De la dictadura a la democracia
Medio siglo de aquellos conflictivos años en la industria navarra
Huelgas, paros y manifestaciones afectaron de lleno a las empresas navarras a lo largo de todo 1975. Las reivindicaciones laborales tenían también mucho de políticas y sociales


Publicado el 23/11/2025 a las 05:00
Los últimos meses del franquismo estuvieron marcados, no solo por los acontecimientos políticos provocados por una dictadura que estaba llegando a su fin, sino también por una conflictividad laboral que, en muchas ocasiones, se desarrollaba en paralelo. Las razones políticas y las laborales, marcadas también por una crisis económica generalizada en España, se daban la mano, de manera que unas alimentaban las otras y viceversa. El año en el que murió Francisco Franco, hace 50 años, Navarra acumulaba 161 conflictos, que afectaban a 106 empresas y a 35.855 trabajadores de unas plantillas que sumaban en total 63.712 empleos. Así lo recoge José Vicente Iriarte Areso, profesor de Historia y autor del libro “Movimiento obrero en Navarra (1967-1977), Organización y conflictividad”, editado por el Gobierno de Navarra, en 1995, como resumen de su tesis doctoral. Iriarte señala que esta conflictividad supuso un total de 1.731.111 horas de paro. “La llegada del nuevo año coincidió con un aumento de la tensión social. La conflictividad laboral se incrementó a causa de los efectos combinados de la crisis económica y de la dinámica reivindicativa”, recoge Iriarte en el citado libro (página 221).
Hay que decir que la conflictividad laboral de hace 50 años no irrumpió de la nada. En 1974, había sido incluso mayor. Fueron en ese año 168 los conflictos que se sucedieron, vividos en 136 empresas. Sin embargo, los trabajadores afectados fueron menos: 21.200 de unas plantillas formadas por 29.925 personas. Las horas de paro, en cambio, sumaron 2.395.890. Si 1973 había estado marcado por la huelga de Motor Ibérica y por la huelga general del 14 al 22 de junio, Authi protagonizó 1974. En ese año vivió la fábrica de coches una huelga del 27 de mayo al 3 de julio. Y, posteriormente, el incendio producido en octubre llevó a la venta de la fábrica a Seat, operación que se formalizó al año siguiente.
La conflictividad que se vivió en 1975 llegaba precedida de un mes de diciembre en el que las horas de paro sumaron 1.187.618, “cifra alta si se compara con el mes de noviembre (331.211 horas) o con octubre (5.402 horas), recoge Iriarte en su libro.
REFLEJO EN LOS PERIÓDICOS
Esta situación era recogida por los periódicos de la época. Las portadas de hace medio siglo daban cuenta día sí y día también de huelgas y paros, además de encierros. De todos los conflictos laborales vividos en ese año turbulento fue el de la mina de Potasas de Navarra la que se llevó el gran protagonismo, especialmente en los comienzos de ese 1975. Pero también sufrieron algún tipo de problema laboral (paros, huelgas, despidos...) empresas como Súper Ser, Papelera Navarra, Inepsa, Eaton, Ufesa, Ingranasa, Porcelanas, Frenos Iruña, APIbérica, Bendibérica, Doria...
11 AÑOS DEL PPI
Esta convulsión de la industria se producía en un momento en el que hacía 11 años de la irrupción del sector en Navarra. Había sido en 1964 cuando, como consecuencia del Programa de Promoción Industrial promovido por el vicepresidente de la Diputación de entonces y empresario, Félix Huarte, y el diputado Miguel Javier Urmeneta, se había dado la vuelta a la tortilla de la economía navarra. Las facilidades para atraer industria de fuera, la construcción de polígonos, las ventajas fiscales para la instalación de industria, etc. habían hecho que en poco tiempo la navarra agraria se transformara, casi de la noche a la mañana, en una comunidad industrial, con el nacimiento de nuevas empresas y la llegada de una inmigración procedente del campo que, en muchas ocasiones, era formada dentro de la propia empresa. Y es en esta industria, que gran parte llevaba pocos años en activo, donde se fraguó una conflictividad laboral que acompañó a todo 1975, el año que cerraba una etapa política para España con la muerte de Franco. El caldo de cultivo que desembocó en los conflictos de 1975 se había ido alimentando de acontecimientos que contribuían a crear un ambiente con pies de barro. No hay que olvidar que poco antes, Felipe Huarte, hijo del vicepresidente de la Diputación, Félix Huarte, fue secuestrado el 16 de enero de 1973 y liberado 10 días después. Un acción que además del sufrimiento personal producido, provocó la huida de alguna que otra inversión industrial prevista que decidió buscar lugares más seguros para su implantación.
Durante el año 1975 hubo tres momentos especialmente delicados, laboralmente hablando, provocados por la solidaridad con compañeros de otras empresas y por motivos políticos, momentos que Iriarte repasa con detalle en su libro. Ocurrieron en los meses de enero, en junio y septiembre.
Nada más comenzar el año, la huelga de enero (del 15 al 20) fue una respuesta para solidarizarse con los mineros encerrados en Potasas, empresa que arrastraba una conflictividad laboral desde el año anterior.


Además de las causas laborales internas de las empresas, otras razones llevaron a las movilizaciones. Es el caso del 11 de junio de ese 1975. Recoge Iriarte cómo en esa fechas las organizaciones sindicales, que entonces eran clandestinas, organizaron una “jornada de lucha”. Era una respuesta al Estado de Excepción que se había decretado en abril para Guipúzcoa y Vizcaya. Y, aunque Navarra quedaba al margen, sí que se organizaron protestas que llevaron a la organización de asambleas, paros y suspensiones de empleo y sueldo en empresas como Súper Ser, Unión Carbide, Unicable, Mina, Magnesitas, Onena, El Pamplonica, Mapsa, Potasas, Porcelanas, Salvat, Canasa, Renolit, Embega, Agni, SKD, Piher, Sanyo, Luzuriaga, Argal...
Los convulsos acontecimientos políticos, en tiempos previos al fallecimiento de Franco, fueron un motor decisivo para algunos de los movimientos laborales. Los fusilamientos de 2 miembros de ETA (Txiki y Otaegui) y 3 del FRAP (Sánchez Bravo, Baena Alonso y García Sanz) el 27 de septiembre, así como los consejos de guerra celebrados con anterioridad provocaron movilizaciones en las empresas. El seguimiento de la huelga general los días 11 y 12 en septiembre, convocada con motivo de los juicios previos a los fusilamientos, tuvo en Navarra, en opinión de Iriarte, un “seguimiento significativo”. A esta convocatoria se unió la huelga general del 29 de septiembre, después de los fusilamientos, cuyo seguimiento, señala Iriarte, fue total. Afectó a empresas como Comelsa, Ibérica del Frío, Unión Carbide, Udana, Autopista, Bendibérica, Mina, Ingranasa, Magnesitas, Catalán, Citröen, Mapsa, Dulces Unzué, Echeveste, Perfil en Frío, Eaton, Torfinasa, Inquinasa, El Pamplonica, Industrias Esteban, Soria, Norton, Mocholi, Irusa, Imenasa, Papelera, Super Ser, Salvat, Embega, Agni, , Laminaciones, Inasa, Piher, SKF, Argal...
También a final de año, a raíz de la muerte de Franco el 20 de noviembre, se produjo alguna movilización, como la huelga general del 11 de diciembre, con menos repercusión que las anteriores. En esta ocasión hubo, según recoge Iriarte, paros y asambleas en casi 40 empresas.
Como resultado de esta convulsión vivida en 1975 Navarra se colocaba en la cuarta posición en conflictos colectivos de trabajo registrados en España, con el 7% del total, detrás de Barcelona, Vizcaya y Guipúzcoa. Y, en cuanto a las causas, la mayor parte de los 161 conflictos vividos en ese año, 125 se produjeron para apoyar a otros trabajadores, lo que el profesor Iriarte llama razones de solidaridad. Mientras que solo 28 tenían como causa la mejora de los salarios. Y 8 de ellos respondían a otras razones. Un años antes, en 1974, de los 168 conflictos producidos, 101 tuvieron su causa en razones salariales, mientras que 56 respondieron al apoyo solidario del que habla Iriarte.


El mensaje de la Diputación
Refleja la situación que se estaba viviendo el comunicado que la Diputación Foral de Navarra publicó en la primera página de Diario de Navarra el 16 de enero de 1975 y que se reproduce en estas páginas. Un texto que expresa la estrecha relación existente entre las reivindicaciones políticas y laborales. En él se habla, entre otras cosas, de “la hora particularmente difícil para nuestra convivencia” y se hace un llamamiento al orden. Al mismo tiempo, la Diputación alerta del peligro de utilizar las empresas para la subversión política. Toda una premonición de lo que quedaba por pasar. La nota decía así:
Diputación Foral de Navarra
La Diputación Foral en sesión extraordinaria y urgente celebrada en el día de la fecha, acordó, por unanimidad, publicar la siguiente nota oficial:
NAVARROS
Los acontecimientos que se vienen sucediendo en Pamplona a consecuencia de la gravísima situación conflictiva por la que atraviesa el área industrial de la capital obliga a la Diputación Foral a dejar oír su voz ante el pueblo navarro en esta hora particularmente difícil para nuestra convivencia y progreso.
Las tensiones laborales aparecen indudablemente desorbitadas y, lejos de ceñirse exclusivamente a la defensa de reivindicaciones de aquella naturaleza, se convierten en acciones subversivas que alteran el orden público.
Ante esta situación de tipo anárquico, gravemente atentatoria contra la libertad, todos los navarros de buena voluntad hemos de decir:¡basta! Es necesario reaccionar adecuadamente.
Es evidente que existe el deliberado propósito de utilizar a las empresas como plataforma para la subversión política de una minoría que emplea las motivaciones laborales como pretexto para captar voluntades que, de otra forma, nunca sería capaz de reclutar.
Son víctimas de estas acciones los propios trabajadores a los que se utiliza en actuaciones equívocas que llevan la incertidumbre y la necesidad a sus familias; padece la empresa, la economía general, el bienestar económico que solo se logra mediante esfuerzos coordinados de los elementos de producción; se pone en gravísimo peligro el desarrollo industrial y financiero de Navarra, básicos a efectos de conseguir un alto nivel de empleo, unas remuneraciones justas y un progreso creciente, como se estaba consiguiendo en nuestra región.
Si a ello se une, como está ocurriendo, que queda afectada la paz ciudadana, nadie sensatamente podrá menos que clamar contra tamaño desafuero y poner cuanto esté a su alcance para remediarlo.
Por eso, la Diputación Foral apela vehemente a los empresarios y trabajadores para que, junto a las autoridades competentes, se apresten a la búsqueda de soluciones que pongan fin al actual conflicto y aseguren la paz, la justicia social y la prosperidad de nuestro pueblo.
En el logro de este difícil pero indispensable objetivo la Diputación Foral está dispuesta a realizar cuantas gestiones sean pertinentes en el terreno oficial.
En otro caso, todos sentiremos los graves perjuicios e imprevisibles dolorosas consecuencias que se producirán.
La Corporación Foral ha hablado con esta Nota y lo advierte.
A todos, en la esfera de su jurisdicción, corresponde actuar para evitar lo que sería irremediable.
Pamplona, 15 de enero de 1975.
EL VICEPRESIDENTE

