De la dictadura a la democracia

El apoyo de la iglesia a la movilización obrera

Homilías de apoyo a los encerrados, colectas para los afectados, ofrecer las parroquias para reuniones... son algunos ejemplos

Plaza del Arzobispado, en cuyas inmediaciones fue encontrado el lunes el sobre
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Plaza del Arzobispado en Pamplonaj.a. goñi
Plaza del Arzobispado, en cuyas inmediaciones fue encontrado el lunes el sobre

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Marialuz Vicondoa

Actualizado el 23/11/2025 a las 12:45

 En medio de este contexto de conflictividad laboral, hubo una parte de la iglesia que tuvo un papel, si no protagonista, sí de colaboración y de apoyo en muchas ocasiones a los trabajadores. De hecho, el movimiento sindical tiene su origen en gran parte en los movimientos católicos. Así lo contaba Gabriel Imbuluzqueta, periodista de Diario de Navarra desde 1972, en su trabajo de investigación “Aportaciones a la historia del movimiento obrero en Navarra entre 1950 y 1975”. Explica que las organizaciones obreras en Navarra tiene sus inicios en los movimientos apostólicos de la Acción Católica, fundamentalmente en la Hermandad de Obreros de Acción Católica (HOAC) y en la Juventud Obrera Católica (JOC), junto con sus correspondientes ramas femeninas HOACF y JOCP. “Una vez que estos movimientos apostólicos diocesanos tuvieron solera y prestigio, nacieron hacia 1960 Vanguardia Obrera Social (VOS) y Vanguardia Obrera Juvenil (VOJ), equivalente o paralelas, más o menos, a HOAC y JOC, respectivamente. Estos nuevos movimientos, en Navarra, surgen desde la Compañía de Jesús”. 

Además de ser las iglesias y la catedral lugares de reunión de trabajadores y celebración de asambleas, cuando estaban prohibidas, algunos sacerdotes defendían la causa obrera en sus homilías, lo que, incluso, en algunos casos, les llevó a la cárcel. Fue el caso de Víctor Manuel Arbeloa quien, en 1975, cuando continuaba ejerciendo el sacerdocio, fue arrestado en febrero de 1975 por negarse a pagar una multa de 150.000 pesetas. Se le había impuesto esta sanción por un salmo elaborado por él mismo que hacía referencia a la situación laboral y social del momento y que fue distribuido en la misa del 12 de enero celebrada en Echavacoiz. 

El escritor José Vicente Iriarte recoge en el libro “Movimiento Obrero en Navarra (1967-1977)” otro de los momentos en los que la iglesia adoptó una posición definida con su posicionamiento. Fue durante conflicto de Potasas cuando un grupo de sacerdotes organizó una huelga de hambre encerrados en el Arzobispado en solidaridad con los mineros.

 Sobre el papel de la iglesia, recuerda Juan Antonio Cabrero, exsecretario general de UGT (1998-2006), que en aquellos años, cuando él trabajaba en Autopistas de Navarra como responsable del almacén de aceites para la maquinaria de la empresa y miembro del jurado de empresa, se reunían clandestinamente en las iglesias porque había prohibición de reunión. “Nos juntábamos en la parroquia de Santa María de Tafalla, porque no podíamos hacerlo en otro sitio. Entonces, la policía no podía entrar, pero acudía a la puerta y no nos dejaban entrar. Tuvimos que buscar alguna bajera para poder seguir reuniéndonos”, cuenta. “Llegó un momento en que las parroquias de Pamplona dejaron de celebrar misas hasta que no nos volvieran a dejar reunirnos porque decían que la iglesia era de todos”, explica. Cabrero, que se afilió a UGT en 1980. Recuerda esos años de 1974 y 1975 como “muy conflictivos”. “Era un sinvivir, con sanciones, represalias... La empresa nos prohibió a los miembros del jurado que fuéramos a trabajar, aunque nos siguieran pagando igual. Y eso les servía para desprestigiarnos antes el resto de compañeros”, añade.

Más de tres millones de pesetas de multa

 Ante esta situación llevó a que 268 sacerdotes navarros remitieran al arzobispo una nota, con fecha del 31 de enero de 1975, en la que se hacía referencia a las detenciones de religiosos. La nota, que refleja la situación que se estaba viviendo, decía así:

 “Numerosos sacerdotes de Navarra han sido detenidos a lo largo de las últimas semanas por la Fuerza Pública y luego interrogados en los cuarteles de la Guardia Civil y en las comisarías de Policía. Varios de ellos han sido sancionados con multas que individualmente varías desde las 5.000 pesetas hasta 600.000 pesetas y que en total suman cerca de tres millones y medio de pesetas.

 El motivo de todo ello ha sido la predicación de unas homilías que iluminan desde el Evangelio la situación conflictiva de Navarra. 

Todos estos sacerdotes han cumplido con su deber ministerial de anunciar el evangelio con realismo. siendo fieles a su fe y a las múltiples declaraciones de la jerarquía de la iglesia. “Tengan todos presente (dicen nuestros obispos) que el silencio por falsa prudencia, por comodidad o por miedo a posibles reacciones adversas, nos convertirían en cómplices de los pecados ajenos, seríamos infieles a la misión que Cristo nos encomendó con perjuicio para los más débiles y oprimidos y, en definitiva, cedería en desprestigio de nuestras comunidades cristianas (...) Cuando los pastores nos vemos obligados a señalara abusos o deficiencias de la comunidad en materia social o política , lejos de minar la estabilidad de la ciudad terrena, contribuimos a su perfeccionamiento y contribución. La denuncia de los pecados sociales, hecha con espíritu evangélico, contribuye a liberar a la sociedad de todas aquellas lacras que la envilecen y corroen (...) Por eso, la denuncia del pecado de injusticia y la necesidad de conversión , que era el tema de fondo de estas homilías, no es más que una exigencia del evangelio que hacemos nuestras”.

Nota del Arzobispado de Pamplona

En pleno auge de conflictividad laboral en Navarra, cuando Potasas se había convertido en el protagonista de la reivindicación con las huelgas y con el encierro de mineros, en ese clima, el Arzobispado de Pamplona escribió un comunicado en defensa del proletariado, con diversas referencias a mensajes de los papas Pablo VI y Juan XXIII. Diario de Navarra publicó la comunicación en su primera página (ahora en fondo azul para distinguirlo) en el número del domingo 19 de enero de 1975. 

Decía así: 

A nuestro pueblo de Navarra 

Ante la grave situación que en estos momentos está viviendo Navarra, intentamos ofrecer a nuestro pueblo unas palabras de clarificación y de reflexión serena. Al mismo tiempo que sentimos el imperativo de hablar, somos conscientes de que en una situación tan complicada se dan problemas técnicos, sociales y políticos que rebasan nuestra competencia. Sin embargo, en esta situación se dan aspectos que reclaman una iluminación cristiana.

 1. Como hombres de fe no podemos permanecer al margen del dolor de todo nuestro pueblo de Navarra, particularmente de los pobres, de los débiles y de todos los sufren. (...) 

2. Una exigencia de estas actitudes prácticas es aportar todas nuestras capacidades para hacer frente a la las causas que nos llevan a estas situaciones. Es preciso revisar y rectificar a fondo nuestra convivencia social. Los conflictos que se vienen originando tienen principalmente su fuente tanto en el pecado colectivo que impide un orden social basado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, como en el pecado que anida en el corazón de cada hombre. 

3. El orden social (siempre amenazado por el pecado que se da en las estructuras) hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero deber encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad. (...)

 Igualmente, nos parece un deber ineludible recordar a todos los responsables en la solución del conflicto que padecemos (autoridades, dirigentes obreros y empresariales...) que con la máxima urgencia zanjen las cuestiones pendientes según las exigencias de la justicia y los derechos de las personas. 

Por su parte, el señor arzobispo está realizando a diversos niveles continuas gestiones para que se impongan en el momento actual el sentido humanitario antes que cualquier otra consideración de tipo puramente económico o político. 

4. Hay que tender a una paz amada, libre, fraterna, es decir, fundada en la reconciliación de los ánimos. Solo la paz engendra la paz. 

A la luz de estas palabras de Pablo VI recordamos que esta es una hora a la revisión. Cada un tendrá que escudriñar en el fondo de su conciencia la razón de sus actitudes. Cada uno deberá preguntarse qué domina en su corazón: el odio o el amor, la justicia o el egoísmo, la verdad o la mentira (...) 

No cabe duda de que a nuevos tiempos responden nuevas exigencias, acuciadas por nuevas circunstancias históricas, pero que en definitiva no pueden nacer sino del imperativo de nuestra fe. 

Nos urge nuestra fe a un diálogo más constante, interpersonal, paciente, con el máximo respeto a los derechos de otros.

 Nos apremia el Evangelio a deponer toda postura de odio, orgullo o egoísmo.

 Ante el gravísimo problema de una sociedad rota por el resentimiento o el rencor, cada uno debe ser artífice de la paz desde su puesto.

 Artífices de la paz por el amor, especialmente todos aquellos que tienen un puesto de responsabilidad para hacer realidad los deseos de nuestro pueblo”. Pamplona, 19 de enero 1975

Edurne Yániz , Profesora asociada de Historia Contemporánea de la UPNA: “El Concordato impedía a la policía entrar en las iglesias”

Experta en el impacto y en la recepción del Concilio Ecuménico Vaticano II (1959) en Navarra, la profesora asociada de la UPNA (Universidad Pública de Navarra) de Historia Contemporánea Edurne Yániz Berrio hizo su tesis doctoral sobre este tema. Comparte su actividad docente en el a UPNA con la de profesora de Enseñanza Secundaria en el IESO Valle del Aragón (Carcastillo). Desde el otro lado del teléfono atiende esta entrevista sobre el papel que la iglesia jugó en esta etapa de reivindicaciones laborales y económicas, cuando no también políticas, que afectaban a la joven industria navarra que apenas llevaba 10 años de vida. 

En un contexto de conflictividad laboral, ¿qué papel desempeñaba la iglesia? 
Resulta difícil responder a esa pregunta porque la iglesia católica es un ente poliédrico, muy complejo y diverso, conformado por sujetos eclesiales, siendo al mismo tiempo ella misma un objeto eclesial. En los casi cuarenta años de dictadura, la iglesia católica pasó de convertirse en aliada y principal elemento legitimador del nuevo Estado a elemento deslegitimador del régimen franquista a través de un progresivo proceso de distanciamiento o ‘desenganche’. Este proceso se produjo en varias etapas y fue de ‘abajo’ a ‘arriba’, es decir, se inició en el laicado, en los movimientos de apostolado seglar, y, posteriormente, pasó al clero para finalmente llegar al seno de la jerarquía. No fue un proceso lineal ni estuvo exento de conflictos y contradicciones en su seno. Puede decirse que el papel desempeñado por algunos párrocos, coadjutores, religiosos y religiosas, seglares consagradas, el cabildo catedralicio en el caso de la catedral de Pamplona y los propios arzobispos y obispos auxiliares fue de extrema relevancia. No solo cedieron espacios de reunión en un momento donde la dictadura vulneraba los derechos civiles y laborales más básicos y elementales (derecho de reunión de expresión y de asociación) sino que denunciaron la injusticia social de un régimen dictatorial, fomentaron ‘escuelas de democracia’ en espacios cotidianos como las parroquias y algunos también articularon movimientos de oposición y formas de protesta colectiva en la lucha antifranquista y en el proceso de cambio político para la instauración de la democracia. 

¿Qué hechos destacaría? 
​A la altura de 1975 y, en concreto, en el conflicto de Potasas de Navarra, el laicado tuvo papel en los movimientos especializados de apostolado seglar (muy mermado en número tras la crisis de Acción Católica de 1966-68). Se habían integrado en el movimiento obrero, movimiento vecinal, movimiento estudiantil, en las comunidades de base, etc. Además, una parte del clero más vanguardista preparó conjuntamente las homilías del 19 y el 26 de enero. En ellas se denunciaba a la luz del Evangelio la injusticia económica y política de la situación que se estaba viviendo en Navarra. También se produjo una huelga de hambre en el Arzobispado. 

¿Qué ocurrió? 
​No era la primera vez, pero en esta ocasión se encerraron entre el 16 y el 21 de enero 30 sacerdotes en el Arzobispado en solidaridad con las personas despedidas y las encerradas en Potasas. Además, en una carta firmada por el vicario José Mª Imízcoz dirigida a todas las parroquias, se invitaba a realizar una colecta y enviar el importe a Cáritas diocesana para que ésta distribuyese las ayudas a las familias necesitadas de los mineros. En esta situación, fue importante la acción del propio arzobispo, José Méndez Asensio (con anterioridad, Arturo Tabera Araoz también), que denegó siempre el permiso a la Fuerza Pública para entrar en los templos, casas parroquiales, etc. y el procesamiento del clero al alegar que suponía un incumplimiento flagrante del Concordato de 1953.

Con anterioridad, habría que citar la homilía de Jueves Santo de 1971 pronunciada por el obispo auxiliar José María Larrauri Lafuente. En ella denunció las torturas infringidas a alguna de las personas detenidas, entre las que se encontraban varios trabajadores/as, estudiantes y un seminarista. 

¿Qué momentos fueron los más problemáticos? 
​1974, desde la perspectiva socio laboral, fue lo que se denomina un “otoño caliente” por las reivindicaciones obreras en el marco de las denuncias de los convenios colectivos, con el contexto internacional de la crisis del petróleo de 1973. El día 21 de noviembre de 1974 trabajadores de diversas empresas se reunieron en la Catedral de Pamplona e, incumpliendo el Concordato, la policía los disolvió violentamente. Se produjo una escalada de tensión que eclosionó con el encierro de 47 trabajadores en la mina de Potasas de Navarra en enero de 1975 como medida de presión para forzar a la dirección de la empresa a sentarse a dialogar y escuchar las reivindicaciones laborales. Por su parte, en diciembre de 1974, el Consejo de Pastoral de Tudela redactó un texto de apoyo a los trabajadores en sus reivindicaciones laborales titulado “Ante los conflictos laborales”, donde se denunciaba la estructura desigual del sistema capitalista, la inadecuada legislación sobre el derecho a huelga o los estrechos cauces de participación sindical y política existentes en España. Para ello se citaba el magisterio pontificio de Juan XXIII, diversos documentos conciliares y documentos de la CEE como “La Iglesia y la Comunidad política” (enero de 1973) o “Actitudes cristianas ante la actual situación económica”.


 ¿Por qué las iglesias y la catedral podían ser lugares de reunión de sindicatos, de asambleas...? 
Porque el Concordato firmado entre la Santa Sede y España el 27 de octubre de 1953 en su artículo XXII establecía que quedaba garantizada la inviolabilidad de las iglesias, capillas, cementerios y demás lugares sagrados, según prescribe el canon 1160 del Código de Derecho Canónico. Quedaba igualmente garantizada la inviolabilidad de los palacios y curias episcopales, de los seminarios, de las casas y despachos parroquiales y rectorales, y de las casas religiosas canónicamente establecidas. Añadía el concordato que salvo en caso de urgente necesidad, la fuerza pública no podría entrar en los citados edificios para el ejercicio de sus funciones sin el consentimiento de la competente autoridad eclesiástica. En cualquier caso, en algo menos de una década su contenido quedó desfasado en virtud de la nueva realidad tras la celebración del concilio ecuménico Vaticano.

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