Salud
Jaime Gallego, neurólogo de la Clínica Universidad de Navarra: "Se abre una ventana con el uso de virus contra el tumor cerebral infantil"
El investigador ha recibido un millón de euros de la Asociación Española contra el Cáncer para seguir investigando esta nueva vía terapéutica


Actualizado el 12/02/2026 a las 07:45
"Buscamos una oportunidad para luchar". Estas fueron las palabras que una madre cuyo hijo tenía un tumor cerebral le dijo al neurólogo Jaime Gallego Pérez de Larraya, del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra. Y es que este tipo de tumores son muy agresivos y letales y, en ocasiones, no responden a los tratamientos convencionales.
“Estamos comprometidos en buscar una terapia nueva que pueda tener beneficios”, apuntó este martes Gallego durante el acto en el que recibió la ayuda de un millón de euros de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) para seguir investigando una “ventana” de oportunidad: el uso de virus modificados que se administran dentro del tumor, en el cerebro, para matar las células malignas.
Con él, Marta Alonso, responsable del Grupo de Terapias Avanzadas para Tumores Sólidos Pediátricos del Cima de la UN, que inició la investigación en este terreno en 2010. Y la AECC, que en 2007 abrió una línea para investigaciones en cáncer infantil, ya que consideró que no tenían el suficiente impulso.
Entre todos pusieron en valor la importancia de sostener una cadena invisible de profesionales unidos en una causa, luchar contra el cáncer.
EL DNX-2401
Existen distintos tipos de virus y, en esta línea de investigación, los expertos utilizan adenovirus, que normalmente producen un catarro común. Un virus al que llaman DNX-2401. Son agentes que pueden infectar cualquier célula, incluidas las tumorales.
“Modificamos genéticamente los virus, les introducimos cambios, para que sean capaces de reconocer a la célula tumoral y atacarla: matarla”. La idea es transformar los virus en herramientas dirigidas contra la célula tumoral, explicó. Y, después, se inyectan en el tumor.
Según Gallego, los tumores cerebrales, a diferencia de otros que son como masas, son generalmente infiltrantes y difusos. “Se entremezclan con el tejido sano. No tienen un borde delimitado”. El virus podría introducirse en células sanas y tumorales pero los expertos han conseguido que los virus que introducen en el tumor cerebral tengan una modificación para que sean más afines a las células tumorales.
Junto a este cambio, esos virus tienen otra modificación de forma que solo se van a multiplicar dentro de la célula tumoral. “Esta célula tiene una alteración genética que hace que los virus la reconozcan y solo se repliquen en ella. Y al hacerlo la van a destruir”. Es el efecto antitumoral.
Sumado a este efecto se ha conseguido un segundo mecanismo de acción. “Cuando tenemos una herida y nos infectamos se nos pone roja por la reacción inflamatoria en la zona. Al inyectar el virus en el tumor, además de matar células tumorales, vamos a llamar al sistema inmune a actuar contra el tumor. Vamos a estimular la acción del sistema inmune”, resaltó Gallego.
En definitiva, es una doble lucha: destruir células tumorales y potenciar la acción del sistema inmune frente al tumor. El grupo, que abarca desde el laboratorio a la consulta, lleva más de 15 años trabajando en esta línea y dando pasos. Todo con el objetivo de llegar al paciente aunque la ciencia tiene sus tiempos. Los tumores cerebrales pediátricos son poco frecuentes pero existen.
“Las estadísticas no sirven para una persona concreta. Cuando te toca es el cien por cien”. Y pese a que son raros, son la primera causa de cáncer en niños, al margen de los tumores hematológicos (leucemias, linfomas...), explicó. Además, los tratamientos convencionales (radioterapia, quimioterapia, otros tipos de inmunoterapia) a día de hoy no dan los resultados deseados. “No conseguimos curarlos. Por eso es necesario intentar otras estrategias”. “Es abrir una ventana con el deseo de que sea favorable. Si no fuera así, buscaremos otra manera”.
NUEVO ENSAYO CLÍNICO
Las primeras investigaciones en esta línea se desarrollaron en modelos animales para los que se diseñaron virus específicos y se demostró que atacaban a las células tumorales, respetando las sanas, y que activaban el sistema inmunitario para combatirlas.
De ahí se pasó al primer ensayo clínico. Se centró en el tronco cerebral, una zona crítica ya que es donde están los principales núcleos por lo que no se puede operar. En ese momento se demostró que era viable inyectar los virus en el cerebro. “No nos imaginábamos que se podía hacer”. Además, un virus en el cerebro puede producir una infección. Pero demostraron que, gracias a las modificaciones, no se producen esas complicaciones infecciosas.
Ahora se va a llevar a cabo un ensayo clínico en fase II y se amplía a cualquier localización, no solo al tronco cerebral. “Queremos validar los datos de seguridad y mirar con lupa la eficacia. Para que sea un tratamiento en el futuro tenemos que demostrar su eficacia”.
Para ello, van a participar pacientes hasta 25 años en situación de recaída o sin respuesta al tratamiento. Si se consiguen los objetivos seguirán avanzando para que sea un tratamiento disponible. “Queremos que se trate la enfermedad en todo el mundo”.