Ganadería
La yeguada navarra de pura raza española que va a por todas: "Hay una oportunidad para desarrollar el proyecto aquí"
La Yeguada Gaucho aterrizó en Zulueta en noviembre. Entre sus objetivos está llevar a dos de sus sementales de pura sangre española, ‘Sonato’ y ‘Río’, al Salón Internacional del Caballo Español en Sevilla, un escaparate mundial
Publicado el 26/07/2026 a las 05:00
Los pasos que dan sobre la arena Río y Sonato, dos pura sangre españoles, impresionan y generan un silencio para nada habitual en los tiempos que corren. No solo silencian el ambiente; también emocionan a todos los que les observan entrenar en la pista principal del Centro Ecuestre Yelz.
A este escenario, un espectacular espacio con cubierta de madera adecuado para la doma clásica, se suman la pureza, la morfología, el carácter noble, la limpieza de sus movimientos, la ejecución de aires -paso, trote y galope- y la armonía con su jinete, Ignacio Goldaracena Asa. Todos estos conceptos son síntomas positivos para el objetivo que se han marcado sus propietarios, la Yeguada Gaucho.
“Queremos ir al Salón Internacional del Caballo Español, en Sevilla, porque es un escaparate a nivel mundial”, dice de forma contundente Andoni Muniáin Goñi, que, junto a Guillermo Echeverría Ganuza, se encarga de la gestión de la yeguada, asentada en Zulueta desde octubre. Cuando Río y Sonato de Gaucho, afijo que se añade a los nombres de pila para identificar su ganadería, salen a entrenar al albero de Yelz, las personas que merodean por el recinto se acercan. También Olivo, un braco de Weimar de nueve meses, de ojos mareantes, que se mueve como pez en el agua entre los equinos.


“Mira. Ahí es bonita la foto”, dice Muniáin al ver un gesto que le ha gustado de Sonato de Gaucho, pura sangre español tordo nacido el 16 de junio de 2016 y de su propiedad desde 2022. Goldaracena, un jinete con amplia experiencia en la materia, es quien va guiando al semental. “Dadme cuatro minutos”, dice antes de permitir a J. P. Urdíroz fotografiar.
Lo que pasa en ese tiempo es una especie de calentamiento, trabajo de perfección y conexión mental entre el binomio. Completan varias vueltas a la pista y se corrigen en el espejo alargado.
“Fue adquirido de un criadero también con líneas muy deportivas de Barcelona, aunque nació en Galicia”, explican sobre Sonato de Gaucho, que ya participó en el Salón Internacional del Caballo Español en 2023, ocupando la décima posición final en la categoría de siete años. Este año está en el nivel San Jorge. Hablan de su “gran presencia y buena alzada”, de 1,70 metros. Río, por su parte, este año cumple 6 años.
La línea deportiva también es una de las características que definen a los ejemplares de la Yeguada Gaucho. “Son caballos más deportivos. De pura raza española, pero con buenos movimientos”, indica Echeverría. Es un matiz destacable porque, según él, esta raza de normal “se caracteriza por caballos nobles, pero como más barrocos”. “No tan ágil y tan deportivo como otras razas”, puntualiza.
“Fuimos a ver el caballo y reunía las condiciones que buscábamos. Y de momento nos ha ido bien”, comenta Muniáin. A la hora de adquirir un caballo los criterios de selección pueden ser diferentes. Un criadero de este tipo puede valorar desde el aspecto funcional hasta la capa. “Un ejemplo: buscar un caballo negro porque te puede dar después potros negros, que pueden estar más demandados”, explica Guillermo Echeverría, enfermero de formación.
“Una vez que tienes claros tus criterios, te pones a buscar”, añade sobre una parte fundamental de su oficio, cuyo objetivo radica en la competición, la cría y la venta. Porque, aunque sea la pasión y el disfrute de estos dos navarros, esto es un negocio en el que los resultados y la genética cuestan mucho tiempo y dinero. “Es lo que nos llena cada día, pero queremos conseguir llegar a los escaparates, y el SICAB es uno”, comentan ambos.
Para alcanzar esta meta marcada para noviembre, los dos ejemplares se lo tienen que ganar durante el año, consiguiendo una media de puntos estipulada en distintas competiciones de doma clásica. De ahí que actualmente practiquen a diario en el centro ecuestre ubicado en Yelz junto a Goldaracena y no duerman en las instalaciones de Yeguada Gaucho, en Zulueta, donde sí lo hacen el resto de ejemplares del criadero.
A partir de verano, Río y Sonato de Gaucho comenzarán a participar para sumar puntos. Lo harán en torneos de Segovia, Zamora, Vitoria, Madrid o Santander, por ejemplo. “Vamos a donde se hacen concursos de dos y tres estrellas de doma clásica”, puntualizan sobre una de las patas del proyecto, que es la competitiva. Posiblemente también sea la punta del iceberg y el lado más mediático del negocio. “La competición nos sirve para dar visibilidad a la cría”, confiesa Muniáin. Ahí radica la esencia de un proyecto asentado en Zulueta, en el Valle de Elorz. A unos 20 kilómetros de Yelz. Si hay buenos resultados habrá más opciones de criar buenos ejemplares y compradores se interesarán por ellas. También por el esperma de estos sementales, que será muy cotizado para la cubrición de yeguas.
ZULUETA, LA CUNA DE LA YEGUADA
A partir de primavera, Zulueta es un hervidero de vida. El germen de esta yeguada comenzó en Vizcaya, pero en noviembre de 2025 trasladaron su campo base a Navarra por su vinculación con la tierra -son de Pamplona y Estella-, por la gran red de contactos del sector con la que cuentan y para controlar el negocio en primera persona.
“Creíamos que había una oportunidad para desarrollar el proyecto aquí”, explican en un txoko fresco pegado al guadarnés, donde guardan monturas, sillas, riendas, sudaderos y otros accesorios. Por ejemplo, los hierros. “Ahora les marcamos con nitrógeno líquido, ya no se hace con fuego”, cuenta Echeverría sobre una técnica de marcaje menos dolorosa y que hace que el pelo crezca blanco en la zona.


Las instalaciones, de unos 20.103 metros cuadrados, son de primer nivel. “Además de todas las cuadras -soterradas en un talud, lo que mejora las condiciones térmicas-, lo bueno es que tiene muchas praderas con bebederos automáticos. Sale todo el rato agua fresca y no se queda estancada”, describe Guillermo.
En la búsqueda de espacios, desde Yeguada Gaucho trataban de localizar un espacio amplio junto a un entorno natural. Las faldas de la sierra de Tajonar les parecieron una buena opción. “Para la cría es importante su libertad. Que el caballo crezca sin estrés, que pueda alimentarse tranquilo y que no solo esté metido en una cuadra”, añaden. Según ellos, esto no es un capricho, sino algo que repercute después en el carácter de los equinos y en la forma de socializar entre ellos. “Que vayan viendo todo, percibiendo olores, sonidos y vayan cogiendo confianza con nosotros. Para que ya estén acostumbrados al trato humano desde muy pequeños y desarrollen su nobleza”, puntualizan.
Para demostrarlo, la conversación se traslada a la parte superior de la finca, donde han subido a parte de los ejemplares. Allí, con la Higa de Monreal al fondo, en línea recta, descansan cinco yeguas y una potra recién nacida que es nieta de Yucatán, un semental campeón del mundo y propiedad de Sergio Ramos. No se despega de su madre.


El proceso de cría lo inician cuando se va acercando la primavera. Ellos señalan los meses de febrero y marzo, pero esto atiende al celo de las yeguas. “Tú las cubres con el semental y, si se queda preñada, dura unos 11 meses”, explican sobre un proceso muy delicado que ya han comenzado y que dará sus frutos en 2027. “Tienen celo cada 21 días y ya estamos empezando a echar el semental para que empiece a cubrir a las yeguas”, indican, comentando que buscan que los potros nazcan en fechas con una climatología favorable.
En la práctica, la cubrición se hace mediante la extracción previa de esperma del semental y su posterior inyección en la yegua. “No se les suelta en el mismo espacio para evitar lesiones de los caballos”, describen. “Si sueltas al semental y a la yegua le queda un día o dos para estar receptiva, va a cocearle y pegarle”, detallan, apuntando que la extracción de semen se realiza en un potro artificial preparado para ello. Después se ecografía a la yegua y, en el momento óptimo, se insemina.
DE LA CRÍA A LA DOMA Y DE LA DOMA A LA VENTA
Once meses después, los potros lucen ligeros, limpios y habilidosos en la pradera. Entre los seis y los ocho siguientes meses permanecerán junto a su madre lactando y, después, comenzará una separación progresiva para no generar estrés en el animal. “El destete es un proceso bastante delicado. Es importante que socialice, que no esté sola... que siga viendo a su madre aunque no comparta el mismo espacio”, explican. “El objetivo es criar al potro en libertad, no meterla en una cuadra. Que aprenda a caer, a levantarse, conozca los distintos terrenos...”, comentan.
Pasado un tiempo se junta a los potros en el mismo recinto y separados por sexo y por edad. “De joven se les va viendo los movimientos y, si vemos que va a tener cualidades para la doma clásica, invertimos en ella”, apuntan sobre una fase de entrenamiento que arranca a los tres años. “Hasta esa edad no se recomienda montar porque no están desarrollados. Puedes ir echándoles una silla y una mantilla para que vayan acostumbrándose, pero no es hasta esa edad cuando los subes a las cuadras a hacer el desbrave”, dicen.


Este proceso es lento y lo hacen tanto Andoni como Guillermo con ayuda externa. “Lo más complejo es no perder la paciencia y la seguridad”, dice el primero. “Primero nos acercamos a ellos en la cuadra, les acariciamos, que se deje coger las cuatro patas... esto se llama doma de cuadra”, detallan. El equino, cuando ya se deja poner la cabezada, se le saca al pasillo hasta que se deja atar. Después se le colocará el sudadero, la silla y las cinchas poco a poco. Esto que se cuenta en un párrafo a ellos les cuesta un tiempo largo. Y todavía el caballo no ha salido a la pista. A la arena donde recibirá las primeras lecciones de doma clásica.
“Los tres aires fundamentales que tiene el caballo son paso, trote y galope. Eso se trabaja siempre de primeras a la cuerda”, dice Guillermo Echeverría. “Se coge una cuerda larga. Te pones en el centro y vas dando círculos al caballo”, describe un trabajo a la cuerda que se repite a diario una y otra vez. Es el paso previo a que un jinete vaya a echar su peso por primera vez sobre el ejemplar. “Puedes hacer durante tres meses tranquilamente el mismo trabajo”, reconocen sobre una labor de acción-recompensa para el potro.
Pero todavía queda por delante que tome contacto en la mano. “Después de seis u ocho meses de trabajo puedes montarte en el caballo con seguridad, pero hasta que va bien te puedes pegar un año tranquilamente”, informan sobre unos ejemplares que a los 4 años salen a concurso y empiezan a tener posibles compradores.


“Les coges cariño, pero tienes que tener muy presente cuál es el objetivo de la yeguada”, reconocen en relación con una labor que les ocupa todos los días del año con distintas tareas.
Desde las ocho de la mañana gestionan la desinfección de instalaciones, reparto de pienso -entre dos y tres raciones al día en función de su gasto energético programado por entrenamientos-, proporcionar forraje, que les llega desde Ultzama, y también desparasitarles cuando toca. “Dos veces al año”, puntualiza Andoni Muniáin. A todo esto se suma el mantenimiento de cascos con el trabajo del herrador para que no se pongan largos, se deformen y el caballo empiece a andar mal.
Ellos dos, Andoni y Guillermo, con la ayuda externa de especialistas, van dando pasos cortos para conseguir hacer grande la Yeguada Gaucho. “Hay yeguadas que empiezan con muchas cabezas de ganado. Nosotros hemos preferido ir tranquilos seleccionando a madres con genética buena y unas cualidades físicas determinadas. Igual que los sementales. Es un tipo de cría más privado”, explican los dos.
“Preferimos tener todo más controlado y que no se vaya de las manos. Que sea sostenible en el tiempo y que podamos prestar atención y estar pendientes de todos los caballos”, sentencia Guillermo Echeverría. Mientras Río y Sonato de Gaucho dibujan en la arena de Yelz el camino hacia el SICAB, en las praderas de Zulueta crece el verdadero futuro de la yeguada. Entre genética, paciencia y trabajo, Andoni Muniáin y Guillermo Echeverría persiguen un mismo objetivo: criar caballos capaces de emocionar antes incluso de entrar en la pista.
