con ambulancia, así que es difícil encontrar una emergencia que no atendamos.
¿El último fuego que le ha tocado apagar?
(No tiene que pensarlo demasiado) El 12 de junio, en Obanos, con muy malas condiciones de viento y humedad, en plena campaña de cereal y que sofocamos antes de que cogiera bosque. Está la cosa este verano complicada, a ver si logramos salvar... Si echa la vista atrás, ¿qué sucesos se le vienen a la cabeza?
Han sido muchos, pero de esos que se quedan contigo tengo dos recuerdos. Uno fue a raíz de un accidente de tráfico que me tocó atender cuando estaba en el parque de Alsasua. Era un coche en el que viajaba una madre con cinco niños, sus hijos. Cuatro eran cuatrillizos, que tenían entonces 4 añicos, y un quinto hermano. Ella volcó sola y los heridos afortunadamente no estaban graves. El accidente fue ya en territorio de Álava y los llevamos al hospital de Txagorritxu. Afortunadamente no habían sufrido heridas de consideración y es verdad que me paro a pensar y me han tocado accidentes mucho peores pero aquel no lo voy a olvidar porque cuando pasó mi hija tenía justo esa edad. En el traslado al hospital llevé a una de las niñas, una de los cuatrilizos, conmigo y se encariñó en esos minutos, en los que la tratas con cariño, tratas de distraerla y se ve que funcionó y muy bien porque luego llegamos al hospital y no había manera de que se soltara, no quería irse con la médico, se me agarraba, la pobre. Costó mucho convencerla. La familia se quedó agradecida y esas Navidades me enviaron una foto de todos juntos que aún conservo.
Es un buen recuerdo y, en esas circunstancias, con una hija de la misma edad, parece difícil mantenerse al margen
Es curioso, porque me han tocado sucesos muy duros y lo recomendable, lo profesional, es poner cierta barrera emocional, porque si no no puedes hacer este trabajo u otros que te exponen a situaciones duras y a personas rotas, pero es verdad que no siempre se puede. Luego te vas a casa y, aunque no quieras, revives la película. Luego está la segunda situación que te comentaba, sobre lo poco cuidadosos que somos a veces y lo que nos gusta juzgar como sociedad. La mayoría de las veces nos vendría mejor ser más prudentes. Me pasó como buceador. Era 2011 y hacía varios meses en los que no había noticias de una mujer de Tierra Estella desaparecida. En las primeras semanas se montó un buen circo y se airearon muchas teorías acusando a un hombre que era su expareja de haberla matado (la denuncia por la desaparición que relata ocurrió en agosto y la intervención que detalla a continuación se produjo en enero). Estaban así las cosas y una tarde nos llamaron porque unos operarios de limpieza habían encontrado lo que parecía algo, un coche, pero no sabían muy bien, semisumergido en una acequia debajo de un puente, bajo la carretera. La maleza había tapado lo que había allí. Era invierno. Nos pusimos los trajes y fuimos. Recuerdo que el coche que conducía aquella mujer que había desaparecido era un Mercedes de clase A. Al sumergirme y llegar hasta el vehículo, palpé el hito de metal, el símbolo circular con una cruz interior, que distingue a los Mercedes en la parte delantera del coche. Ya vimos que podía ser ella y avisamos a la policía y se resolvió todo el misterio. El cuerpo de la mujer estaba dentro. Hasta el perro. Todas las teorías sobre el ex se quedaron en nada. La mujer murió en un accidente de coche (sufrió una salida de vía, chocó contra un muro y el coche se sumergió en una acequia con más de un metro de profundidad) que tristemente no se descubrió hasta muchas semanas después. Llegó a haber detenciones y todo, y estaba accidentada y menos de dos kilómetros de donde se le había perdido la pista. Aquello nos hizo reflexionar.
¿Cómo se maneja la cabeza en escenarios tan complejos?
En situaciones de búsquedas hay muchísima presión. Es normal, la gente siente que el tiempo juega en contra. Tengo la cabeza muy dura, para bien y para mal, y eso en mi trabajo ha jugado en mi favor, no me ha bloqueado. He visto cosas muy heavys pero no he necesitado terapia. Los más duro para mí ha sido ver cómo ha sufrido la gente y no poder hacer nada.
También os ha tocado movilizaros en emergencias extraordinarias, como el confinamiento y la pandemia...
Personalmente, no guardo un recuerdo especialmente malo de aquellos días tan extraños. Cambió radicalmente nuestra labor, teníamos las estaciones de desinfección de ambulancias y nos tocaba trabajar mucho con hospitales, residencias, etc. Sí recuerdo que teníamos mucho trabajo, pero no nos pusimos malos, que era lo grave, lo realmente angustioso, así que no nos podemos quejar.
Otra tragedia reciente en la que le tocó intervenir fue la dana, como parte del contingente de ayuda a municipios valencianos como Paiporta.
Fíjate, de aquel servicio sí guardo un recuerdo más duro, no he trabajado en otro sitio ni parecido. Estábamos en un escenario que parecía de guerra, sin luz, sin agua, sin comida... Con filas de gente esperando al reparto de alimentos. Sobrecogía aquello en Valencia, a 500 kilómetros de casa.
Echando la vista atrás en su trayectoria profesional, ¿le ha quedado alguna espina clavada?
(Lo piensa unos segundos). No (convencido). Seguro que podía haber hecho algunas cosas mejor, eso seguro, pero no tengo la sensación de haberme quedado con la idea de, joder qué mal, en esto la hemos cagado. Nunca me he vuelto a casa así. Al revés.
"Esto no es le das a un botón y se arregla, hay que resolver"
Si alguna persona leyera esta entrevista y meditara si reúne las cualidades para ser bombero, ¿qué consejos podría darle?
Igual esto que te voy a decir es meterme un poco en un jardín (ríe) pero venga, ya que me lo preguntas, voy a serte sincero. Creo que es percepción mía y no todos la comparten pero veo que ahora abunda un nuevo perfil de bombero, en las últimas promociones que van entrando, que no sé si es el más adecuado para esta profesión. Primar los estudios universitarios es un error. Aquí necesitamos personas con habilidades, que hayan trabajado antes, que vengan a aportar esa experiencia previa. El más valioso entre nosotros es el perfil del currela, que sepa hacer cosas, coger un pico, un taladro. Puede ser vital, en el sentido literal. Esto no es, le das a un botón y se arregla. Eso es para otros sitios, otros perfiles, Y cintura, ninguna intervención es igual. Que resuelva, con iniciativa.
Ha comentado que es una persona con dificultad para estar sin hacer nada. ¿Va a ser la jubilación un reto? ¿A qué va a dedicar el tiempo libre a partir de ahora?
Mientras la salud nos respete, qué te voy a contar, he pensado que toca vivir la vida (ríe). Atender la casa, que mi mujer todavía trabaja, y poder disponer de más tiempo para mis aficiones, el deporte, viajar, los amigos...
Más de tres décadas ejerciendo, no sé si hay algo que se quede pendiente...
Sí, me gustaría aprovechar para dar las gracias. Quiero agradecer a todo el mundo de corazón lo a gusto que he estado. he tenido la suerte de venir feliz a trabajar. No he tenido conflictos con nadie y me voy sintiéndome apreciado, estoy muy contento. Da gusto.