Pamplona
José Salanueva, en huelga de hambre por una vivienda: "Con cincuenta y tantos años estoy harto de pedir una habitación que no cueste 420 euros"
Dos pamploneses han decidido hacer huelga de hambre en los porches de la Plaza del Castillo para demandar una vivienda digna


Publicado el 27/07/2026 a las 05:00
Hasta aquí. “Me compré una tienda de campaña para vivir en Aranzadi y me la robaron. Incluso me quitaron la colchoneta”. José María Salanueva, 55 años, pamplonés, “de la calle Estafeta”, lleva desde el pasado jueves en huelga de hambre para pedir “a quien corresponda” una vivienda social.
“Es el primer derecho de las personas. Un sitio donde vivir”. Y Salanueva está cansado de rodar por la vida, de un trabajo a otro, de una habitación a otra, sin más esperanza que dormir tranquilo. Por eso, ha tomado esta drástica decisión junto a un compañero de fatigas, Luis María, de 58 años y con una vida paralela de desarraigo y noches eternas al frío.
Los porches de la Plaza del Castillo de Pamplona acogen a estos dos hombres desde el jueves en su protesta. Únicamente tienen dos sacos de dormir y unas pocas pertenencias en una bolsa.
Además, han colocado dos carteles de cartón en las ventanas para visibilizar su situación: “No queremos ocupar. Queremos una habitación pero no a 400 euros. Algo asequible para poder llegar a fin de mes. Espero que se pueda llegar a una solución entre todos”, escribieron.
Camarero, ayudante de cocina... Salanueva ha pasado por múltiples trabajos y asegura que ha intentado tener una vivienda. “Murieron mis padres y me quedé en la calle”, relata.
Pero los problemas se amontonan; físicos, ya que tiene un 73% de discapacidad, y mentales. Y cada vez cuesta más salir adelante. “Estoy muy débil y tengo muchas patologías”, afirma. Aunque recibe una renta no contributiva apenas tiene para comer ya que todo se lo lleva el alquiler.
“No representamos a ninguna asociación ni estamos aquí en nombre de nadie. Solo somos dos personas en la calle”, añade Luis, que prefiere no dar su apellido. “Estoy cansado”, añade.
“Vivimos en la calle malamente y cuando encontramos alguna habitación es en malas condiciones, con bichos y sin derecho a ducha más que una vez por semana”, indica. Por eso se ha unido a Salanueva. “Con cincuenta y tantos años estoy harto, ya no de pedir una casa sino una simple habitación que no cueste 420 euros”.
Al igual que su compañero, ha pasado por múltiples trabajos pero la vida le devuelve a la calle. “Hay mucha gente así. Más de lo que parece. Esto no se arregla y he pasado inviernos muy duros en la calle”, concluye pensando en el que llegará próximamente.