Duelo gestacional

"No soy fuerte, sino una madre devastada a la que le ha ocurrido algo horrible"

Sylvia Seguí, vecina de Zizur de 40 años, perdió a una de sus gemelas antes de dar a luz. Madre de una niña de 6 años y otra de once meses, cuenta cómo se ‘materna en el cielo y en la tierra”

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Alberto Miguel Gómez (43 años) y Sylvia Seguí Pérez (40), con sus hijas: India (6) y Cléa, recién nacida. La mariposa naranja representa a Sia, la gemela idéntica de Clea, que falleció en el vientre de su madre cuando esta se puso de parto. La familia es vecina de Zizurmarta galerna
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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 16/10/2025 a las 08:06

Sylvia Seguí todavía no sabe cómo celebrará el próximo 20 de noviembre. El primer cumpleaños de su hija Cléa y también el de la pequeña Sía, su gemela idéntica, que falleció poco antes de nacer. Aunque suene paradójico. Las niñas tenían prisa por llegar al mundo cuando su madre estaba embarazada de 35 semanas y cinco días (casi ocho meses). Aquella mañana rompió aguas en su casa y se desplazó al hospital con la ilusión de conocer al poco a sus pequeñas. Pero la ecografía de control arrojó sobre ella el agua más helada que nunca imaginó en forma de tres palabras: “No hay latido”. Cléa estaba viva pero Sía, no. Y tenía que dar a luz a las dos. “No supieron explicarme qué había pasado. Ni al hacer la ‘eco’ ni con la autopsia. Se le paró el corazón. Y a mí, también, al enterarme. Me morí un poquito. No me lo creía”. Así cuenta Sylvia Seguí Pérez, nacida en Alicante hace 40 años y vecina de Zizur, cómo digirió el trago más amargo de su vida. “No lo superas nunca pero aprendes a vivir con ello”. Sylvia y su marido, Alberto Miguel Gómez, de 43 años, tuvieron a su primera hija en Pamplona en 2019. Y soñaban con regalarle un hermanito o hermanita a la pequeña India. “Pero el bebé no llegaba y yo empecé con una medicación. Enseguida me quedé embarazada y en la semana doce, nos dijeron que eran gemelas idénticas. ¡Fue un shock muy grande pero estábamos felices”.

 El embarazo, recuerda, lo vivió “sin ningún miedo y con mucha confianza”. “Al ser una gestación múltiple, me atendían en la consulta de alto riesgo por protocolo. Pero todo iba bien y no tuve ningún problema. Me sentía muy afortunada”. Hasta aquel 20 de noviembre en el que su vida se puso del revés. “La pena y el dolor lo llenaban todo pero tenía que dar a luz. Todos los sanitarios nos trataron muy bien y nos sentimos muy acompañados”, apunta sobre los profesionales del Hospital Universitario de Navarra. Y así, nació Cléa, con 2.200 kilos; y a los diez minutos, Sía, con 1.800. “En aquel momento, se te mezcla la rabia, la culpa... Sentía haber fallado a mi hija y le pedí perdón”. Fotos y la huella del pie.

 Nada más nacer las niñas, la familia de Sylvia y Alberto (junto con los abuelos y los tíos) pudieron pasar cinco horas con Sía en las que se hicieron fotografías, tomaron una huella de su pie y guardaron un mechón de pelo. “Puede parecer un poco raro pero la verdad es que ayuda mucho tener una imagen de tu bebé y saber que realmente existió”. Para India, añade, resultó muy importante. “Ella comprendió que había tenido dos hermanas porque las vio y las tocó pero le explicamos que Sía no iba a venir a casa. La niña nos ha dado una lección de vida a todos porque lo ve con mucha naturalidad”. A Sylvia le tranquiliza que Sía se haya “llevado” a su familia en su nombre. Un antropónimo que ella se inventó y que contiene la inicial de cada uno de ellos (Sylvia, India y Alberto).

Los días de hospital y la llegada a casa, recuerda, resultaron muy duros. “El papá tuvo que encargarse de hacer todos los trámites con la funeraria él solo. Yo estaba ingresada y no le pude acompañar. Fue un proceso terrible por el que nunca esperas tener que pasar por un hijo”. Sylvia insiste en que “no quería llegar a casa” y encontrarse allí con todos los objetos que le recordaban que le faltaba un bebé: el cochecito gemelar, las dos cunas, toda la ropa... “Parece una tontería pero esta situación afecta y mucho. En la tienda se portaron muy bien y nos dejaron devolver el cochecito gemelar. Las sillas del coche nos las quedamos las dos y utilizamos una en cada vehículo”.

 ENTRE DOS MUNDOS

Sylvia cuenta que vive actualmente en “un baile constante” entre dos mundos: maternando entre el cielo y la tierra (el nombre de su cuenta de Instagram). “Parece que no encajo en ningún sitio. Vivo la maternidad pero al mismo tiempo sabiendo que me falta un bebé. No me puedo tumbar en la cama a llorar porque tengo que sacar a mis hijas adelante”, confiesa. ¿Y la gente de su entorno? “Toda la familia nos ha apoyado mucho desde el inicio. Hablamos de Sía con naturalidad y a India nunca vamos a tener que explicarle qué pasó con su hermana porque ha convivido con ello desde el principio y la pudo conocer”. Pero hay personas, recalca, que “dicen muchas tonterías. ‘Por lo menos tienes una’, te sueltan. ¿Cómo que tienes una? Es como si se muriera tu madre y te dijeran:‘Por lo menos, tienes un padre’. Si no se sabe que decir, aunque sea con la mejor intención, es mejor permanecer callado”.

 También ha tenido que escuchar muchas veces el tópico de que tiene que ser “una mujer fuerte”. “Pero no lo soy ni lo quiero ser. Tan solo soy una madre devastada a la que le ha ocurrido algo horrible”. Pero, mientras ha transitado este duelo por Sía, Sylvia ha tenido que dar de mamar a Cléa. “Al principio, no se enganchaba al pecho y le teníamos que dar la leche con jeringuilla. Resultó muy duro pero teníamos que seguir adelante”. A raíz de su pérdida, la madre se ha centrado en “visibilizar este duelo que existe aunque no se hable”. Y ahora sigue pensando en cómo celebrar el próximo 20 de noviembre, ese día señalado en el calendario de su familia. “Que es el cumpleaños de mis dos hijas gemelas: Cléa y Sía”.

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