Oposiciones a Administrativo
"La Administración Pública no va a irse a pique, ¿no?"
Hombres y mujeres, jóvenes y no tanto, en paro y con trabajo... Todos buscan el pasaporte a un futuro seguro


Actualizado el 09/02/2026 a las 08:27
Tiene un trabajo fijo como contable fiscal en una empresa privada. Pero Emy Malón Insausti, de Sarriguren y de 42 años, es una de las 7.231 aspirantes que se ha presentado para conseguir una de las 264 plazas de Administrativo que el Gobierno foral oferta en el turno libre. “Porque, si lo consiguiera, siempre será más difícil quedarte sin nada que si estás en la empresa privada, aunque estés fija. Porque la Administración Pública no se va a ir a pique, ¿no?”. Lo decía a las 9:15 horas de ayer, después de aparcar el coche (no en la explanada de la UPNA, por supuesto, que a esa hora ya era complicado buscar hueco), mientras se dirigía a tomar un café con una amiga que también se presentaba a las oposiciones.
Era un domingo y gris de febrero el de ayer. Faltaba más de un mes para la Javierada, pero las ‘riadas’ de gente semiocultas en paraguas y capuchas bien podrían hacer creer que la peregrinación se había adelantado. El destino de todos estos ‘caminantes’ era la UPNA y El Sario. El de algunos, los afortunados, es un futuro laboral asegurado.
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Entre ellos, jóvenes y no tanto, también personas al borde de la jubilación en busca de una póliza de seguro por si “a ver si al final me van a faltar dos años con esto del aumento de la edad para dejar de trabajar”; aspirantes con y sin trabajo, en la empresa privada, pero también en la Administración sin plaza, y algunos con experiencia y otros sin ella en esto de opositar. También acudieron familiares, cónyuges e hijos, así como abuelas que guardaban a sus nietos bebés antes de meterlos en la sala de lactancia de las aspirantes que, aquí sí, la oposición a madre ya la habían ganado.
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Entre todos, por todas partes y hasta el último instante de entrar en el aula correspondiente que marcará su futuro, sobrevolaban los besos, las despedidas con abrazos y los deseos de suerte que también llegaban de diferentes academias de estudios que aprovechaban para repartir publicidad y bolígrafos por si en algún momento pudieran necesitarles. ¡Ah! Y nervios. Muchos nervios. ¿Cómo, si no, explicar esas largas filas a las puertas de los baños antes del examen? 20, 30, 40..., hasta 80 personas, buscadores de un futuro seguro en un mundo, o en el suyo, de incertidumbre, con sus nervios, sus miedos, sus dudas, sus esperanzas, sus anhelos, sus deseos, su felicidad anticipada..., se alargaban disciplinadamente en los pasillos para entrar, no a la clase, sino a los baños. Entre ellas, también alguna despistada que equivocadamente pensaba que la fila le llevaría al aula donde podría firmar el pasaporte a su futuro. Cosa de los nervios.