Premio José Javier Uranga
Carlos Herrera: "Lo bueno de los bares navarros es que, pares en el que pares, hay algo"
El popular comunicador mantiene un fuerte vínculo con Navarra gracias a la familia de su exmujer, la estellesa Mariló Montero. Tienen dos hijos: Alberto Herrera, periodista, y Rocío Crusset, modelo


Publicado el 07/06/2026 a las 05:00
Ir ampliando el plano como con los mapas de Google Earth. Lo recomienda Carlos Herrera para descubrir el sitio del que no puede alejarse, al igual que un pez se ahoga fuera del agua. “Mi origen es almeriense y barcelonés, pero suelo decir: yo soy español, soy un español de Andalucía y, ya si particularizamos, mi lugar en el mundo está en Sevilla. Y si ya concretamos más, en el barrio del Arenal. Y si ya concretamos más, digo tres o cuatro bares”.
El pasado año, compañeros suyos de profesión y de vida hablaron muy bien de usted en un programa de TVE. Le llamaron genio, aunque también que todo le sale bien porque “tiene una flor en el culo” y que es un “golfo”.
¡Son muy amables!
¿También con lo de golfo?
No, a ver, golfo... Lo que seguramente querían decir es que a mí me gusta disfrutar de la vida. No soy un hombre de grandes caprichos, pero sí me gustan las tradiciones de mi tierra, que es ésta. Disfrutarlas, vivirlas intensamente, y me gustan muchas cosas de otras tierras que también son mías. La navarra, por ejemplo, a la que pertenece buena parte de mi vida y desde luego la mitad de la vida de mis hijos, porque su madre (Mariló Montero) es de Estella. Es una tierra que llevo en el corazón. ¡Pero a ver si al final el único que va a los Sanfermines soy yo o a ver si el único que no se pierde un paso de Semana Santa en Sevilla soy yo! Lo hacemos muchos, lo que pasa es que algunos cargamos con la fama.
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¿Qué supone para usted Navarra sentimentalmente?
Mis hijos son muy andaluces porque nacieron en Andalucía y han crecido aquí y la familia de su padre son todos muy andaluces, pero la parte navarra ha sido muy importante porque ellos han adorado a sus abuelos, que eran unas personas maravillosas, a sus tíos, a sus primos, a Estella y a sus fiestas, a las que tanto han ido. Imitan muy bien el acento navarro de su madre, con mucha gracia. Humanamente, cómo no vas a estar cerca de la gente que te ha hecho feliz. La familia de Mariló me ha hecho y me sigue haciendo muy feliz. Siempre los llevo en mi corazón.


¿Cuál es en Navarra su rincón predilecto del Camino de Santiago?
¡Ah, amigo! La entrada, si vas por Valcarlos o por donde vayas a Roncesvalles, es dura; y la bajada de Roncesvalles hasta Zubiri es peliaguda para las rodillas. Me gusta pasar por Larrasoaña; me gusta mucho llegar a Pamplona; lógicamente también El Perdón, que es notablemente importante; el camino de Lorca a Cirauqui; llegar a Estella; de Estella a Los Arcos, es muy hermoso, y la etapa de Los Arcos a Viana es deliciosa, maravillosa. Me gusta mucho pararme en las poblaciones, en las construcciones, en las bodegas, en los bares... Yo no viviría en otro país que fuera España porque en otros países no hay bares. Lo que hay son restaurantes para sentarte a comer o cenar, pero no un bar para tomarte el almuercico a media mañana o un cafelico, o a media tarde que te pongan una pincelada… Eso no lo hay nada más que aquí. Y los bares que hay en Navarra son muy buenos.
¿Su verdura navarra por excelencia?
Me gusta mucho el espárrago navarro. Mi buen amigo Miguel me surte. Pero bueno, una menestra de verduras navarra, te la tomes donde te la tomes y hablan mucho de la de Tudela, te reconcilia con la vida.
¿Un bar y un restaurante a los que siempre acuda Carlos Herrera cuando está en nuestra Comunidad?
¿Puedo decirle tres o cuatro restaurantes? Me gusta mucho ir a comer al Europa, también mucho el Bidea 2 de mi amigo Gregorio y el Alhambra. ¿Bares? Es que me gustan tanto que no sé ya por dónde... El Richard en Estella, por ejemplo, es maravilloso. Y de todo el Camino de Santiago me paro en tantos que ya no sé qué decir… Lo bueno de los bares navarros es que, pares donde pares, hay algo: aunque sea una chistorra recién hecha, un poco de tortilla, tres chuletitas pequeñas, un bocadillo longitudinalmente inacabable de lo que sea… En todos los bares. En Pamplona me gustan muchos. El Gaucho siempre porque, claro, además estás al lado del Europa y llegas en un momento. Pero todas las calles adyacentes a la Plaza del Castillo tienen auténticos monumentos maravillosos. Seguramente no me estoy acordando de alguno y algún amigo me llamará y me dirá “cabrón, no has hablado de mi bar, que te pasas aquí horas y horas”. Y tendrá razón.
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¿Va a estar en los próximos Sanfermines?
Creo que no. Estuve en los pasados y alterno un año sí y un año no. Pero si se alinean los planetas de nuevo, igual me dejo caer...
¿Cuál es el plan perfecto para Herrera un día en San Fermín?
Levantarme a ver el encierro, si puede ser desde el balcón del Hotel Europa. Ahí Juan Mari (Idoate) de vez en cuando me echa una mano. Después del encierro atusarme, irme a un almuerzo a alguna sociedad, a Napardi por ejemplo, e ir a comer a cualquiera de los restaurantes que he dicho antes. Después de comer, lógicamente tomar unas copas por la zona e ir a los toros. Hay que llevar algo de merienda porque, si va a merendar todo el mundo y te vas a quedar con cara de tonto, pues tampoco es eso. Y después, por la noche, ir a cenar al Alhambra, si queda hambre. Éste puede ser un plan agradable.


¿Y tras la cena se va ya a dormir?
Hombre… Igual cae algún cacharro con mi cuñado Salvador, que se conoce debidamente todos los garitos de Pamplona, y ahí vamos.
Ha hablado de los toros. ¿Los ve en peligro frente a la sensibilidad animalista?
El que quiera que proponga que retiren los Toros de San Fermín. ¿Me quiere usted conseguir un abono para Las Ventas o para La Maestranza para esta temporada? O sáqueme dos entradas para los toros en Aranjuez este fin de semana. O pregúnteselo a todos los que van a la Plaza de Toros de Pamplona todos los días, por la mañana en el encierro y por la tarde en la corrida. Si tiene que morir la fiesta de los toros, tiene que ser por falta de afición pero no porque nadie la prohíba. Si es por falta de afición, han muerto tantas cosas en el mundo... Pero mientras haya afición, gente que esté dispuesta a verlo, ganaderos que estén dispuestos a criar toros y toreros que estén dispuestos a torearlos, ¿quién va a impedirlo? ¿El ministro Urtasun?
Para la feria de San Fermín de este año figuran de nuevo Roca Rey, dos días, y Morante de la Puebla. ¿Qué siente usted al ver torear a Morante?
Morante es un artista contemporáneo que hunde sus raíces en el clasicismo. Eso es una contradicción aparente, pero también Picasso y Dalí lo eran. Dalí hundía sus raíces en las enseñanzas de Velázquez, sin embargo fue un artista contemporáneo único, incomparable. Y Picasso, tres cuartos de lo mismo. A Morante le ocurre algo parecido. Es un genio creativo, pero que bebe de las fuentes de la historia del toreo. Hay faenas suyas que son un compendio de los últimos cien años de la tauromaquia: la silla con la banderilla, el tipo de montera, el capotazo a una mano, gestos, maneras de torear. Su canal de aprovechamiento de los toros es más estrecho que el de los demás. Por ejemplo, al Juli le servía cualquier toro, era un torero de un poder absoluto, y a la escuela de Morante no le sirve cualquier toro. Desde luego el que le sirve, y si él se encuentra… He visto últimas tardes en Jerez, en Sevilla este año, en Madrid el año pasado cuando terminó la temporada, de éxtasis colectivo. Y creo que, a diferencia de Curro Romero, que decía que donde había tambores no toreaba y no le interesaba nada ir a Pamplona y esas cosas, con gente sentada de culo comiendo magras y pumba-pumba-pumba, Morante consigue aislarse de todo eso. El público de Pamplona puede estar tocando el tambor y tirando cosas pero, cuando hay un torero que funciona, se vuelca y se entrega. Ojalá sea un éxito.