Psicólogo de Suspertu

Garikoitz Mendigutxia: "No hay que normalizar que los hijos fumen porros"

Es esencial no normalizar el consumo. Fumar porros “no es habitual” y supone riesgos. Más allá de los físicos, en el día a día: conflictos en la familia, menor rendimiento escolar, alejamiento del grupo social... Son problemas cercanos.

Garikoitz Mendigutxia, director del programa Suspertu de Proyecto Hombre
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Garikoitz Mendigutxia, director del programa Suspertu de Proyecto Hombre

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María José Echeverría

Publicado el 02/11/2025 a las 05:00

Las sustancias ilegales suelen centrar el debate sobre las drogas. Sin embargo, Garikoitz Mendigutxia, director del programa Suspertu de Proyecto Hombre, siempre recuerda que el alcohol suele generar un mayor porcentaje de personas que, a la larga, tienen problemas de consumo.

El informe del Ministerio destaca que el cannabis es la droga ilegal más consumida. ¿Les preocupa?

Al analizar los datos me gusta ver las tendencias. Y ahora los niveles de consumo de cannabis son los más bajos de los últimos veinte años. Y en todos los patrones.

¿En cuáles?

Consumo alguna vez en la vida, en el último año, último mes y a diario. Tanto en cannabis como en tabaco los porcentajes son bastante más bajos. El consumo esporádico, alguna vez en la vida, no es de especial riesgo. Y el consumo diario de cannabis era del 5% en 2004, de 14 a 18 años, y ha bajado al 1,3%. La gente joven fuma menos. Y es una tendencia.

¿Con qué relaciona el descenso?

Hay muchos factores. Creo que hay una conciencia respecto a la salud importante, a la actividad física. Se practica más y hay una cultura de deporte, que incluye nutrición, mayor que hace veinte años. A nivel de prevención se ha hecho bien.

Se trata de potenciar el ejercicio y la vida saludable.

No tiene mucho sentido teniendo esa conciencia del cuidado físico y de la imagen, fumar. Es incompatible. Es un factor importante, la conciencia y motivación por la salud y el cuidado.

¿Para consumir cannabis el primer paso es consumir tabaco?

No necesariamente pero los consumos de drogas legales suelen anticipar los consumos de drogas ilegales. Es difícil que alguien que no beba alcohol o fume tabaco consuma drogas ilegales. Normalmente se empieza con alcohol y luego tabaco. A partir de ahí se da el salto al cannabis y otras drogas. Por eso un objetivo fundamental es aumentar la edad de inicio: cuanto más se retrase más probabilidad hay de que no se consuman drogas. Pero hay otros factores.

¿Por ejemplo?

En el caso del tabaco han funcionado las nuevas normativas y leyes sobre los espacios donde se puede fumar. La nueva ley es más restrictiva. Los consumos de drogas tienen que ver con el contexto. Los jóvenes no empiezan a beber solos en casa sino en un contexto. Tiene que ver con lo que vemos que hacen los mayores, con la cultura de ocio, con lo que se ve en la sociedad. Normalmente se inicia en grupo y se mantiene así, salvo si empiezan a tener problemas.

¿Hay percepción del riesgo en el consumo de cannabis?

Uno de los objetivos en prevención es trabajar los mitos: ‘es una sustancia natural, tiene beneficios, es bueno para el cáncer...’ Están muy presentes entre los jóvenes y también la sensación de normalidad: ‘todo el mundo fuma’. Y no es verdad. La inmensa mayoría de jóvenes no consume cannabis.

¿Existe entonces la sensación de que el consumo es habitual?

Eso es. Trasladar el mensaje de que la mayoría no consume es preventivo porque pasa lo ‘normal’ a la categoría de ‘excepcional’. No es normal el consumo y eso alerta sobre el riesgo.

¿Cuáles son esos riesgos?

La investigación avanza y conocemos algunos. Pero es una sustancia ilegal y la base de datos es reducida. Un estudio mundial habla de efectos, y no muy a largo plazo, en problemas de salud mental, brotes psicóticos, etc. Pero no me gusta centrarme en eso. No todo el mundo que consume va a tener un problema de salud mental. Más allá hay problemas cercanos.

¿Por ejemplo?

Los problemas que suponen en los jóvenes y en sus familias en el día a día. En menores no hablamos de adicción, porque es más a largo plazo. Pero sí podemos hablar de usos problemáticos o derivados de esos consumos: conflictos en el ámbito familiar, descenso en el rendimiento académico, problemas legales con la policía, sociales porque se aleja de su grupo de iguales, problemas por dar el paso hacia otras sustancias ilegales, abandono de las actividades de ocio, problemas de motivación... Eso son los problemas reales y cercanos en los que hay que centrarse.

¿Ocurre en un momento vital complicado?

Son periodos críticos. Que a los 15 años un chaval comience a tener problemas escolares y acabe abandonando los estudios le va a condicionar toda la vida. Por eso es importante trabajar la prevención y la reducción de consumo.

¿Puede ayudar incidir en que el consumo no es habitual?

Sí. Como padres y madres no hay que dar normalidad a que el hijo fume porros pensando que la mayoría lo hacen. Tiene riesgos importantes porque afecta en el día a día en la situación familiar, escolar, con amigos, etc.

¿La clave es no normalizar?

Sí. Es difícil que a un menor que no tiene consumos le afecte en estos ámbitos de la vida.

Además insiste en la importancia del consumo de alcohol.

Sí. Es de difícil solución. Está instalado en nuestra cultura, la manera de celebrar y relacionarnos.

¿Qué se puede hacer?

No se puede pasar la responsabilidad a un chaval de 14 años. Solo hay que mirar a los adultos. ¿Por qué bebe? Todo su entorno bebe y se da a probar en la familia.

¿Quiere decir que es accesible?

Claro. Hay dos factores claves: la normalización y la accesibilidad. Si se vive como normal y es accesible la probabilidad de que se incorpore es mayor. También hay que decir que la mayoría no tendrán problemas.

¿Ahora beben más los jóvenes?

Beben diferente. Desde el botellón empiezan con bebidas de alta graduación. Es un consumo más intensivo, corto en el tiempo y de más graduación. Los efectos son mayores. Ha cambiado la manera de beber.

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