Salud mental
Ana Asensio, psicóloga: "El 90% de tu felicidad y salud depende de quiénes te rodean"
Que el cerebro necesita abrazos no es una metáfora sino neurociencia. Sobre la importancia de los vínculos con otros y cómo repercuten en nuestra vida hablará el miércoles 13 de mayo esta experta en Pamplona durante la presentación de su último libro 'El cerebro necesita abrazos'. La cita, en Diario de Navarra, a las 19 horas


Publicado el 11/05/2026 a las 19:00
Que el cerebro necesita abrazos no es una metáfora bonita. Sino neurociencia. La Universidad de Harvard (Estados Unidos) lleva 82 años investigando qué nos hace felices a los humanos. Y ha descubierto que no se trata del dinero, el éxito ni de viajar alrededor del mundo. Lo que nos convierte en personas felices o desdichadas no es otra cosa que la calidad de los vínculos que mantenemos con las personas que nos rodean (nuestra familia, pareja, amigos, compañeros de trabajo...)
Sobre esta misma premisa ha reflexionado Ana Asensio (Águilas, Murcia, 1978) en su último libro, El cerebro necesita abrazos (Roca Editorial). Psicóloga sanitaria, psicoterapeuta y doctora en neurociencia, hablará del amor, el dolor, la soledad, la intuición o el estrés crónico. Y lo hará mañana miércoles en Pamplona durante la presentación de este título. La cita será en la biblioteca de Diario de Navarra (Zapatería, 49) a las 19 horas. La entrada es gratuita previa inscripción en Mundo DN.
Comienza su libro asegurando que el mundo está lleno de personas que se aman o se odian...
Es que el amor y el dolor son las dos caras de la misma moneda. Pero no puedes amar si no sabes que te va a doler. Y cuanto más quieres a alguien mayor es el dolor (cuando hay una pérdida, le pasa algo a tus hijos, alguien te decepciona...) Otra situación muy distinta es que nos resistamos a ese dolor. Que queramos cambiar a una persona, que no nos atrevemos a soltar... Porque eso mata. En sentido literal. ¿A qué se refiere? A que no nos enseñan a separarnos (de una pareja, una amistad, un trabajo...) Tenemos tanto apego a las relaciones por el miedo a la soledad, a no encontrar otra persona. Porque no nos han enseñado a asumir el dolor, preferimos elegir una mala relación antes que estar solos. Pero deberíamos saber que, a veces, el fin tiene que llegar, aunque nos dé tremendo pánico. Y tendríamos que separarnos con paz, aunque sintamos dolor. Te tienes que decir a ti mismo: “Esta relación ya no es para mí por lo que sea”.
Por eso, insiste en la importancia de los vínculos con los demás.
¡Claro! Porque el 90% de tu felicidad, salud física y mental y hasta de tu longevidad dependen de quiénes te rodean. Hay relaciones que te nutren y otras que te matan porque no te dejan ser tú misma y porque vas a sufrir.
¿Cómo podemos saber si una relación, del tipo que sea, con otra personas es sana?
Cuando puedas compartir sin sentirte juzgado. Aunque eso no quiere decir que no haya conflictos porque las relaciones no son perfectas. Al contrario, si quieres cambiar al otro, si te victimizas, te estás sometiendo a un estrés crónico que te va a hacer daño.
Asegura que el incremento de los niveles de cortisol (hormona del estrés) nos provoca enfermedades de todo tipo...
Es neurociencia. Si tu cerebro se llena de cortisol, se tensa el nervio vago, las células se oxidan y aparecen enfermedades. Puedes tener alergias, el sistema inmunitario se debilita, sufrir de insomnio, contracturas y hasta cáncer, fibromialgia o dolores crónicos. Por eso, hay que prevenir para que no ocurra. Tienes que elegir qué recibes y qué das. Optar por personas más o menos aptas para ti va a condicionar mucho tu cerebro. La buena noticia es que siempre estás a tiempo para repararlo.
¿Qué ocurre con la soledad?
No debemos pensar que la soledad no deseada afecta solo a las personas mayores. También lo hace a las madres en el periodo postparto, a los adolescentes, a las personas que viven en pareja y se sienten solas... Esta soledad aumenta la muerte prematura y mata más que el tabaquismo, el sedentarismo o la obesidad. Y es la antesala de la depresión.
Subraya que no somos responsables de lo que nos ha ocurrido pero sí de lo que hacemos con ello
Aunque nos haya tocado una madre o un padre tóxico, aunque hayamos sufrido bullying o un duelo, podemos sobreponernos. Salvo situaciones muy negligentes o graves (como abusos), no soy partidaria de romper con la familia, por las consecuencias que he visto en mi consulta. Como nuestro cerebro es plástico, siempre podemos moldearnos al tener relaciones bonitas. ¡Me parece que es un canto a la esperanza increíble! A veces no lo sabemos pero nuestro cuerpo nos manda señales.
"EL SARCASMO DUELE COMO UNA FRACTURA"
¿Qué nos dice la intuición para saber si es o mejor salimos?
Si te sientes en calma o seguro, estarás acertando. A no ser que caigas en manos de un depredador (pero no suelen ser muy numerosos, alrededor del 3% de la población). El cuerpo sabe si la otra persona es compatible con él por su lenguaje no verbal (nos dice si el sistema inmune es compatible) y las neuronas en espejo (un wifi que nos recarga de energía). ¿Lo demás? Hay que dejarlo en cuarentena. A veces, te activas porque estás en un estado de enamoramiento, de atontamiento (bajo los efectos de la dopamina y la oxitocina). Pero igual que sube la droga del enamoramiento, baja. Mucha gente no aguanta el tirón y se separa. El cuerpo lo sabe antes que la cabeza. Puede que estés incómodo, aunque tu cabeza lo esté justificando.
La comunicación también nos da pistas sobre ese vínculo...
Si la otra persona te deja de hablar sin darte una explicación, te desprecia o se dirige a ti con sarcasmo, activa las mismas áreas de dolor en tu cerebro que si te hubieras fracturado una pierna y le pegaras golpes. Vas a sentir dolor de cabeza, angustia, ansiedad. Por eso, la gente tiende a buscar vías de escape. A veces, no son legales, como las drogas. Lo ideal es buscar la salid en personas amigas, en el trabajo...
Precisamente, las relaciones que mantenemos en el trabajo nos pueden hacer muy felices o al contrario, "quemarnos"...
Yo digo siempre que el trabajo es el 'cole' de los adultos. Pasamos ahí un mínimo de ocho horas, la mitad de nuestra vida (porque otras ocho horas estamos durmiendo). El trabajo es un lugar en el que debemos ser conscientes en el trato. Si no, provocaremos mucho estrés, frustración, ira... Es mucho mejor que la gente esté a gusto en el trabajo aunque la producción sea menor. Es clave tener un sentimiento de pertenencia. ¡Cuánta energía se pierde en las luchas de poder! No hiramos con el hacha o la catana. No descarguemos nuestra ira.
EL PERDÓN Y LOS PREMIOS
Fruto de los vínculos surgen los conflictos y muchas veces se precisa el perdón...
El más importante es el 'autoperdón'. Perdonarse a uno mismo resulta súper sano. No perdonarse, sin embargo, enferma mucho. Igual que el rencor, que resulta muy dañino. Lo mismo ocurre con la culpa, que precisa la terapia de la compasión. Hay que pensar: "Hice lo que pude con las herramientas que tuve". ¡Date un abrazo! Por lo general, la gente que se siente culpable no es a la que le dan igual las personas. Todos erramos en la vida y necesitamos perdonarnos para pasar página.
¿Y qué pasa con el perdón a los demás?
Una cosa es pedir perdón a otra persona por algo que has hecho y le ha dolido. Pero no nos excedamos porque, a veces, el otro no nos quiere perdonar. Sin embargo, lo más importante es que te perdones tú a ti mismo. Cuando ha sido la otra persona la que te ha hecho algo, debes discernir si quieres continuar o no en esa relación. El perdón no es una emoción sino una decisión. Que tú perdones no significa que se legitime lo ocurrido. La memoria no olvida pero sí voy a variar mi estado emocional porque he soltado las cadenas del rencor. Y ese cambio te genera una nueva experiencia. Cuando eres capaz de soltar algo, el cerebro te premia con dopamina y oxitocina. ¡Es algo preciosísimo"
El cerebro necesita abrazos. Descubre cómo conectar con los demás te salva la vida Autora: Ana AsensioEditorial: RocaPrecio: 20 eurosNúmero de páginas: 320