Solidaridad

"Nuestras hijas han fallecido, pero agradecemos todo lo que Navarra hizo por salvarlas"

Oleksandra y Yasmina, niñas ucranianas de 14 y 8 años, llegaron a Navarra huyendo de la guerra para tratar un cáncer con diagnóstico irreversible. Han fallecido este mes, con cuatro días de diferencia, y sus familias agradecen el apoyo recibido en la comunidad

AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: 16/03/26 LUGAR: CASEDA TEMA: NIÑAS UCRANIANAS FALLECIDAS EN UN MARGEN DE CINCO DIAS PERSONAS: OLEKSANDRA Y YASMINA
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Svitlana y Dmytro muestran la fotografía de su hija Yasmina, y Tetiana y Mykola la de su hija Oleksandra, en la casa donde residen en CásedaIván Benítez
AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: 16/03/26 LUGAR: CASEDA TEMA: NIÑAS UCRANIANAS FALLECIDAS EN UN MARGEN DE CINCO DIAS PERSONAS: OLEKSANDRA Y YASMINA

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Iván Benítez

Actualizado el 18/03/2026 a las 16:16

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Una fotografía sobre una mesa circular preside una cocina, junto a una vela encendida y un plato hondo con caramelos. En ella aparece Oleksandra en 2024, una niña ucraniana de 14 años, acariciando a su perra Luna, un koli. Este lunes, otra imagen del mismo tamaño descansa a su lado: la de Yasmina, una niña también ucraniana de 8 años, que dibuja un corazón con sus manos.

Oleksandra y Yasmina fallecieron por osteosarcoma los días 8 y 12 de marzo, con apenas cuatro días de diferencia. Sus historias están marcadas por los bombardeos, las alarmas, los refugios, la enfermedad, los diagnósticos irreversibles, la esperanza y la solidaridad de un pueblo como el de Cáseda y Pamplona; la ayuda de una asociación como Adano y, en definitiva, toda una cadena solidaria, con muchos y diferentes eslabones, que ha sacado a flote lo mejor del ser humano en tiempo de guerra.

Ambas niñas llegaron a Navarra de la mano de sus madres desde Ucrania en busca de tratamiento para el cáncer óseo que les fue diagnosticado mientras aún vivían allí. Vivían en Vinnytsia y Romni cuando sus familias lanzaron sendos mensajes de auxilio al mundo. Sucedió en 2022 y 2023, respectivamente, cuando recibieron el diagnóstico de la enfermedad. Aquel SOS encontró una rápida respuesta en Navarra.

Ahora, tras la muerte de sus hijas, sus padres han querido hablar de ellas para agradecer la ayuda recibida durante estos años. La última, en el caso de Oleksandra, para poder repatriar su cuerpo. Ambas familias lo resumen en una frase sencilla que repiten con emoción: “Nuestras hijas han fallecido, pero agradecemos todo lo que Navarra hizo por salvarlas. Dentro de nuestra tristeza estamos muy agradecidos”.

Tetiana y Mykola con su hija Oleksandra, una imagen de la niña de 2024.
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Tetiana y Mykola con su hija Oleksandra, una imagen de la niña de 2024.Iván Benítez
Tetiana y Mykola con su hija Oleksandra, una imagen de la niña de 2024.

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VINNYTSIA (ABRIL 2022)

En abril de 2022, meses después de la invasión rusa, una radiografía reveló que algo no iba bien en un hueso de Oleksandra. Los médicos decidieron enviarla a Kiev para realizar pruebas más detalladas. El viaje duró unas cuatro horas y media desde su ciudad, Vinnytsia. En la carretera que pasa por Irpin, una de las zonas más castigadas por los bombardeos, Oleksandra observaba en silencio los coches calcinados y las casas destruidas.

—Mamá, parece una película de guerra, una película de horror.

Poco después, en Kiev les dieron el diagnóstico: osteosarcoma óseo. La guerra condicionó inmediatamente las decisiones de la familia. Sabían que el sistema sanitario ucraniano estaba desbordado y reorganizado para atender a los militares heridos. Decidieron buscar tratamiento fuera del país.

Los padres comenzaron a investigar en internet qué países tenían mejores resultados en el tratamiento de este tipo de cáncer. España aparecía entre los primeros. Tenían, además, una amiga viviendo en Logroño, que publicó un mensaje en grupos de wasap de ucranianos pidiendo ayuda para una familia que necesitaba viajar con su hija enferma.

Fue en este grupo donde Olena, enfermera ucraniana residente en Navarra, leyó el mensaje. “Cuando lo leí no lo dudé. Contesté que vinieran, que íbamos a hacer todo lo posible para ayudar”.

La familia de Oleksandra y Olena no se conocían, pero contactaron. Y semanas después salieron de la guerra.

En junio de 2022, madre e hija, Tetiana y Oleksandra, abandonaron Ucrania. Atrás quedó su padre, Mykola. La ley marcial y la movilización general prohíben, desde el principio de la guerra, que la mayoría de los hombres entre 18 y 60 años puedan salir del país, porque pueden ser llamados al servicio militar.

Madre e hija viajaron en autobús hasta Varsovia, en Polonia. Desde allí volaron a Madrid y posteriormente llegaron a Logroño en autobús. Se alojaron en una pequeña habitación de apenas tres metros cuadrados. El calor era extremo. Oleksandra apenas podía descansar. El dolor era muy intenso. Mientras tanto, en Cáseda y Pamplona, Olena movía contactos. Conocía al equipo de la planta infantil del hospital de Pamplona. Les explicó la situación y los médicos recomendaron llevar a la niña directamente a urgencias. Dos días después de llegar a Logroño, Oleksandra entraba en la cuarta planta del Complejo Hospitalario de Navarra.

La familia había traído desde Ucrania muestras de biopsia ósea, que tuvieron que transportar con hielo durante todo el viaje para conservarlas. En aeropuertos y controles, el personal se volcó para ayudarles a mantenerlas refrigeradas.

Oleksandra permaneció ingresada mientras se tramitaba toda la documentación sanitaria. Era un proceso muy complicado, recuerdan sus padres esta semana. Llegaban muchos refugiados y había numerosos trámites administrativos. Los trabajadores sociales del hospital y la asociación Alas de Ucrania ayudaron a gestionar permisos con policía y extranjería. El tratamiento siguió los protocolos médicos previstos. Durante un tiempo, la evolución fue favorable.

ESTABILIZACIÓN 

En agosto de 2023, tras completar el tratamiento, los médicos confirmaron que la enfermedad estaba estable. La familia decidió viajar a Ucrania. Era la primera vez que Oleksandra podía volver desde que había salido del país un año antes y reencontrarse con su padre. Además, necesitaban que la niña acudiera presencialmente a un tribunal médico del Ministerio de Sanidad ucraniano para poder tramitar los documentos que permitieran al padre viajar a España.

Los médicos españoles autorizaron el viaje.

Pero en diciembre, durante nuevas pruebas médicas, llegó otro golpe: una recaída. Apareció un nuevo tumor. La intervención prevista para alargar la prótesis que llevaba en la pierna tuvo que aplazarse. Comenzó entonces un nuevo ciclo de quimioterapia y una nueva operación para extirpar el tumor. Tras nuevos tratamientos, la enfermedad volvió a estabilizarse.

En julio de 2024, con autorización médica, la familia decidió viajar nuevamente a Ucrania para disfrutar de unas vacaciones y visitar a familiares y amigos. Pero el primer día ocurrió algo que volvió a sacudirlos. Hubo ataques rusos en la zona donde vivían. Fragmentos de una bomba cayeron cerca de su casa. Oleksandra quedó profundamente asustada. Pocos días después comenzó a sentirse mal. En cuestión de días, fue trasladada a Kiev, al hospital pediátrico oncológico, con fallo renal grave.

El hospital, uno de los principales centros pediátricos del país, había sido recientemente bombardeado. Parte del complejo estaba destruido. Oleksandra pasó dos semanas en la UCI, con diálisis las 24 horas, bajo los ataques rusos, en los pasillos y en los sótanos. Los médicos intentaban estabilizarla para trasladarla a España en ambulancia medicalizada, que debía costearse la familia.

EL REGRESO A NAVARRA

La familia lanzó un llamamiento en redes sociales para recaudar fondos y pagar la ambulancia desde Kiev hasta Navarra. No acudieron a medios de comunicación, solo a la comunidad ucraniana. La respuesta fue inmediata: asociaciones y ciudadanos colaboraron para cubrir el coste. En dos días, la ambulancia llegó a Pamplona.

Las pruebas médicas confirmaron que el cáncer se había extendido. Tenía metástasis en un pulmón. Tras recuperarse un poco, incluso llegó a volver brevemente al instituto en Sangüesa durante una semana, pero el dolor regresó. Los médicos tuvieron que intervenir y Oleksandra no despertó de la anestesia. Permaneció 24 horas en coma, relatan sus padres. “Fue uno de los momentos más duros”. Recuerdan especialmente el apoyo del personal de la UCI pediátrica, que estuvo pendiente de ellos en todo momento. Dos días después, Oleksandra despertó, y lo primero que pidió fue ver caballos y a su perra Luna. Adoraba a los animales. También tenía un gato, ratones, serpientes e incluso mariposas. Un club hípico, con apoyo de la asociación Adano, financió sesiones de equitación terapéutica. Aquellos momentos le devolvían algo de normalidad.

Los médicos intentaron nuevos ciclos de quimioterapia, pero el cuerpo de Oleksandra ya no respondía. No había tratamiento posible. Falleció en su casa de Cáseda el 8 de marzo, con 14 años. Ahora sus padres preparan el último viaje después de haber conseguido el dinero gracias a la solidaridad en Navarra, pero incluso ese camino está lleno de obstáculos. Necesitan permisos de España, Polonia y Ucrania para trasladar el cuerpo a través de las fronteras. Desde la frontera hasta su ciudad hay casi mil kilómetros, con numerosos controles militares. El miedo de la familia es que el padre pueda ser retenido antes de poder enterrar a su hija.

Svitlana y Dmytro muestran la fotografía de su hija Yasmina.
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Svitlana y Dmytro muestran la fotografía de su hija Yasmina.Iván Benítez
Svitlana y Dmytro muestran la fotografía de su hija Yasmina.

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ROMNI (ABRIL 2023) 

Cuatro días después falleció Yasmina. Su historia arranca en abril de 2023, con molestias tras una caída con un monopatín. Durante semanas pensaron que se trataba solo de una lesión, pero el dolor continuó. El diagnóstico definitivo llegó en junio, cuando ya tenía una fractura patológica provocada por el tumor.

En el hospital oncológico pediátrico de Kiev comenzaron el tratamiento con quimioterapia. Pero el contexto era muy complicado: alarmas, bombardeos... Cuando sonaban las sirenas tenían que salir corriendo hacia los sótanos del hospital para protegerse. El personal médico era insuficiente.

—Había solo un oncólogo pediátrico para todos.

Tras cinco sesiones de quimioterapia, los médicos dijeron a los padres que no había nada más que hacer y que se llevaran a la niña a casa. La familia no aceptó esa respuesta.

A través de otra familia ucraniana que ya estaba en Navarra con un niño con leucemia, el caso llegó también a Olena.

—Cuando se habla de la vida de niños hay que hacer todo lo posible.

En pocos días organizaron el viaje. En octubre de 2023, Yasmina llegó a Pamplona con Svitlana, su madre, y su abuela Ludmila. El padre, Dmytro, y su hermano se quedaron en Ucrania: él no podía abandonar el país.

Una vez en Pamplona, la niña pudo quedarse ingresada en el hospital con su madre, pero la abuela no tenía dónde vivir. Encontrar alojamiento fue complicado porque había muchos refugiados en la ciudad. Finalmente, lograron alquilar una habitación con ayuda de asociaciones y de Adano, “que fue en todo momento una guía para mí”, dice Olena, asociación que también ayudó con medicamentos y gastos básicos. La organización Gota de Leche comenzó a proporcionar alimentos semanales a la familia.

El tratamiento empezó inmediatamente. La quimioterapia tuvo una respuesta muy buena. En diciembre le realizaron una intervención quirúrgica y las pruebas posteriores indicaban que no había evidencia de enfermedad. Posteriormente recibió radioterapia en los pulmones. En mayo de 2024 terminó y parecía que la niña estaba estable.

Con permiso médico, la familia decidió viajar a Ucrania para pasar unas vacaciones y reunirse con el padre y los abuelos. Yasmina incluso pudo volver a ir en Romni a la escuela durante unos días. “Soñaba con sentarse en una clase de Primaria”, sonríe su madre al contarlo. Aunque los bombardeos continuaban y los niños tenían que refugiarse en sótanos durante las alarmas, ella quería estar con sus compañeros. Pero pocas semanas después comenzó a sentirse mal. Tenía tos, estaba cansada y decía que no se encontraba bien. Un nuevo tumor en los pulmones.

Regresaron a España. Los tratamientos parecían funcionar durante unos días, pero el tumor volvía a crecer rápidamente. En 2025, la enfermedad ya había afectado gravemente a los pulmones y al corazón. Los médicos confirmaron que ya no había más opciones terapéuticas.

A Yasmina le apasionaba estudiar. Siempre decía que quería volver al colegio, aprender a leer y escribir. Abría los libros una y otra vez y practicaba la escritura. Recibía clases online desde Ucrania y también clases a domicilio en Navarra. Le gustaban las manualidades y dibujar, y siempre sonreía, incluso cuando el dolor la rompía.

Tras una operación en la pierna, los médicos le recomendaron no correr ni saltar, pero era imposible. No quería silla de ruedas ni muletas. Saltaba y caminaba como podía. Era pura energía. Olena le llamaba “mi pequeña libélula violeta”. En ucraniano, “strekoza”. Estos insectos abundan por la zona norte de Ucrania.

Su padre logró salir de Ucrania una semana para confirmar que su hija se estaba muriendo. Después tuvo que regresar, dejarlo todo en orden, abandonar su trabajo y emprender de nuevo el camino para cuidarla. Ludmila no se separó de su cama ni un instante; incluso cocinaba para ella y le llevaba la comida al hospital. 

Las dos familias, su gran apoyo en estos años de dolor e impotencia, saben que no pueden poner nombre a todas las personas que las han sostenido. Por eso lo condensan en una frase sencilla, la que abre este reportaje: Navarra hizo todo lo posible por salvarlas.

LAS DOS FAMILIAS AGRADECEN: al personal de la planta infantil del Hospital Universitario Virgen del Camino; al hospital de día de Oncología Pediátrica; al servicio de Rehabilitación; a ADANO; a la ONG Ekialdea; a la asociación Alas de Ucrania; a la asociación Gota de Leche; al Ayuntamiento de Cáseda; a la Mancomunidad de Sangüesa; a la residencia San Vicente de Paúl de Sangüesa; al club hípico Equiten; a la Fundación Pequeño Deseo; a la asociación Asvona; a la Policía Nacional; a Cruz Roja; al Banco de Alimentos; a los servicios sociales de Sangüesa; a la funeraria Izarra; al IES Sierra de Leyre de Sangüesa; al Instituto Sagrado Corazón; a los servicios sociales del barrio de la Milagrosa; al Ayuntamiento de Pamplona; y al párroco de Cáseda.

PARA PODER AYUDAR A LA ASOCIACIÓN ADANO:

ES96- 2100-5312-21-2200031138 

BIZUM 09560

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