Salud

Comer acompañado mejora la absorción de nutrientes y reduce el riesgo de obesidad

Según la Sociedad Española de Neurología, el móvil y otros dispositivos durante la comida activan un estado de alerta que dificulta la degustación y deterioran la percepción sensorial del alimento

Una persona comiendo comida a domicilio
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Una persona comiendo con un dispositivo electrónicoFreepik
Una persona comiendo comida a domicilio

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María José Echeverría

Publicado el 25/02/2026 a las 05:00

La calidad emocional de nuestra alimentación depende menos de los alimentos que hay en el plato y mucho más de con quién compartimos la comida, de la desconexión digital y de vivir el momento presente. Así se desprende de una investigación  realizada por la Sociedad Española de Neurología y la Universidad Rey Juan Carlos. Estar acompañado mejora la absorción de nutrientes, ya que se come más despacio, y reduce el riesgo de obesidad al facilitar la saciedad consciente, asegura.

El estudio apunta que cocinar acompañado triplica la emoción de alegría en nuestro cerebro, que aumenta en un 232% con respecto a hacerlo solo. La presencia de otras personas transforma una actividad rutinaria en una experiencia emocionalmente positiva, reforzando la idea de que la socialización alrededor de la comida sigue siendo un pilar de bienestar.

La investigación 'Identificando las emociones en los hábitos culinarios con IA y equipos biométricos' demuestra que la compañía humana no puede ser sustituida por estímulos digitales o dispositivos electrónicos. De hecho, asegura que el uso del teléfono móvil y otros dispositivos electrónicos durante las comidas ejerce un efecto negativo: no provoca tristeza de manera directa, pero aplana las emociones positivas, hasta reducir la alegría en un 32%.

Además, su presencia incrementa el estrés y genera una experiencia emocional peor que comer solo. Según apunta este estudio, los contenidos digitales, al activar un estado de alerta y fragmentar la atención, dificultan la degustación consciente y deterioran la percepción sensorial de los alimentos.

Respecto al tipo de comida añade que, aunque no hay grandes diferencias, la comida procesada genera una leve respuesta de "miedo" o desconfianza biométrica, posiblemente por la falta de control sobre el origen del producto y del 'arte' del cocinado, además de reducir ligeramente la emoción de la alegría.

DOS INVESTIGACIONES

Este martes, 24 de febrero, se ha presentado el estudio 'La ciencia de lo que se cuece en la cocina', que integra dos investigaciones lideradas por la Sociedad Española de Neurología (SEN) y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) perteneciente al Instituto de Salud Carlos III e IKEA.

El estudio concluye que comer en compañía, charlando, con comida casera y sin pantallas es el escenario óptimo para el cerebro y las emociones.

Según la investigación del CIBEROBN 'Impacto de la digitalización en los hábitos alimentarios',  el bienestar psicológico depende cada vez más de cómo comemos y con quién desarrollamos esta actividad. En este contexto, la digitalización no es un espacio de conexión sino que es un escenario de soledad que tiene consecuencias directas en la salud mental y en los hábitos alimentarios.

La investigación apunta que el 98% de las personas comen con dispositivos, lo que evidencia que la tecnología ha ocupado un espacio antes reservado a la convivencia y el diálogo. Este cambio, según la investigación, ha debilitado el carácter social de las comidas, favoreciendo entornos más solitarios y afectando directamente al bienestar psicológico, especialmente en poblaciones vulnerables que utilizan las pantallas como refugio ante el aislamiento.

El estudio refleja que el móvil es el dispositivo dominante durante las comidas y su uso está asociado a estilos de ingesta menos conscientes, guiados por estímulos externos y no por señales internas de hambre o saciedad. Esta distracción digital genera un estado de alerta que dificulta la degustación, fomenta comer de forma impulsiva y dificulta la relación social. 

Y añade que la población más joven presenta una especial vulnerabilidad al aislamiento social asociado al uso de dispositivos digitales así como los perfiles clínicos. "Comer solo aparece como un marcador de riesgo que debe abordarse en la intervención terapéutica, dado su impacto en la salud mental y en la conducta alimentaria".

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