Navarros globales

Una estellesa descifrando el cáncer en Finlandia

Sara Palomino Echeverría es bioquímica, su trayectoria dio un giro del laboratorio al ordenador con su tesis en bioinformática. Un postdoctorado le llevó a la Universidad de Helsinki, donde investiga

Sara Palomino en la Universidad de Helsinki.
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Sara Palomino en la Universidad de Helsinki.cedida
Sara Palomino en la Universidad de Helsinki.

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 07/12/2025 a las 23:29

Sara Palomino Echeverría tiene 30 años y sabía desde niña que quería ser científica. “Y si me iba mal, peluquera”. Lo cuenta desenvuelta al otro lado del teléfono desde la Universidad de Helsinki, donde trabaja como investigadora postdoctoral en bioinformática, dentro de un programa de la Nordic EMBL Partnership for Molecular Medicine. El camino es largo pero, de momento, no ha recurrido al plan B. 

Sara nació en Cocentaina, municipio de Alicante. De madre estellesa, se crio en la ciudad del Ega desde los 9 años, estudió en el colegio del Puy y después el grado de Bioquímica en la Universidad de Navarra. Cuenta con un master en Investigación de Ciencias de la Salud y otro en Bioinformática y Estadística. A principios de 2024 se doctoró en la Universidad Pública de Navarra, con una tesis en la unidad de Bioinformática Traslacional de Navarrabiomed. 

Estas ocho líneas condensan una trayectoria de años de estudio, formación e investigación. Pero, como subraya ella, todo nació cuando apenas levantaba unos palmos de suelo, veía en la televisión a los científicos “cacharreando en el laboratorio, haciendo experimentos” y “aunque ahora no haga nada que tenga que ver con Alzheimer, entonces ella siempre se preguntaba ¿Por qué los abuelitos se quedan sin memoria? ¿Por qué no se acuerdan? Cuenta que un día, yendo con su madre en coche a Pamplona le dijo: “Quiero trabajar en CIMA”. “¿Encima de dónde?”, respondió ella. “En el centro de investigación médica aplicada”, sonríe la anécdota. Pero con aquellos mimbres se matriculó en el grado de Bioquímica. “En la carrera hay que estudiar mucho, hay que dedicar horas, pero durante los veranos pude hacer prácticas, en el centro de investigación biomédica de La Rioja, en el hospital en Estella, en el laboratorio de bioquímica y genética de la Universidad de Navarra... entonces fui viendo diferentes posibilidades relacionadas con el mundo de la investigación y reafirmando que sí, que quería seguir investigando y pensando qué trayectoria quería tomar, más enfocada a la clínica, de empresa, académica... Las prácticas despejaron algunas dudas.

 “Hay muchas posibilidades y veces descubrir la tuya es difícil, pero quizás sí vas descartando algunas que no te apasionan tanto”, explica que al acabar el grado hizo un Erasmus+ en la Universidad de Kent, en Inglaterra, una experiencia diferente, en la que trabajó en un laboratorio en citogenética. A la vuelta hizo el master en la UPNA. “Entretanto, María José Calasanz, que trabaja en citogenética en CIMA contactó conmigo y comencé a trabajar con ella en un proyecto, casi año y medio. Estuve muy a gusto, pero vi que se generaban muchísimos datos y que su análisis tenía mucho potencial. “Empecé otro master en Bioinformática y Bioestadística y entonces estuve segura de lo que quería. Hice la tesis en Navarrabiomed con David Gómez Cabrero, todo en ordenador, todo análisis de datos”. Cuatro años y medio y una beca que le permitió viajar e investigar fuera, por distintas colaboraciones que tenía Gómez: 4 meses en Estocolmo, en el instituto Karolinska; y 3 en Jeddah, Arabia Saudí, en la Universidad de Kaust. “Si quiero seguir la investigación, es un mundo muy competitivo, tienes que buscar una beca y en la mayoría uno de los requisitos es haber hecho un postdoctorado de un mínimo de años fuera de España”, recuerda. Lleva un año en Finlandia, gracias a una beca postdoctoral para dos años y medio en un grupo de investigación en cáncer de pecho y de ovario, enfermedades con un campo de estudio todavía muy amplío. Aquí hay bastante financiación y podemos experimentar, me gustaría después establecer colaboraciones bien con Hospital de Navarra o Clínica Universidad de Navarra para ver si los ensayos clínicos de aquí se pueden trasladar los resultados a nivel de Navarra. Sería mi escenario ideal, pero mis contratos dependerán de becas. 

Explica que la bioinformática ayuda a entender las capas de información y si las unes puedes ver un todo. Es la clave para entender la enfermedad y cómo progresa el cáncer”. 

Vive sola en Helsinki, le parece una ciudad muy tranquila, un país “muy digitalizado y donde es muy sencillo hacer cualquier gestión desde casa”. “El 98% de la población diría que habla inglés” y considera que “hay un buen equilibrio de vida laboral y personal, existe flexibilidad”. “Pero la verdad es que una vez que empiezas en algo que te gusta tanto, se te pasa un poco la hora. Oficialmente la jornada laboral, incluyendo comida, son siete horas y cuarto”, explica.

 “Lo más diferente son tantas horas de noche en invierno y de día en verano. De un día otro se nota una diferencia abismal. En diciembre hay solo cuatro horas de luz”, describe que hace bastante deporte, en un entorno natural “muy bonito, salpicado de lagos”. “El transporte urbano funciona muy bien, las calles están siempre limpias, en ningún momento de sientes insegura”, se despide Sara desde Finlandia.

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