Iglesia navarra
"Para hacer buen vino se necesita mimo y respeto, como en el matrimonio"
El día de San Valentín, medio centenar de matrimonios aprendieron de vino y de amor en una ‘Cataquesis’ organizada por la Delegación Diocesana de Familia de Pamplona-Tudela


Publicado el 21/02/2026 a las 05:00
Muchas parejas de novios eligen el pasaje de las bodas de Caná como lectura para la ceremonia. “No tienen vino”, le dice la Virgen María a Jesús antes de obrar el milagro de convertir seis tinajas de agua en vino. A veces en la vida matrimonial también falta el vino, se enfría el amor, la chispa. “Gestos sin sabor, rutinas sin alegría”, explicaba Hugo Vignati, esposo y padre de familia, el sábado 14, día de San Valentín, en Jornada de Renovación Matrimonial organizada por la Delegación diocesana de Familia. La jornada incluyó una Cataquesis (mitad cata, mitad catequesis) bajo el título 'Matrimonio y vino, maridaje perfecto'.
Medio centenar de matrimonios tuvieron la ocasión de catar cuatro vinos de la bodega Tandem, del valle de Yerri. Cada sorbo iba acompañado de una reflexión de Hugo Vignati en torno a pasajes de la Biblia que hablan del fruto de la uva. Y el bodeguero José María Fraile iba explicando las notas de los caldos que produce en su bodega al pie del Camino de Santiago, un original edificio que se ve desde la autovía. “Para hacer un buen vino hace falta mimo y respeto, como en el matrimonio”, expuso Fraile, que ha dado a sus caldos sugerentes nombres en latín.
La cata comenzó con un vino blanco, de nombre 'Inmácula'. “Nos habla de un amor que nace limpio, que no está contaminado por el egoísmo, que apunta al origen”, señaló Hugo. Después tocó el turno de 'Inmune', una garnacha, de rojo intenso y expresión potente. “Nos recuerda que el amor cristiano no se deja infectar por el rencor, por el cansancio, por la dureza del corazón”, expuso Hugo.
El tercer vino que degustaron los matrimonios, 'Invoca', es un garnacha rojo rubí que ha pasado nueve meses en barrica. Sirvió para escuchar el relato de la institución de la Eucaristía en la Última Cena. “El matrimonio no se sostiene solo con fuerzas humanas. Necesita la gracia. Necesita el soplo del Espíritu”, señaló el moderador de la cata.
Como en las bodas de Caná, el bodeguero guardó para el final uno de sus mejores vinos. La cata terminó con un tempranillo, cabernet sauvignon y merlot que ha envejecido 24 meses en depósito y 9 meses en barrica. “Un vino con cuerpo, amable, largo, envolvente y sorprendente, como en los matrimonios que han madurado con el paso de los años”, expuso José María Fraile.
Con los toques de zarzamora y regaliz, los matrimonio escucharon un pasaje del Evangelio de San Lucas: “Nadie echa vino nuevo en odres viejos”. “Este último vino nos invita a confiar. A creer que lo mejor no siempre está al principio, sino que puede estar ahora. El vino ha madurado. El amor también puede hacerlo”, expuso Hugo Vignati, acompañado de su esposa, Wendy. Tras la cata, los matrimonios compartieron un almuerzo y sobremesa sin hijos. Un equipo de jóvenes voluntarios se encargó de cuidar y entretener a los más pequeños con actividades.
La jornada prosiguió por la tarde con un rato de oración en la capilla, donde había preparadas unas jofainas. El sacerdote Miguel Garísoain recordó las palabras de Jesús “El que es fiel en lo poco será fiel en lo mucho”. Habló de la importancia de los pequeños detalles de amor, como ayudar en las tareas domésticos. Así, se invitó a los matrimonios a hacer un pequeño gesto, lavarle los pies del cónyuge. La jornada terminó con una misa, que incluyó la renovación de las promesas matrimoniales, y una merienda. Los delegados de Pastoral Familia, Janire Peñafiel y Javier Lucía, organizaron la jornada con ayuda de varios matrimonios.