Inclusión social

Nadine Tsopdie y Florence Otarobo: "Este trabajo nos ha resuelto los problemas y devuelto la confianza"

Camerunesa y nigeriana, están a punto de terminar los tres años de permanencia que contemplan las empresas de inserción en la Fundación Ilundáin. En este tiempo, han logrado estabilizar sus vidas. Ahora, más formadas, buscan salir al mercado ordinario

Nadine Tsopdie, en primer plano, y Florence Otarobo, compañeras en la Empresa de Inserción de la Fundación Ilundáin
AmpliarAmpliar
La camerunesa Nadine Tsopdie, en primer plano, y Florence Otarobo, nigeriana, compañeras en la Empresa de Inserción de la Fundación IlundáinJ.C.CORDOVILLA
Nadine Tsopdie, en primer plano, y Florence Otarobo, compañeras en la Empresa de Inserción de la Fundación Ilundáin

CerrarCerrar

Ainhoa Piudo

Publicado el 11/01/2026 a las 05:00

Florence Otarobo, nigeriana, dio a luz en el desierto. Sola. El alumbramiento le cogió en pleno tránsito hacia Europa. Cuando pudo llegar a Marruecos su bebé tenía 5 meses, y con él en brazos se subió a una patera rumbo a una vida mejor. “Casi morimos los dos”. Llegó a España en 2002 y a Pamplona en 2013, después de pasar por Valencia y Barcelona. 

Nadine Tsopdie dejó a sus dos hijos, de 5 y 11 años, con su madre en su Camerún natal para reencontrarse con su marido, que ya vivía aquí. Corría el año 2020 y lo que encontró en la Europa de la que tanto había escuchado hablar no fue lo que esperaba. “No pensé que iba a ser tan complicado encontrar un trabajo. He sufrido mucho”, asume. 

Ambas cruzaron caminos en la Empresa de Inserción Social de la Fundación Ilundáin en 2023. Florence trabaja en limpieza y Nadine, en jardinería. El recorrido de ambas en Ilundáin está a punto de terminar, ya que van a cumplir el plazo máximo de permanencia en este tipo de empresa: 3 años. Creen que salen “mucho más preparadas” de lo que llegaron. Las dos han seguido formándose durante este tiempo y cuentan con acreditaciones diversas. El castellano ya no es una barrera. Pese a todo, la incertidumbre es inevitable. “No queremos ayudas. Queremos trabajar”, insisten.

En Camerún, Nadine había estudiado Bachiller y trabajaba como asistenta de dirección en un hospital. Sabe varios idiomas. Pero nada de eso le ha servido de mucho. “La barrera que tenemos es que no se aceptan los títulos de mi país”. 

Ha hecho una multitud de cursos y formaciones. Entre otros, como auxiliar de comercio y también como camarera. “Me recorrí todos los supermercados de Pamplona y alrededores para dejar mi currículum, pero nada. También bares y restaurantes. Nada”. 

El contrato en Ilundáin es el primero que tiene. Llegó a él a través de los EISOL (equipos de incorporacion sociolaboral). Trabajar le ha sacado del pozo en el que se había metido y le han devuelto “la confianza en sí misma”. “Caí en depresión”, recuerda sus inicios. “Un año sin nada, dos años sin nada. Es muy duro”. Gracias a la estabilidad que le ha brindado la Fundación Ilundáin ha podido traer a sus hijos. “Antes de esto no cumplía los requisitos para la reagrupación familiar”. También se está sacando el carné de conducir.

Nadine afronta el futuro “con miedo”. “No quiero volver a vivir en la incertidumbre”. También con esperanza. “Con el conocimiento que tengo ahora estoy lista para cualquier empresa”. 

SUPERVIVENCIA

Florence Otarobo, nigeriana, cruzó el estrecho en patera con su hijo de 5 meses
AmpliarAmpliar
Florence Otarobo, nigeriana, cruzó el estrecho en patera con su hijo de 5 mesesJ.C.CORDOVILLA
Florence Otarobo, nigeriana, cruzó el estrecho en patera con su hijo de 5 meses

CerrarCerrar

Desde que llegó a España en patera con su hijo de meses, la historia de Florence ha sido una pura lucha por la superviviencia. “Yo también me encontré con una vida que no esperaba”, coincide. “Creía que cuando una llegaba aquí, con el inglés te basta, pero no”. 

Hace memoria de lo que supone vivir en situación irregular. “He llegado a trabajar en el campo con los papeles de otra”. De los tiempos de idas y venidas de Valencia a Barcelona; del apoyo de Cáritas y otras organizaciones; de los malabares para aprender castellano y formarse teniendo un bebé tan pequeño, al que en momentos tenía que dejar a cargo de la asistencia social. 

A Pamplona llegó en 2013, donde tenía una amiga. Vino con su hijo y embarazada. “Yo no quería ayuda, quería trabajar, pero con el embarazo no podía”. Estuvo un tiempo cobrando la Renta Garantizada y después encontró un empleo temporal a través de los servicios sociales de Berriozar

Desde que está en Ilundáin desempeña tareas de limpieza. “Cuando vi que el contrato era para tres años, hasta 2026, no me lo podía creer”. “Voy a terminar en febrero y ya no tengo el miedo que tenía antes”. Entre otras razones, porque en este tiempo ha podido traer a su marido desde Nigeria. “Lo conocí en 2016”. Ahora él también trabaja en la Fundación Ilundáin, en jardinería. “Yo termino, pero él sigue. Estoy muy agradecida, todo se va solucionando. En estos 23 años que llevo en España, aquí es donde he trabajado con armonía y paz. Y con lo que he cobrado, he podido solucionar todos mis problemas”.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora