Premio José Javier Uranga

Miguel Ángel Riezu, director de Diario de Navarra: "Nuestro trabajo no es agradar al poder"

Recuerda la "huella perdurable" que dejó José Javier Uranga por su "defensa de la libertad de prensa frente a las amenazas y la violencia, la modernización del periodismo y el columnismo literario y comprometido", valores que también atribuye a Carlos Herrera

Miguel Ángel Riezu, director de Diario de Navarra, durante la lectura de su discurso
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Miguel Ángel Riezu, director de Diario de Navarra, durante la lectura de su discursoCORDOVILLA/BUXENS
Miguel Ángel Riezu, director de Diario de Navarra, durante la lectura de su discurso

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Marcos SánchezJavier Estévez

Actualizado el 09/06/2026 a las 19:34

"Nuestro trabajo no es agradar al poder, es el de servir a los ciudadanos contando la verdad, aunque sea molesta". Miguel Ángel Riezu, director de Diario de Navarra, definió así su oficio, el mismo que Carlos Herrera "ejerce a diario desde los micrófonos de la COPE". El periodista andaluz es merecedor, por sus más de cuarenta años de trayectoria profesional, del III Premio José Javier Uranga, exdirector de este rotativo y periodista que dejó una "huella perdurable" por su "defensa de la libertad de prensa frente a las amenazas y la violencia, la modernización del periodismo y el columnismo literario y comprometido", valores que el orador también atribuyó al premiado.

Herrera es "un comunicador de una pieza". "Una pieza de tamaño elevado: casi 1,90 metros de comunicador, de los pies a la cabeza", hizo un guiño Riezu a la estatura del galardonado, antes de afirmar que esta definición "encaja a la perfección" con el protagonista del acto por la diversidad de formatos en los que ha desarrollado su tarea profesional: "De la radio a la televisión y a la prensa escrita. De la copla a presentar telediarios, ahí es nada. Del puro entretenimiento a la reflexión crítica de la actualidad".

Aunque el director de Diario de Navarra le designó, por encima de todo, como "un hombre de radio", aparato que, según el premiado, "siempre acompaña a alguien haciendo algo". "Por eso la radio es intimidad compartida. Y uno sólo deja que ocupe este lugar en su vida a personas muy escogidas, de las que se fía y que le aportan, que le enriquecen. Como Carlos Herrera", alabó Riezu, quien calificó al galardonado como un hombre "ameno, reflexivo, empático, un punto canalla y disfrutón". A eso le añade una labor en el micrófono que realiza "con un sólido criterio editorial y una enorme riqueza de registros".

Ambas facetas, profesional y personal, han vivido un fuerte apogeo en los últimos días: lo primero, por la visita del Papa a España; lo segundo, por la boda de su hija, la modelo Rocío Crusset, en Nueva York. "Gracias al premiado por encontrar espacio para este acto en su intrincada agenda", subrayó Riezu, quien confió en que este premio se sume a los "magníficos recuerdos" que ha atesorado estos días y le una más a Navarra, una tierra "que le es tan cercana por razones familiares y que tan bien conoce".

El director de Diario de Navarra también reivindicó la figura de José Javier Uranga, un hombre "recto, valiente y osado" que defendió, "a pesar del alto precio que suponía, las ideas en las que siempre creyó". En unos años en los que la democracia española estaba en plena configuración, Uranga defendió Navarra "como una comunidad con identidad propia, basada en sus Fueros". "Eso que él soñó y por lo que tanto trabajó es lo que seguimos siendo hoy. Y es por lo que nos toca seguir trabajando para que también lo seamos en el futuro", animó Riezu, quien sostuvo que el "legado" de su predecesor "sigue muy vivo" en el "quehacer diario" de este rotativo.

Discurso íntegro de Miguel Ángel Riezu

María Josefa, Carmen, Jesús, familia Uranga, Consejo de ‘Diario de Navarra’, autoridades, invitados, compañeros, galardonado: gracias a todos por acompañarnos esta mañana.

Quiero daros la bienvenida a esta sala de la muralla que enmarca el acto y que integra a nuestro alrededor estos espléndidos sillares del siglo XVI, que corresponden al que fue el baluarte de San Antón de la Ciudadela, desaparecido en el siglo XIX y rescatado del olvido por Patxi Mangado con la construcción de este edificio, que por eso toma su nombre. Sillares que nos recuerdan que Pamplona ha sido siempre una ciudad fronteriza a lo largo de la historia y, por tanto, edificada con murallas defensivas.

Hoy, nuestro acto también reivindica una defensa. Pero de valores. Hoy es la defensa del periodismo la que nos trae aquí. Esa es la misión de este premio que lleva el nombre del mítico director de ‘Diario de Navarra’, José Javier Uranga, y que busca honrar y extender en el tiempo su legado.

Un legado que sigue muy vivo en nuestro quehacer diario, porque entendía el periodismo desde principios que continúan muy vigentes medio siglo después: la independencia radical, el valor de la palabra dada y la precisión en el lenguaje, la humildad intelectual y la firmeza en la defensa de la verdad por encima de las modas y las componendas.

Uranga, de cuyo fallecimiento se cumplen diez años este mes de junio, fue director de ‘Diario de Navarra’ entre 1962 y 1990. Y eso sí que fueron años turbulentos y peligrosos. Los que definieron nuestro futuro gracias a personas que, como él, recto, valiente y osado, supieron defender, a pesar del alto precio que suponía, las ideas en las que siempre creyó y creyeron.

La de una Navarra como una comunidad con identidad propia, basada en sus Fueros, que formaba parte nuclear de la España democrática que estaba surgiendo. Eso que él soñó y por lo que tanto trabajó es lo que seguimos siendo hoy. Y es por lo que nos toca seguir trabajando para que también lo seamos en el futuro.

Uranga levantó en ‘Diario de Navarra’ el edificio periodístico que todavía hoy habitamos. Y sus sucesores han ido ampliando estancias con formatos y canales nuevos. Pero siempre con el mismo compromiso heredado: servir a la sociedad navarra con una voz clara, comprometida y con unos valores que permanecen desde hace más de un siglo. Eso es lo que nos permite seguir siendo el medio de información líder en todos los canales en los que trabajamos.

Este acto es, en sí mismo, un homenaje al periodismo y al valor de la comunicación libre. Y un homenaje a los periodistas, también a los compañeros de toda España, que lo hacen posible desde la honestidad y con un puntito de coraje. Que mantienen su compromiso, el de la verdad incómoda y el de la independencia en estos tiempos complicados. Y que lo hacen también frente a grandes poderes políticos que están empeñados en desprestigiar un oficio noble e imprescindible y empecinados en intentar borrar sus propios excesos y presuntos delitos, criticando encima a quienes los denuncian. Es el mundo al revés. Y no lo van a conseguir.

Nuestro trabajo sigue siendo el de no agradar al poder, el de servir a los ciudadanos contando la verdad, aunque sea molesta. Y de eso sabe mucho nuestro galardonado. Lo ejerce a diario desde los micrófonos de la COPE. Porque hoy nos convoca aquí la entrega del premio José Javier Uranga de la Fundación Diario de Navarra, que ha recaído en Carlos Herrera.

Y permítanme que, en nombre del jurado, glose su figura. El premio busca reconocer trayectorias sobresalientes en alguno de los ámbitos donde Uranga dejó huella perdurable: la defensa de la libertad de prensa frente a las amenazas y la violencia, la modernización del periodismo y el columnismo literario y comprometido. Y está claro que Carlos Herrera reúne las tres.

Respecto a la primera, sólo introducirla. Uranga y Herrera comparten un trágico honor, el de haber sido ambos víctimas de la banda terrorista ETA. Lo que nos indica es que han compartido ser voces libres y comprometidas; y que, por ello, han tenido que pagar muy, muy caro la defensa de la libertad de los ciudadanos y de la libertad de expresión en este país, cuando hacerlo ponía, literalmente, en riesgo su vida. Ambos, además, siguieron adelante con su trabajo, desde la normalidad, con un orgullo que generó la más humillante de las derrotas a quienes intentaron asesinarlos. Y respecto a las otras dos trayectorias, también son evidentes: modernización de formatos y columnismo.

Carlos Herrera es un comunicador de una pieza. Una pieza de tamaño elevado: casi 1,90 metros de comunicador, de los pies a la cabeza. Y la de comunicador es la definición con la que se siente más cómodo nuestro premiado. Y le encaja a la perfección. Porque tiene una trayectoria cuajada de formatos diversos en los que ha triunfado. De la radio a la televisión y a la prensa escrita. De la copla a presentar telediarios, ahí es nada. Del puro entretenimiento a la reflexión crítica de la actualidad.

Todos ellos atravesados por una voz inconfundible, personalísima, esa que da coherencia a los muchos mundos interiores que van con él y que brotan de su talento cada mañana; mejor dicho, cada madrugada. Porque él es, y se define, fundamentalmente como un hombre de radio. La radio, dicen los que saben, es cercanía y es confianza.

Como el propio Carlos Herrera decía el otro día al despedir, con enorme elegancia además, a una compañera de una cadena rival, “la radio siempre acompaña a alguien haciendo algo”. “Es el segundo corazón de cada oyente”, remachaba. Por eso la radio es intimidad compartida. Y uno sólo deja que ocupe este lugar en su vida a personas muy escogidas. De las que se fía y que le aportan, que le enriquecen. Como Carlos Herrera.

Ameno, reflexivo, empático, un punto canalla y disfrutón, según sus amigos. Un soberbio comunicador, con un sólido criterio editorial y una enorme riqueza de registros, añadimos los que lo disfrutamos en su faceta profesional. Sólo con estas claves es posible entender la devoción, sí, la devoción, que despierta en miles de oyentes nuestro galardonado.

Una cifra que no deja de crecer. Ya hay más de 3 millones de españoles, según el último Estudio General de Medios, que lo escogen para que los despierte y les ponga al día cada mañana en la COPE.

Y para terminar, darle las gracias al premiado por encontrar espacio para este acto en su intrincada agenda. Y más en unas semanas tan densas en lo profesional, con la visita del Papa a España estos días, pero también en lo personal: como todos ustedes saben ya a estas alturas, acaba de regresar de Nueva York, de ejercer como padrino de la boda de su hija. Enhorabuena.

Confiemos en que este premio también esté unido para él, de ahora en adelante, a todos esos magníficos recuerdos de estos días. Y unido a esta tierra, Navarra, que le es tan cercana por razones familiares y que tan bien conoce y quiere. Que es muy capaz de darnos certeros consejos sobre cualquier repecho traicionero del Camino de Santiago en Tierra Estella. O recomendarnos un restaurante o un bar preciso en el corazón de Pamplona que emerge de la memoria de sus glándulas salivares. Y ojo, no lo pongan a prueba, les ganará en conocimientos.

Enhorabuena, Carlos Herrera, por este premio José Javier Uranga en su tercera edición.

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