Testimonio
Afectada por covid persistente que ha conseguido la incapacidad absoluta: "Mi día a día es una mierda"
Una trabajadora navarra de 47 años relata las dificultades de su vida tras contraer el coronavirus, el periodo de visitas al médico, exámenes ante el tribunal y la reacción al recibir la noticia de la sentencia favorable


Publicado el 19/04/2026 a las 05:00
La primera reacción al escuchar la palabra rutina es reconocer que su día a día es “una mierda”. “Perdóname que te lo diga así de claro”, añade. Los mareos constantes, la pérdida de memoria, la dificultad para encontrar palabras y continuar una conversación, los problemas de equilibrio o los dolores lumbares siguen afectando a R.M.C.M meses después de que la jueza le reconociera la incapacidad permanente absoluta derivada del covid persistente que padece.
La diferencia con no hace tanto tiempo es que, a estos síntomas, se sumaban las continuas negativas del INSS y otros episodios que recuerda con dolor. “Sé lo que quiero decir, pero no me salen las palabras. A veces repito mucho las cosas”, explica. Por ello, una libreta se ha convertido en su gran aliada para recordar con quién ha hablado, de qué y dónde ha guardado las cosas. “Luego lo paso a Alexa o al calendario del móvil para que me avise, porque si no, no recuerdo nada”.
Si voy a guardar algo importante se lo doy directamente a mi marido porque no sé después dónde lo he guardado
“De antes me acuerdo bien; de lo previo al covid lo tengo todo claro y recuerdo todo lo que he aprendido. Pero mi día a día con la memoria es un horror”. Además, el covid persistente le ha provocado una fatiga crónica que hace que acciones tan básicas como lavarse el pelo se conviertan en un mundo. “Cuando ha pasado medio día y he comido, no valgo para nada; necesito acostarme”, relata al describir una vida que dio un vuelco por el virus.
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“Yo llevaba una vida muy normal: mis dos hijos, mi casa, mi trabajo… Podía encargarme de mis padres y de mis suegros, que eran mayores, porque cambiaba turnos con mi compañera”, recuerda. Agradece que todo esto haya ocurrido con sus hijos ya mayores. “No sé qué hubiera hecho”. Casada y vecina de una localidad de Tierra Estella, reconoce también las limitaciones actuales: “No aguanto los sitios con demasiada gente o ruido, y los desplazamientos en coche me agotan”. Aun así, mucha gente del pueblo se detiene a preguntarle por su estado cuando la ven por la calle, siempre agarrada de un brazo.
Cuando a transcurrido medio día y he comido ya no valgo para nada, necesito acostarme
DE LA IMPOTENCIA A LA TRANQUILIDAD
Cuando recibió la noticia de la sentencia favorable, se encontraba en rehabilitación. “Me eché a llorar porque no me esperaba conseguir la incapacidad absoluta sin volver a pelear”, recuerda. “En mi cabeza era como que no lo íbamos a lograr”, reconoce, en alusión a las distintas ocasiones en las que el tribunal médico del INSS le quitaba la razón. “Me llegaron a decir que estaba guapísima y que estaba lista para trabajar”.
“También me dijeron que todo lo que tenía estaba en mi cabeza. Fue muy desagradable y me generaba mucha impotencia”, añade, ahora aliviada con la sentencia en la mano.
Me llegaron a decir que estaba guapísima y lista para trabajar
“Es el reconocimiento de mi enfermedad y de que se empiezan a reconocer las secuelas que el covid ha dejado a mucha gente. Fue una alegría”. Explica que ha sido a raíz del fallo cuando ha tomado conciencia del impacto anímico que le provocaba esa falta de reconocimiento. “No sabía que eso me afectaba tanto. Después de la noticia hay mucha tranquilidad en mi cuerpo y en mi familia”.
También se acuerda de su psicóloga, a quien agradece el trabajo realizado. “Ha hecho un trabajo maravilloso conmigo; mi vida ha cambiado mucho”. Asegura que ha aprendido a aceptar su situación: “Ya he asumido que todo el mundo tenga que estar pendiente de mí”, dice, explicando que no puede salir sola de casa.
Ahora, aunque el hándicap del covid persistente sigue siendo muy grande para esta navarra, saber que tiene la razón le ayuda cada mañana a levantarse y afrontar el día con una sonrisa, hasta donde le alcanza la energía.
