Premio José Javier Uranga
Discurso íntegro de Alfonso Bañón, presidente del Consejo de Administración del Grupo La Información


Actualizado el 09/06/2026 a las 15:56
Buenas tardes a todos.
En primer lugar, quiero dar las gracias a la familia de José Javier Uranga por su presencia hoy aquí. María Josefa, es un verdadero placer poder estar compartiendo contigo este espacio, con Jesús, Carmen, Soledad y Joaquín. Muchísimas gracias por acompañarnos.
Quiero saludar también de manera muy especial a Javier Visiers, consejero delegado de Ábside Media y de la COPE, cuya presencia aquí no solo da realce a este acto, sino que testimonia el respeto y la relevancia de este galardón en el panorama de la comunicación de nuestro país. Gracias, además, porque conocemos el esfuerzo que estáis haciendo ambos al coincidir con la visita del Papa, que tan bien estáis cubriendo a través de COPE y de TRECE. Bienvenido, Javier.
Saludo con un recuerdo muy especial a las víctimas del terrorismo, que habéis tenido la deferencia de estar hoy aquí para acompañarnos. Sabed que siempre vamos a estar con vosotros.
Nos reúne hoy la memoria viva de un periodismo con mayúsculas encarnado en la figura excepcional de José Javier Uranga. Su fallecimiento en 2016 dejó un vacío inmenso en esta casa y en toda la profesión, pero consolidó un legado imborrable de valentía, libertad y rigor. Un legado que, precisamente, es el que hoy honramos y mantenemos más vivo que nunca a través de este premio que lleva su nombre.
Hoy, al otorgar este galardón a Carlos Herrera, estamos uniendo dos nombres que, desde épocas y formatos distintos, comparten una misma columna vertebral: la independencia, el arraigo y una conexión inquebrantable con la sociedad a la que sirven desde la honestidad profesional.
Pero hay un lazo invisible, y profundamente doloroso, que hoy une de forma definitiva las figuras de José Javier Uranga y de Carlos Herrera. Ambos saben perfectamente lo que significa pagar el precio de la libertad de expresión en primera persona. Ambos conocen el zarpazo del terrorismo. Ambos son víctimas del terrorismo que intentó callar sus voces, y ambos representan el triunfo de la palabra sobre las pistolas.
José Javier Uranga vivió en primera persona la crudeza del terror al sobrevivir milagrosamente a aquel brutal atentado en 1980. Regresó a su mesa de director para demostrar que los principios de esta casa no se amedrentaban ante las balas. Décadas después, en el año 2000, el terrorismo fijó también su diana en Carlos Herrera, intentando silenciarlo con un paquete bomba que la fortuna y los cuerpos de seguridad lograron desactivar.
El terror buscaba el silencio, el miedo y la sumisión. Pero en Uranga y en Herrera encontró todo lo contrario: una resistencia inquebrantable, una dignidad infinita y la determinación de seguir madrugando cada día para contar la verdad.
Premiar hoy a Carlos Herrera es, por tanto, un acto de justicia y de memoria compartida. Es reivindicar a quienes no se escondieron cuando la libertad cotizaba a precio de sangre.
Este coraje frente a la barbarie se nutre, en el caso de Carlos, de una sensibilidad muy especial. Hay un dato en su biografía que explica muy bien su mirada sobre el mundo: es, de formación, médico, y también un frustrado ferroviario. Y aunque las ondas le llevaron por otros caminos, esa impronta de la facultad nunca se borra.
De haber ejercido, no me cabe duda de que Carlos habría sido un médico clínico a la vieja usanza, uno de esos profesionales que entienden la medicina desde el punto de vista más humano. Porque el buen médico, como el buen comunicador, sabe escuchar, sabe leer entre líneas, diagnostica con precisión y, sobre todo, muestra una empatía profunda hacia la condición humana y sus circunstancias.
Ese mismo humanismo es el que Carlos trasladó a los micrófonos y a su faceta escrita. Porque Herrera no solo habla; Carlos escribe, y escribe muy bien. Sus artículos en prensa, en ‘ABC’, son el reflejo de una mente aguda que maneja el lenguaje con precisión quirúrgica, ironía fina y una inmensa cultura.
Ahí es donde su figura conecta directamente con el espíritu de Ollarra. José Javier Uranga hizo de sus textos una auténtica escuela de ciudadanía. Sus artículos, aquellos análisis lúcidos que firmaba bajo su inolvidable pseudónimo, marcaron el rumbo editorial de nuestra tierra firme. Uranga demostró que un artículo de periódico puede ser un bisturí para diseccionar la realidad y un escudo imbatible frente a la intolerancia. En ambos encontramos la misma constante: la palabra al servicio de la verdad, escrita con el corazón y con la cabeza.
Esa complicidad con el oyente y el lector viene de lejos. Al preparar este acto, no he podido evitar recordar con una sonrisa la tarde de enero de 2008 en la que tuvimos la gran fortuna de contar con él en el Navarra Foro XXI. En aquel momento, Carlos soltó un titular que nos dejó a todos de piedra. Dijo, textualmente: “Dentro de dos años termino en la radio. Me dedicaré a cosas tan nobles como el cultivo de la hortensia”.
Han pasado casi veinte años de aquella "amenaza" de jubilación anticipada. Y miren por dónde, para fortuna de los millones de españoles que madrugan con su programa en la COPE, las hortensias han tenido que esperar. Carlos no solo no se retiró, sino que ha seguido agrandando una de las leyendas más sólidas y necesarias de las ondas y la prensa españolas.
Ya en aquella cita de 2008 definíamos su estilo como “una voz amiga y cómplice”, dotada de una solidez de convicciones que expresa siempre sin aspavientos y con un fino sentido del humor.
La figura de José Javier Uranga es inseparable de la identidad de ‘Diario de Navarra’. Quienes hoy guiamos este proyecto —somos la cuarta y la quinta generación de aquellos— asumimos un mandato histórico que se remonta al 25 de febrero de 1903, cuando en nuestro primer ejemplar dejamos escrito: “Venimos sin preocupaciones ni prejuicios de escuelas ni partidos, con una sed grande de imparcialidad, de verdad y de justicia. No tenemos compromiso con nadie, ni con la derecha ni con la izquierda, ni tenemos por qué escuchar otras voces que las de la conciencia propia”.
Aquellos 56 industriales y profesionales fundadores firmaron un contrato con Navarra. Hoy, más de un siglo después, el Diario actual sigue caminando exactamente por la misma senda. No entendemos nuestra labor como una resistencia ciega contra nadie; estamos plenamente a favor del progreso, de la centralidad y de una gestión colaborativa y constructiva para nuestra tierra y sus instituciones.
Estoy seguro de que José Javier levantaría su crítica más afilada contra aquellos que confunden las cosas de manera interesada. Que no se equivoquen: nuestra firmeza en la posición editorial nunca ha sido, ni será, un obstáculo para una colaboración institucional leal. Creemos profundamente en esa colaboración, pero exigimos que se entienda desde el respeto a nuestra independencia. Colaborar, dialogar y avanzar juntos es perfectamente compatible con el respeto a los valores que nos definen y que siempre hemos defendido.
Aprovecho para agradecer a nuestros periodistas el trabajo que realizan y animarles a que continúen en aquello que nuestros fundadores nos dejaron escrito que debe ser nuestro objetivo: “Defender resueltamente nuestro régimen privativo y procurar orientar a la opinión pública con un criterio recto y elevado, independiente de toda agrupación política”.
Y precisamente ahora se está demostrando que el papel de los medios de comunicación libres, independientes, pero no neutrales, es más necesario que nunca. La mayoría de los escándalos que estamos viendo en estos momentos en los autos judiciales fue destapada por periodistas y medios valientes e independientes. Pero estos medios tienen que ser rentables, y en la era digital, del todo gratis, el desafío es mayúsculo.
Querido Carlos, al recibir hoy este premio por tus más de cuarenta años de impecable trayectoria, por tu liderazgo diario en la COPE, por la brillantez de tus artículos y por representar a la perfección los valores de la curiosidad, el rigor y el humanismo, sumas tu nombre a una herencia de integridad y de libertad.
Y termino agradeciendo de nuevo a José Javier Uranga su extraordinario legado, que sigue siempre guiando nuestros pasos. A ti, Carlos, gracias por el esfuerzo diario, por tu sintonía con esta tierra y por dar tanta dignidad y valentía a esta profesión. Es un orgullo que recibas este premio. Muchísimas gracias de corazón.