Inclusión social
"Ningún pozo es tan negro como para no poder salir"
Durmió durante un año de portal en portal, con la única compañía de su perro. Logró dejar la calle atrás y lleva varios meses trabajando en la Fundación Varazdin. Sueña con alcanzar la estabilidad y con ser campeón de boxeo


Publicado el 11/01/2026 a las 05:00
Iñaki (nombre ficticio) no es creyente, pero tampoco ha perdido la fe. Hasta hace unos pocos meses, justo antes de dormir se murmuraba unas palabras. “Quizá mañana será mejor que hoy, quizá mañana sí”. Y cerraba los ojos con la esperanza de que ese hubiera sido su último día viviendo en la calle. Aquella cantinela no era una plegaria, porque este joven de 27 años, originario de un pueblo de la comarca de Pamplona, no esperaba que nadie ni nada le vinieran a salvar. “Eso no sucede. El único responsable de que tu vida sea mejor eres tú”. Iñaki hablaba consigo mismo, en el peor momento de su vida. Y ahí siempre se encontró. Porque ni siquiera pasar un año entero “metido en un agujero” le hizo quebrar del todo su confianza en sí mismo. “Sé lo que valgo y sabía que sólo necesitaba una oportunidad. Ningún pozo es tan profundo como para no poder salir”. La tiene. La oportunidad. Es la Fundación Varazdin quien se la ha brindado, haciéndole un hueco en su empresa de inserción social desde hace unos meses. Iñaki se forma y emplea en distintas tareas, especialmente en albañilería, en la que ya tenía experiencia previa. “Estoy muy contento. El ambiente es muy bueno y estoy aprendiendo mucho. Me dejan tocar paleta, y eso es lo que hace falta”.
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UNA HABITACIÓN
Cuando llegó a Varazdin, todavía estaba en situación de calle. Su último refugio había sido, durante 15 días, una furgoneta. Pero no estaba tranquilo. “La gente que me la dejaba me obligaba a hacer ciertas cosas a las que no estoy dispuesto”, desliza. Ahora, tener un salario le ha permitido encontrar una habitación donde vivir. Pese a que el panorama está imposible. “Me han llegado a pedir hasta 800 euros por una habitación”. “He tenido mucha suerte. Ésta me la alquila una familia, pago algo ajustado y no pidieron anticipos. Me entra la comida. Tenemos buena relación y la verdad es que estoy encantado. Yo me esfuerzo mucho para que ellos también. Madrugo y les hago tostadas”. Vive al día. “Los sueldos en Varazdin son muy justicos, también los de los encargados. Ahorrar es imposible”.
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SU PERRO COMO SOSTÉN
“Problemas de la vida” le llevaron a una situación insostenible en casa. “Me tuve que marchar”. Se vió en la calle. Dormía en portales, con la compañía de su inseparable perro.
Iñaki se recuerda a sí mismo en aquellos meses, “los más duros de su vida”, como “un hombre caracol”. “Iba con mis bolsas y mi perro a todas partes”. El animal ha mantenido a raya sus ideas más oscuras, esas que surgen de la desesperación. “En el invierno, con el frío, la situación era muy, muy difícil. Llegué a plantearme la cárcel como salida, liarla un poco sin hacer daño a nadie para que me llevaran. Pero no podía, tenía que estar con mi perro, darle una buena vida. Si no llega a ser por él, hubiera terminado mucho peor. Me siento responsable de él”.
El animal también le ha supuesto un impedimento en algunos sentidos. Por ejemplo, para acceder al albergue de Pamplona. “Además de que estaba a rebosar y no era fácil acceder, me obligaban a dejarlo en una jaula. No me hacía ni puñetera gracia. Prefería seguir durmiendo en portales”.
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UN BACHE QUE SE ALARGÓ
El bache se fue alargando. “Quise aguantar y tirar por mis propios medios. Tenía que haber ido antes a la asistenta, pero yo tampoco entiendo de estas cosas”, explica. No le dolían tanto las miradas hostiles o el juicio ajeno como el propio. “Nunca me ha importado mucho lo que diga o lo que piense la gente, tampoco cuando estaba en la calle, porque además te vuelves más duro. Lo que sí me apena es haber estado un año perdiendo el tiempo y jodiéndome la salud”, confiesa. “Despertarte cada día y verte ahí te pega muy fuerte en la cabeza”, describe.
Ahora, con la experiencia vivida, le nace intentar que otros no caigan en los mismos errores. “A los chicos y chicas que tengan problemas con las drogas, en su casa, de maltrato, lo que sea... que sepan que siempre se puede pedir ayuda. No hay que tener vergüenza en ir al médico, a las asistentas o a donde haga falta”.
EMPLEO, LA PRIORIDAD
Intentó encontrar empleo. Pero con el paso de las semanas, cada vez era todo más complicado. “Con ropa sin lavar, con el perro...”. Dedicaba las mañanas a intentar conseguir un poco de comida con la que pasar el día. A eso se sumaba su adicción a los porros. “Nunca me ha gustado el alcohol ni he consumido otras drogas. Pero caí en los porros y en malas compañías. Soy muy nervioso y me ayudaban a dormir”.
La situación comenzó a reconducirse cuando un conocido le recomendó acudir a los servicios sociales. “Me ofrecieron una ayuda de 700 y pico euros. Que la hubiera aceptado también, porque hay que comer, pero ya le dije que yo lo que quería era trabajar, cotizar. Tengo 27 años, manos y piernas, y soy un tío echado para adelante”.
Costó encontrar el hueco. “De primeras me ponían peguillas, que no tenían bolsa de trabajo me decían. Pero fui muy pesado. Toqué todos los palos que pude. También subí a la Cruz Roja a ver si podía hacer algún cursillo”. Y en cosa de mes y algo, accedió a Varazdin. “Estoy encantado”. En este tiempo se ha dado cuenta de “la cantidad de gente que hay” en la calle. “A veces iba al París 365 y no podían ofrecerme más que algún pan bajo manga, porque estaban a rebosar”.
SUEÑOS DE FUTURO
Iñaki se imagina en un futuro con su propio negocio, haciendo labores de albañilería de aquí para allá. “Así podría contratar a alguien que también esté jodido”. En su casa, cuenta, siempre le han inculcado que a este mundo hemos venido a intentar hacérselo más bonito a los demás. “O por lo menos a no joder a nadie, que no es poco”.
Aunque puestos a soñar a lo grande, a él lo que de verdad le gustaría es ser campeón de boxeo. “Siempre me ha gustado el deporte, soy muy activo. Llevo mes y pico apuntado en un gimnasio y me está ayudando mogollón a estar más tranquilo, a quitarme de fumar. Hay una compañerismo increíble”.
Su gran cuenta pendiente es recuperar la relación con su familia. “Echo mucho de menos a mi madre y a mi hermano. Me gustaría que mi madre supiera que la quiero mucho y que trabajo todos los días para ser una persona honrada, buena, como es ella, una campeona, que siempre ha luchado para salir adelante. Nos ha criado a mí y a mi hermano como madre soltera”.
Iñaki no es creyente, pero tampoco en esto ha perdido la fe. “Vamos muy poquito a poco. Tengo que trabajar para que otra vez confíen en mí”.