Premio José Javier Uranga

Carlos Herrera: "La clave para comunicar es decir 'buenos días' y que te crean que lo son"

Su historia radiofónica empezó en 1977 leyendo guías comerciales y prosigue aún hoy, con más de tres millones de oyentes cada día. Estudió Medicina pero no la ejerció: "Sólo podía ser forense porque ahí ya no se te puede morir nadie, ¿no?"

Carlos Herrera, al lado del micrófono en el estudio central de COPE Sevilla
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Carlos Herrera, al lado del micrófono en el estudio central de COPE SevillaDAVID GARCÍA
Carlos Herrera, al lado del micrófono en el estudio central de COPE Sevilla

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Marcos Sánchez

Publicado el 07/06/2026 a las 05:00

José Javier Uranga definía el periodismo como el “oficio de informar honradamente”. ¿Lo suscribe?

¿Quién no lo puede suscribir? El periodismo es contar las cosas que pasan a la gente que no las sabe y tratar de ser lo más pulido posible en la descripción de los hechos, aunque después en la interpretación de los hechos tú aportes datos de análisis necesarios para que el que quiera pueda interpretarlos a su gusto. Pero con las claves. Sólo la información aséptica, el relato desnudo de los hechos, no nos explica toda la realidad de una noticia. Es decir, una señora cruzaba un paso de cebra y fue atropellada por un coche; bien, pero a mí me interesa saber en qué condiciones iba ese coche, qué hora del día era, si estaba cruzando reglamentariamente esa señora o no, si era un paso de cebra o de peatones, si estaba ebrio el conductor o sobrio, si había testigos directamente del hecho u ocurrió cuando nadie lo supo... Todas esas cosas que pueden tener algo de interpretación son claves para analizar bien el hecho de que una persona ha sido atropellada y ha resultado muerta. Por eso las claves de la noticia son tan importantes como el relato propio de la noticia.

Uranga identificaba la honradez como “comunicar la realidad que uno ve, tal y como la aprecia y según su criterio ético”. Según usted, ¿cuáles son las claves para comunicar?

Si las supiera las vendería en exclusiva, pero imagino que hablar de tal manera que le resultes familiar, cercano, emocional y verosímil a quien le estás contando las cosas. Efectivamente, de la misma manera que hay un estilo a la hora de escribir que adorna cada persona que escribe columnas de opinión o relatos o las historias que cuenta el periodismo, en la radio la forma de hablar, la forma de comunicar, tiene también en el manejo de los silencios y de determinadas expresiones una forma de comunicar. La clave es que tú digas “buenos días” y que te crean que son buenos días.

Entrevista al comunicador con motivo del Premio José Javier Uranga que concede todos los años Fundación Diario de Navarra
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Y si, por algún motivo personal o de otra índole, no son buenos días para usted, ¿necesita un escudo o un caparazón para trasladar lo contrario?

La radio se hace como se es. Cada uno hace la radio como es y hay algunos días que puedes disimular, pero 50 años haciendo radio todos los días no puedes disimular, es imposible. Hay días que hay que hacer tripas corazón, como en todos los trabajos. Todos los días tienen su afán, pero en el nuestro se nos nota mucho porque en los malos días en los que estás torpe, has dormido poco, no has descansado, estás preocupado por algo e incluso estás enfermo, los programas son desastrosos. Tienes que procurar que haya un estándar mínimo de mensaje y de fórmula que permita que no te abandone la audiencia.

Le reconozco que tengo un problema para presentarle en esta entrevista: ¿Carlos Herrera es comunicador, periodista, estrella mediática…?

Desde el momento en el que yo cuento cosas y narro la actualidad, me dedico a la profesión de periodista. Hice la carrera de Medicina, iba a ser un médico regular…

¿Llegó a ejercer?

No, afortunadamente para mis potenciales enfermos. Y lo que he conseguido es ser un periodista regular. Pero sí creo que soy mejor comunicador que periodista, y eso quiere decir que la radio no sólo es el relato de las noticias del día, sino a veces la compañía casi terapéutica que se hace a las personas con asuntos que no tienen que ver con la actualidad. He conocido personas que no son periodistas ni tienen ningún interés en serlo que han hecho de la radio una obra de arte. Esto de que parezca que únicamente el que se tiene por periodista puede hacer un programa de radio es un error absoluto. La radio está por encima del periodismo, lo que pasa que sí es evidente que has de disponer de una formación y una técnica periodística para el relato informativo, que también es un oficio que se aprende, por otra parte. No tiene nada de misterioso, pero si te has formado en ello desde luego que es infinitamente mejor.

Pero lo que dice se separa con una línea muy fina del intrusismo. Hay programas con rostros conocidos de la vida social o el deporte, por ejemplo, ejerciendo de periodistas sin serlo.

No soy particularmente muy partidario de ponerle puertas al campo. El espectáculo necesita de mucho tipo de personas, también de saltimbanquis. O de analistas que no tienen por qué ser periodistas. Esa sensación de que sólo los periodistas son los que podemos estar en la radio y la televisión no me ha convencido nunca. El público sabe diferenciar bien y estoy seguro de que sabrá elegir como corresponde. La soberanía reside en el público.

A usted la radio le cautivó desde niño. ¿Cuáles fueron las voces que le marcaron entonces y posteriormente?

La radio era una compañera de vida, de aventura, era mi universo de imaginación. La voz de ese alguien que había ahí dentro, que me contaba historias, que jugaba con la música, que me hacía compañía, que me contaba cosas del deporte... He encontrado en las grandes voces de la radio a cómplices de mi vida. Luis Arribas Castro, por ejemplo, ha sido una referencia para mí. No era periodista ni nada parecido, pero era un animal de la comunicación capaz, con una sola frase, de removerte el cuerpo entero. La radio barcelonesa, que es donde yo me he criado, es la que más me ha enseñado. Luis del Olmo es evidente, porque es una referencia de la radio en todo el sentido del espectáculo: consiguió juntarlo todo y juntarlo mejor para crear un sello único. Y tantos amigos y maestros que he tenido y con los que he trabajado, Iñaki, Encarna, Alejo, José María García... He estado con todos en la misma redacción y en la misma radio, y a todos les escuchaba antes. Todos me parecían fascinantes. Nadie conoce a Françoise, una locutora francesa de Barcelona que hacía un programa de música en Radio Juventud. Era una delicia. O Isabel Gemio, cuando era Isabel Garbí, que me parecía una locura. Muchas voces, me quedaré a alguien sin nombrar y luego me sabrá mal, pero tipos y tipas que han conseguido hacer una magia especial con el sonido de la radio. Es decir, que de un aparato tan pequeño sea capaz de salir un mundo entero, que se ha construido aquí detrás, no sabemos cómo, pero sale un cable directamente al corazón del que lo escucha. Me parece un hecho extraordinario.

¿En su casa estaban de acuerdo con su afición? Se lo pregunto porque estudió Medicina…

Mi padre, que murió muy joven, era médico y supongo que se daba por hecho que yo tenía que ser médico. Hasta yo también lo daba por hecho y empecé la carrera, que acabé a trancas y barrancas. Por eso te digo que, si alguna vez alguien se pusiera en mis manos, es la mejor garantía de certificar su fallecimiento. Yo sólo podría ser forense porque ahí ya no se te puede morir nadie, ¿no? Pero había algo dentro de mí que me decía si yo algún día tuviera la oportunidad de investigar en la radio, de profundizar todos los esquemas de la radio que llevo en la cabeza… Y esa oportunidad me la dieron en Radio Sevilla cuando yo estaba aquí en Sevilla en el año 77. Empecé leyendo guías comerciales y luego haciendo de traedor, que era básicamente el que traía las cosas en la redacción de Sevilla. Y a partir de ahí, degenerando, degenerando, pues hemos llegado hasta ahora...

¿En qué consiste su receta para estar tantos años en la cima?

Créame, no hay receta. Bueno, sí, trabajar. La lotería a veces toca, pero siempre le toca otro. Las cosas sólo se consiguen con trabajo, constancia e indudablemente algo de suerte. Los otros tienen claves que les distinguen de mí y yo tengo claves que me distinguen de los otros, y tu distinción tiene que gustar. También debes hacer de forma medianamente honrada tu trabajo y, en esto de la radio, hay algo muy importante: le tienes que tener respeto al micrófono. El que le pierda el respeto creyendo que no pasa nada por decir cualquier cosa delante del micrófono, está perdido. Puedes ganarte muchas enemistades. Has de cuidar a los colectivos y a los territorios. No puedes decir cualquier barbaridad sobre alguien, puedes ser crítico políticamente con alguien, pero has de tratar de no generalizar. Cuando yo hacía un programa de copla en la cadena SER, por hacer una gracia un día dije de un cantante muy malo “pues que se vaya a Basauri”. Valiente gilipollez... Claro, me escribió el alcalde de Basauri diciéndome que no sabía qué me habían hecho para que yo les mandara a la gente que canta malamente y que yo debería conocer Basauri para ver que tenían mucho aprecio por el canto en condiciones. Le contesté pidiéndole disculpas y entendí que tenía razón. ¿Qué necesidad tenía de decir eso? Siempre hay alguien que se molesta cuando dices una cosa así, y lo mejor es no molestar. Sí ser severamente crítico cuando haya que serlo, no me caracterizo por no serlo precisamente, pero ser cuidadoso. Por otro lado, para correr bien los 100 metros has de tener dos piernas y veloces. Para dedicarte a la radio y tener éxito has de saber optimizar tus condiciones. Tu voz, tu salud, tu apostura, tu entrega y tu disposición. Eso métalo en una coctelera y a ver qué le sale.

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Más allá de Basauri, ¿se arrepiente especialmente de algo que haya hecho o dicho?

Claro que me arrepiento. Todos los que dicen que no se arrepienten de nada no creo que sean veraces y, segundo, no creo que sean inteligentes. Hay que ser lo suficientemente crítico con uno mismo para darte cuenta de que aquello lo hiciste mal y que, si volviera a ocurrir, no lo harías. Me arrepiento de determinadas cosas que he dicho y decisiones que he tomado, llevado en ocasiones por la prisa, otras veces por el miedo, otras por la urgencia… Muchas cosas no las haría como las hice.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, hacer programas de televisión. La televisión es un medio que me gusta, pero no sé hacer televisión. En televisión dependes de 14; en la radio, de ese que está allí (mira al control) y de yo que estoy aquí. Nada más. Hay programas que no tenía que haber hecho y los hice por un exceso no sé si de vanidad o de ambición desmedida. Arrepentirse no es mesarse los cabellos y romperse la camisa, sino analizar fríamente. Y pensar que, en la misma situación, esa decisión no deberíamos haberla tomado.

¿Ha tenido que pedir perdón a alguien?

Indudablemente, claro que sí.

¿Lo puede contar?

Cuando tenía aquel programa de coplas, utilizaba un lenguaje pretendidamente impactante, como “vamos a inyectarnos una dosis de copla”. En una ocasión, aquí en Sevilla, una señora mayor de pelo blanco y enlutada me dijo: “Yo soy una gran seguidora suya, pero le voy a pedir un favor. No vuelva usted a decir esa frase”. “Bueno señora, es un lenguaje, una fórmula”, le indiqué. Y me respondió: “Pero yo tengo un hijo muerto y otro encarcelado por culpa de las inyecciones”… En ese momento me quedé helado. Le dije que tenía razón y le pedí perdón humildemente. Por supuesto, no lo volví a decir nunca más y lo sigo manteniendo. No utilizo más la supuesta ligereza del idioma porque hay mucha gente que te está escuchando. No puedes decir “parece usted un autista, no está respondiendo”, porque hay muchos padres de hijos con autismo que te están escuchando. Ni “este señor parece esquizofrénico”, ya que hay esquizofrénicos diagnosticados que te escuchan. Son las cosas con las que hay que tener cuidado y, si metes la pata, pedir perdón.

¿Qué entrevista o noticia le ha dejado marcado a lo largo de su trayectoria?

Me marcó mucho la entrevista a la madre del ‘Pescaíto’, Gabriel, el niño de Almería asesinado por Julia Quezada. La entrevisté durante media hora. Me pareció una mujer monumental. Transmitía dolor de una manera tan próxima que era inevitable sentirse conmovido por sus palabras. He entrevistado a un Papa, a presidentes del Gobierno, a premios Nobel, pero al final el dedo en cualquiera de las heridas que todos tenemos en el alma te lo pone alguien que te está contando un drama. Como la madre de Gabriel.

¿HASTA CUÁNDO HERRERA?

A la hora de acceder a información, las referencias entre los jóvenes son ahora WhatsApp, las redes sociales, YouTube, los ‘influencers’… ¿Cómo podemos acercarles a la radio y al periódico?

La televisión es el medio que está más afectado por aquellos que se informan a través de redes sociales. Aquí hay una vieja disputa entre teóricos de la información: los que dicen que el aumento de fuentes de información proporciona a la gente acceso a más información y los que dicen que luz más luz puede dar oscuridad. Es decir, que información más información puede dar desinformación. Hay una pelea en la que no sé exactamente bien dónde situarme. Sin embargo, la radio y parte de la prensa de papel también, ahora en digital, conservan la joya fundamental que es cierta veracidad o la sensación de que se está transmitiendo información veraz. Podemos equivocarnos, podemos exagerar, podemos hacer un análisis inadecuado, pero hasta de todo eso podemos corregir. El médico que se equivoca en la dosis de un tratamiento y el cirujano que corta el cable que no es se pueden llevar la vida de una persona por delante. Cuando nosotros nos equivocamos y damos una información que no se corresponde con la realidad, podemos rectificar. Y no debemos tener miedo a rectificar; yo, de hecho, lo hago constantemente. Muchas veces digo “la información que les di ayer era incompleta” o “estaba yo mal informado”. No te ha costado ninguna vida. A lo mejor sí el prestigio de alguien durante unas horas, el cabreo de alguien, una cierta inestabilidad en algunos ámbitos, pero bueno, nada que no sea subsanable. Esa es la ventaja del periodismo. Pero para eso hay que tener responsabilidad. Julio Cerón Ayuso decía que al final la verdad siempre resplandece, pero cuando ya se ha ido todo el mundo. Lo que hay que intentar es que la veracidad resplandezca cuando todavía queda gente en la sala.

En las últimas semanas se ha conocido que, por distintos motivos, usted se queda sin dos grandes rivales en las ondas: Àngels Barceló, que dejará la SER, y Carlos Alsina, que sale del tramo horario más madrugador de Onda Cero.

Soy muy respetuoso con las decisiones de empresas que no son la mía, incluso con las de la mía, y con las decisiones personales que toman compañeros de profesión, independientemente de que me afecten o no de alguna manera. La decisión de Barceló nace de una desavenencia empresarial. Yo también he tenido desavenencias empresariales que me han costado, a veces, tener que salir de algún lugar. Y Alsina deja la primera trinchera pero se pasa a la segunda, que es tan importante, porque de las 10.00 a las 12.30 o las 13.00 hay que acompañar a las personas, entretenerlas y seguir informándolas. El producto es algo diferente sigue siendo un esfuerzo notable, aunque no te obliga a estar en la tensión informativa de todos los días y madrugar a las dos o las tres. Pero me parece muy valiente por parte de Alsina que él haya dicho “me he gastado”, que ha dado todo su apetito. De todas formas, Alsina es joven, más que yo, y creo que no va a dejar la radio tan fácilmente.

¿Herrera sigue teniendo apetito? ¿Cuándo prevé colgar el micro?

Creo que el micrófono, del todo, no lo voy a colgar nunca. Hombre, en la alineación titular pues no estaré dentro de… Si Dios me da salud, espero que sí, mientras yo sea útil y me vea con condiciones iré adelgazando mi presencia hasta dejarla en un mínimo, algo que no sé cuándo va a ser. A lo mejor mi propia empresa me dice el año que viene “ya está bien, muchas gracias; ahora si quieres haz un programa de música a la semana de una hora y pones a los Doobie Brothers, que te gustan mucho”. A mí la estrategia de Simeone de partido a partido me gusta.

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