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Historias de toda una vida: "La experiencia en la residencia la llevo muy bien, he cambiado mucho"
Cuatro usuarios de la residencia tudelana de Nuestra Señora de Gracia conversan sobre su pasado, hablan de sus respectivas rutinas en el centro y analizan su actitud a la hora de adaptarse a un mundo en constante transformación


Actualizado el 18/05/2026 a las 15:40
L os protagonistas de esta historia suman 344 años entre los cuatro. Con vidas marcadas por similitudes y diferencias, el destino ha querido que la residencia Nuestra Señora de Gracia de Tudela sea el lugar donde hoy comparten su día a día, sus recuerdos y nuevas experiencias.
“Detrás de cada residente hay una historia de vida. Son conmovedoras. No son solo personas mayores, sino personas con gustos, biografías e intereses diferentes. Nuestro reto es acompañarlas desde esas historias”, explica Begoña Moreno Valencia, directora del centro, que cuenta con 81 residentes permanentes, 11 usuarios del centro de día y 10 participantes en programas de terapia y gimnasia.


Moreno destaca además el papel “fundamental” de las familias en el cuidado de los residentes. “Ofrecemos servicios y acompañamiento; planificamos actividades diversas y adaptadas a los distintos gustos y necesidades, pero la familia sigue formando parte de ese proyecto de vida pese al envejecimiento y es un pilar esencial”, señala.
Lo hace en una sala junto a Jesús, Guadalupe, Loren y Sol, que esperan para compartir sus historias mientras observan, desde la ventana, la plaza de la Constitución. Ellos, que comparten techo con usuarios de entre 70 y 106 años, repasan su pasado, hablan de sus rutinas y reflexionan sobre su adaptación a un mundo en constante cambio, muy distinto al de las raíces que marcaron sus vidas.


LOREN URZAIZ PAZ: "LLEVO CINCO AÑOS EN LA RESIDENCIA"
“En una galera traje a mis hijos mayores y en un Citroën que tenía mi marido vinimos los pequeños y yo”. Así llego Loren Urzaiz Paz desde Cabanillas a Tudela. Ahora tiene 94 años y vive desde hace cinco en la residencia Nuestra Señora de Gracia. El mismo edificio que también fue hospital y en el que dio a luz, por lo menos, a siete de sus catorce hijos.
“Cuando se murió mi marido no les quise decir nada a mis hijos porque me iban a decir que no, pero ya tenía todas las bolsas preparadas”, cuenta Urzaiz sobre su llegada a la residencia. “Les dije que si no me ayudaban a pasar las cosas, me las pasaría yo. Volvieron y me ayudaron a traer todo”, recuerda.
De los diez hijos que mantiene, todos están en Tudela menos uno que vive en Madrid. “Me acuerdo que la comadrona María Pilar Duro, que era de Tudela, me preguntó que a ver de donde iba a sacar el dinero para mantener a todos mis hijos en Cabanillas. Me contó que vendían un edificio en Tudela, eran cuatro robadas de tierra y podría hacerme una bajera para las cosas del campo y un piso arriba para vivir”, rebobina. Tanto ella como su marido no dudaron en comprar el terreno, pero al iniciar la obra se enteraron de que tendrían que levantar seis plantas. “Nos derrumbamos”, relata. Entonces encontraron la mejor alternativa, comprar dos pisos en los que criarían a todos sus hijos sin problema de espacio.
Si algo valora ahora de su nuevo hogar es la cantidad de actividades a las que puede apuntarse. Gimnasia, baile, concursos... “El año pasado hicimos un concurso de Masterchef Residencias y ganó mi equipo. Pero este año ha sido más soso que soso, una residencia no se presentó. En cuanto baje les voy a preguntar a ver por qué”. La vitalidad que desprende Urzaiz refleja la vida tan activa que ha llevado, dedicada al cuidado de sus hijos mientras su marido trabajaba en el campo.
“A mi eso del móvil no me va, no entiendo nada, me ha venido lejos”, confiesa, aunque no le supone un gran problema, ya que su nuera va todos los días a verle y mantiene actualizada al resto de la familia.
GUADALUPE URZAIZ MERINO: "VENGO A LAS DIEZ Y ME VOY A LAS CINCO"
Entre las opciones que ofrece la residencia Nuestra Señora de Gracias está la de acudir durante el día pero dormir en casa, el programa elegido durante los dos últimos años por Guadalupe Urzaiz Merino, de 79 años, que come en el centro y participa en las actividades que ofrece, pero mantiene su hogar y duerme en él. “Yo vengo a las diez y me voy a las cinco”, cuenta la que fue ayudante de la matrona en el mismo lugar cuando era hospital. Ahora recorre sus pasillos desde otra perspectiva, aunque si alguien acumula recuerdos en ellos, es ella. Que además de ayudar a nacer a infinidad de niños de los pueblos de alrededor, forjó una bonita amistad con la que era su compañera.
“Cuando cerraron el hospital y lo hicieron residencia me fui a trabajar a la Piher Nacesa de Tudela. Me pusieron en el turno de noche, estaba embarazada y por poco tengo un aborto, entonces dejé de trabajar. Antes iba mi hijo”, recuerda de su vida en Tudela. Llegó de joven desde un pequeño pueblo de Mélida y gracias a la ayuda de su compañera y amiga, la matrona, pudo comprar el piso en el que sigue viviendo. Aunque pasa la mayor parte del día en la residencia, vuelve a él para dormir y disfrutar de su mayor afición, la cocina, elaborando recetas que después comparte con sus compañeros y con los trabajadores en la residencia.
“A mi lo que más me gusta es el trato que nos dan, no pagamos ni lo que comemos”, reconoce Urzaiz. Aunque también confiesa que prefiere no asistir a las actividades de baile debido a que un problema de rodilla le impide participar en ellas. “Prefiero no ir a verles porque sufro mucho de no poder bailar”, cuenta.
JESÚS SESMA PÉREZ: "ESTOY AQUÍ JUNTO A MI MUJER"
La vida de Jesús Sesma Pérez avanza tranquila entre la residencia y su huerto ubicado en el paraje de Arquetas, adonde, a sus 91 años, acude todos los días caminando para cuidar el cultivo y recoger productos que después reparte entre su familia. Especialmente entre su hijo pequeño, que es quien le ayuda sobre el terreno. “Aquí no me hace falta nada. Allí tenemos cebollas, habas, guisantes, tomates, alubias...”, enumera.
Habla de las verduras, pero no se olvida de otro de los motivos por los que acude a diario. “Voy todas las mañanas porque tengo un gato tremendo y hay que darle de comer”, dice entre risas, dibujando con los brazos el tamaño del animal.
El presente de Sesma es el relatado, aunque sus recuerdos le llevan hasta la azucarera, empresa en la que trabajó durante 22 años hasta su cierre. “Luego pasé a la SKF hasta que me jubilé. Después de trabajar me iba a un taller a meter horas”, comenta sobre una trayectoria laboral forjada entre la fuerza del operario y la sensibilidad de un músico. “He sido músico durante 70 años en la banda municipal. Tocaba el bombardino”, explica mientras describe este instrumento de metal que tanto añora.
“Lo toqué desde crío hasta hace unos años. Es una tuba pequeña y destaca mucho en la banda. Dejarlo fue lo que más me dolió, pero mi mujer estaba harta de que le dedicara tanto tiempo y dije: ‘Hasta aquí hemos llegado’”, reconoce.
Ahora, a Jesús Sesma le gustaría volver a bailar junto a su mujer, de 88 años, aunque el estado físico de ella ya no se lo permite. Lo cuenta emocionado al hablar de la persona con la que ha compartido toda una vida y con la que se casó cuando él tenía 24 años y ella, 21. “Tenemos dos hijos, uno tiene 65 y el otro 61”, informa. Sobre su periplo en la residencia de la Milagrosa, Sesma explica que primero entró su mujer. “Entró ella, pero yo me quedé solo en casa y dije, ¿qué hago aquí?”, recuerda. “Me apunté y me llamaron. Ahora estamos los dos. Ella no está bien del todo y yo le ayudo y estoy con ella todo el día”, añade.
Del centro, este usuario destaca el cuidado que le ofrecen las trabajadoras de forma constante y la comida.
SOL PÉREZ SOLA: "YO SOY MUY ACTIVA"
Sol Pérez Sola cumplirá el próximo 21 de julio un año en la residencia. Tiene 80 años y es natural de Cabanillas, donde vivió hasta que con el fallecimiento de su marido decidió seguir con su vida en la capital ribera. “Al no tener hijos y fallecer mi marido vine a Tudela”, dice sentada al lado de Loren Urzaiz, también de Cabanillas. “No echo de menos mi pueblo porque no tengo familiares allí y mi vida está aquí. Estoy muy llena en Tudela y prefiero vivir aquí”, comenta de forma sincera aportando contexto de su situación personal.
Una de las curiosidades de Sol Pérez es que trabajó durante unos años en una residencia como cuidadora. “Tengo experiencia, se lo que es y comprendo muchas cosas”, indica refiriéndose a la labor de las trabajadoras que le cuidan a ella y a sus compañeras a diario. En otra etapa de su vida laboral, ella ayudó a su marido, que era contable.
“La experiencia en la residencia la llevo muy bien, he cambiado mucho desde que estoy aquí. Antes estaba sola y ahora hago actividades. Estoy activa”, reconoce sobre ese cambio experimentado desde su entrada en el centro.
Parte de esa evolución la achaca a las numerosas actividades que organizan desde la residencia. “Hay muchas y nos juntamos entre todos”, informa describiendo excursiones recientes. “Fuimos de excursión el otro día al Cristo y pronto vamos a ir a Santa Quiteria”, dice esta mujer que se considera “muy activa”. “Me gusta andar, hacemos ejercicios de memoria y también pintamos”, habla también sobre otro tipo de tareas no tan ligadas al plano físico.
Aunque ahora se encuentre bien, Sol no se olvida de la etapa anterior a su llegada a la residencia. “Al morirse mi marido, yo estaba sola sin hijos. También tenía un problema de rodilla y no podía andar”, lamenta reconociendo que pasó un año “malísimo”. “Aquí me cambió todo y estoy cada día más contenta. Estoy aquí mucho mejor que en casa”, sentencia diciendo que también tiene contacto a través de grupos de WhatsApp con algunos familiares y amigas. Entre recuerdos, pérdidas, música, huertos, bailes y excursiones, los cuatro demuestran que envejecer significa seguir viviendo con toda la experiencia adquirida a lo largo de décadas y el saber adaptarse.