Obituario

Gerardo María Lecea Yábar, economista, oberenista y dantzari

Gerardo Lecea Yábar
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Gerardo Lecea Yábar 
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Juan Cruz Alli

Publicado el 11/02/2026 a las 08:13

La primera noticia del pasado sábado 7 de febrero fue muy mala. Era la esquela del fallecimiento de Gerado Lecea Yábar, el segundo hijo de Jenaro y Valen, hermano de Juan María, fallecido en 2023, y María Lourdes, vecinos de Mayor 49, a quienes conocía desde mi infancia. De niño me llamaba la atención que todos ellos llevasen el nombre de María, explicándome en casa que era por la devoción de sus padres a la patrona de Pamplona, la Virgen del Camino de San Cernin.

Hoy lamento con dolor tener que transmitir a su viuda, Ana María Alzu y a sus hijos Gerardo, Lourdes, Iñaki y Ana la condolencia de los Alli-Turrillas, porque “algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Y va dejando una huella que no se puede borrar”. Cada vez que nos veíamos no faltaba tema de conversación, la última fue el 24 de diciembre en que comentamos el fallecimiento y obituario de una persona muy conocida y querida para ambos, Tere Aldaz, su familia y ‘El Vaticano’. 

Gerado fue siempre un buen estudiante en los Escolapios y la Escuela de Comercio. Tras obtener el profesorado mercantil ingresó en el Crédito Navarro, simultaneando su trabajo con el nivel superior por libre en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Bilbao, equivalente a la licenciatura universitaria en Ciencias Económicas. Con 26 años fue enviado a Madrid para dirigir la sucursal de la capital.

Su carácter abierto y simpatía hicieron de él una persona participativa en la Juventud de Acción Católica, de la que fue dirigente, el Oberena y los Auroros de Santa María. Como formador de aspirantes nos hablaba de la vida, la sociedad y el amor, dándonos doctrina cristiana, sin rollos teológicos o moralistas propios de un consiliario que, incluso entonces, nos parecía más reaccionario que tradicionalista.

Cuando Patxi Arrarás y Federe Azcona recibieron en 1949 el encargo municipal de formar el grupo de dantzaris que acompañase a la corporación cuando salía en cuerpo de comunidad, contaron con Gerardo y otros amigos. Con el atuendo diseñado por Pedro Lozano y Francis Bartolozzi, confeccionado por los hermanos Lozano, el rubio Gerardo Lecea lucía por las calles de la vieja Iruña. Con otros compañeros del grupo relacionados con la calle Mayor, como las hermanas Manso y Merche Sucunza, Santiago Altamira, Luis Salcedo y José Urrizola, participó en el espectáculo folklórico teatral Duguna, estrenado en el Gayarre el 28 de junio de 1951. Representaron con gran éxito de público y crítica lo más significativo del folklore navarro y escenificaron el aquelarre de Zugarramurdi en el que participaron Pedro y Rafa Lozano disfrazados de sapos.

Madrid le abrió nuevos horizontes personales y profesionales. Allí formalizó su relación con una chica de Pamplona que vivía en la capital y terminó siendo su esposa y la madre de sus hijos. Contrajeron matrimonio en 1959 en la parroquia de Ana, que era la del Buen Suceso, y así fue para ambos. 

Gerardo cambió el trabajo bancario por el director de una empresa de fabricación de televisores en la que permaneció durante 9 años. Posteriormente se hizo cargo de la gerencia del grupo empresarial de los alsasuarras Jesús Oyarbide y Chelo Apalategui, fundadores de los restaurantes Príncipe de Viana (1958) y Zalacaín (1973), que en 1987 fue el primero de España con tres estrellas Michelín. Allí convivió con el gran chef Benjamín Urdiain, su sucesor y piloto de rallys Javier Oyarbide y Custodio Zamarra en la sumillería. En 1996 vendieron los Oyarbide y Gerardo se jubiló con el fin de la presencia familiar, sin haber aprendido a hacer la exquisita guarnición de la carne que eran las pommes soufflés, creadas por casualidad por Collinet en 1837. Este era el punto de la broma a la que contestaba que no quería interferir en cocina ni quitarle puesto al chef. Siendo como era una persona tenaz, de habérselo propuesto, lo habría conseguido.

Tras su jubilación el matrimonio Lecea-Alzu vivió 20 años en El Escorial con constantes visitas a Pamplona, aprovechando los desplazamientos a la capital para visitar a su hermana Lourdes en Soria. Regresaron definitivamente a sus orígenes con la pandemia, reintegrándose a sus actividades y vida de jubilados, dejando una parte de la suya y de la familia en la capital. Intensificaron la relación con su hermano Juan María, su esposa Celina y sobrinos Alodia y Fermín. Recuperaron la relación con sus amistades, los paseos por la ciudad, la presencia en todo acontecimiento pamplonés, la participación en los Auroros de Santa María, con nuevos compañeros y compañeras, sin el armónium que portaban a pulso entre todos y tocaban Tomás Alli y Domingo Arraiza. En Pamplona, Gerardo estaba en su salsa, pero nunca fue un ‘salsero’ ni una persona ‘gaseosa’ o ‘sifonera’, a pesar de ser del Oberena y de la canción, sino sólida, profunda, consecuente, de convicciones y obras. 

Cuando ha fallecido Gerado podemos afirmar que la imagen de ‘chico modelo’ que era para nuestros mayores ha sido una realidad humana viva, que cuantos le tratamos podemos confirmar. Nunca cayó en la tentación de facilidad, ni decayó en el esfuerzo, ni perdió la alegría, haciendo vida de la fe, el ideal y el amor. Eugenio D’Ors señaló un camino que nuestro convecino y amigo siguió y le reconocemos: “Todo pasa. Pasan pompas y vanidades. Pasa la nombradía como la obscuridad. Nada quedará al fin de cuentas, de lo que hoy es la dulzura o el dolor de tus horas, su fatiga o su satisfacción. Una sola cosa […] te será contada, y es tu Obra Bien Hecha”. La de Gerardo ha sido mucha y grande en la familia y la sociedad. Descansa en paz. Agur Jauna. Agur terdi. 

Juan Cruz Alli Aranguren

El autor es convecino y amigo del fallecido

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