Agroalimentación

Los fármacos para adelgazar abren un nuevo mercado a la industria alimentaria

El CNTA trabaja en formular alimentos más saciantes para quienes no utilizan Ozempic o similares y en otros alimentos ricos en proteína para quienes emplean las inyecciones para perder peso

La responsable de I+D+ì y Desarrollo de Producto de CNTA, Leyre Urtasun del Castillo
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La responsable de I+D+ì y Desarrollo de Producto de CNTA, Leyre Urtasun del Castillo

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M. Carmen Garde

Publicado el 23/05/2026 a las 16:37

Abordar la obesidad resulta un problema de primer orden de salud pública (enfermedades crónicas, impacto en el sistema sanitario...) Hasta no hace mucho, los profesionales ofrecían a los pacientes solamente comer menos (dieta) y moverse más (ejercicio) para adelgazar. Pero reducir la ingesta de comida no es cuestión de tener mayor o menor fuerza de voluntad. “El apetito, la sensación de saciedad, el metabolismo y la gestión de la grasa... Todo lo relacionado con la obesidad está regulado por complejos sistemas neuroendocrinos, hormonales, metabólicos y psicológicos”, afirma Leyre Urtasun del Castillo, responsable del Departamento de I+D+i y de Desarrollo de Producto del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA). 

Leyre Urtasun subraya que un estilo de vida saludable “debe ser siempre” el primer eslabón terapéutico en el tratamiento de la obesidad. Ahora bien, cuando concurren circunstancias complejas que exigen pasar a un segundo peldaño, Urtasun cuenta que los expertos están recurriendo en los últimos años a los llamados fármacos GLP-1, muy populares algunos como Ozempic y Mounjaro

UN MERCADO CON UN CRECIMIENTO ANUAL DEL 30%

Estos medicamentos, en palabras sencillas, imitan las hormonas naturales que el cuerpo humano produce en el intestino después de comer. “Una hormona es el GLP-1, es la que manda señales de saciedad al cerebro, al páncreas, al estómago y al intestino. Y, en consecuencia, esa persona deja de comer”, expone.

Estos fármacos imitadores se denominan “agonistas” de la GLP-1. Su uso estaba circunscrito a pacientes con diabetes tipo II porque ayudan a controlar la glucosa en sangre y se sabía que, entre sus efectos secundarios, provocaba pérdida de peso. Es en este efecto colateral adelgazante en el que el mundo de la obesidad ha puesto el foco en los últimos tres o cuatro años. “Estos medicamentos no están pensados para quien necesita perder 5 kilos, sino para quien necesita perder 30 kilos o más. No es un atajo y deben usarse siempre con control médico porque se sabe que puede dar diarreas, nauseas, incluso pancreatitis y temas graves”, subraya. 

El ‘boom’ de los fármacos que, de forma exógena, imitan la sensación de saciedad de la GLP-1 no ha tocado techo. En Estados Unidos se estima que el 6% de la población emplea estos fármacos y se prevé que en 2035 llegue al 35% de la población, unos 55 millones de pacientes. En España, en 2026 se calcula que cerca de 500.000 usuarios utilizan agonistas del GLP-1 y, según Urtasun, “el mercado crece a una tasa aproximada del 30% anual, con una facturación superior a 430 millones”. Según sus datos, en 2027 casi un millón de españoles se tratarían con esta medicación, tanto con finalidad diabética como adelganzante. 

UNA BAJADA DEL GASTO EN COMPRAR COMIDA DEL  5 AL 11% 

La expansión de estos tratamientos ha empezado a transformar el consumo alimentario y, como consecuencia, a impactar en la industria agroalimentaria. Urtasun destaca que las personas que se inyectan estos fármacos comen menos y, por tanto, dedican menos dinero a comer. “Las estimaciones apuntan a reducciones de entre el 5% y el 11% en la cesta de la compra de estos consumidores, especialmente en categorías como snacks y dulces, bebidas, panadería, bollería, alcohol, comida rápida y lácteos, entre otros”, indica. 

Este escenario, para la industria alimentaria, es una amenaza, pero también una oportunidad. Urtasun habla de tres frentes, según el tipo de paciente.

PACIENTES CON OBESIDAD QUE NO SE MEDICAN

Hay personas con obesidad que no se medican bien porque no cumplen los criterios médicos, porque no pueden permitírselo (no se recetan y su gasto supone entre 200 y 400 euros mensuales) o porque, simplemente, rechazan tomar esos fármacos. 

La respuesta de la industria alimentaria consiste en buscar ingredientes que sacien más: pueden ser fibras, proteínas... “Esto ya se lleva tiempo haciendo, pero hay mucho margen de mejora porque a veces estos productos, sensorialmente, no son muy agradables”, comenta Urtasun. 

Al tiempo, se explora una vía más innovadora: la búsqueda de ingredientes que estimulen o favorezcan la producción de GLP-1. “Estamos mirando la curcumina. También con el ácido elágico, la berberina y el hibisco, entre otros, detalla. Este trabajo se enmarca en el proyecto llamado ‘NutriGLP-1’ que lleva a cabo CNTA con Acción Social de Caja Rural de Navarra. 

“El cambio de paradigma es que normalmente la industria a la hora de formular productos siempre ha buscado, sobre todo, lo básico: el sabor, lo saludable..., pero quizás nunca desde el punto de vista de la investigación se había detenido tanto en la capacidad saciante de los ingredientes”, dice. 

MINI BOCADOS PERO CON DENSIDAD PROTEICA  

 Para las personas que se medican se buscan otras soluciones. Son consumidores que comen menos y que, como efectos secundarios, corren el riesgo de perder proteínas, minerales y vitaminas. Además, cambia su percepción de los sabores. “Todo les sabe muy grasiento, dulce y buscan sabores más suaves”, apunta. 

Esto abre una nueva oportunidad de mercado a la industria alimentaria: desarrollar alimentos de pequeño volumen pero muy concentrados nutricionalmente. Es decir, mini bocados con mayor densidad proteica, enriquecidos con vitaminas y con perfil postbiótico. “Grandes compañías ya están reaccionado y sacando productos específicos para estos consumidores al mercado, como Nestlé o Danone. Incluso, cadenas populares de comida rápida están reformulando sus productos para adaptarse a esta nueva demanda”, indica la experta. Añade que se están creando empresas únicamente para estos productos, a los que ya se ha bautizado como ‘GLP-1 Friendly Foods’ (alimentos amigos de GLP-1). 

CNTA trabaja también en el proyecto ‘Plenty Food’, financiado por el Gobierno de Navarra, centrado en desarrollar alimentos para personas con obesidad o desnutrición. “Hemos hecho unas barritas, unos yogures, unas galletas que aportan mucho valor nutricional en poco volumen y sensoriamente agradables. Son desarrollos que están en fase de laboratorio y que pueden estar enfocados a estos pacientes, pero también a personas con disfagias”. 

EVITAR EL EFECTO REBOTE AL DEJAR EL FÁRMACO

 La tercera línea de trabajo se enfoca en pacientes que están en fase de dejar el fármaco. “Aquí puede haber problemas, porque dejas de administrarte el GLP-1 de forma extrínseca, sientes más hambre y, además, ansiedad”. La experta explica que evitar el efecto rebote es “otra oportunidad” para la industria alimentaria. “Hay que diseñar alimentos saciantes y que calmen esa ansiedad”. La responsable de Desarrollo de Producto de CNTA reconoce que esta línea todavía está en una fase inicial. “Es un área más nueva, más novedosa, en la que estamos dando los primeros pasos y, como siempre, buscando soluciones para acompañar a las empresas”.

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