Obituario

María Josefa Iturralde Goñi, 'Fefa', una líder a la chita callando

Nació el 24 de marzo de 1941 en la casa familiar del número 5 del Paseo de Sarasate y se casó con José Mari Goñi Unzué, perito agrícola

María Josefa Iturralde Goñi
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María Josefa Iturralde Goñi
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Beatriz Solano y Javier Errea

Publicado el 01/10/2025 a las 18:28

Cuando, a la mesa, Fefa levantaba el vaso y decía de pronto ¡un blem ble!, todos nos poníamos de inmediato a la orden, dejábamos lo que estuviéramos haciendo y respondíamos a coro: ¡un blem ble! No inventó ella el tradicional brindis vasco, claro está, ni falta que hace. Eso sí, lo mejoró y es como si lo hubiera hecho: nunca nadie en el mundo ha gritado 'txirriaska' como Fefa. 'Aska' significa en euskera abrevadero; 'txirri', chorro.' Txirriaska' ha sido durante medio siglo fuente por la que ha manado abundante y fecunda amistad, y, a la vez, sumidero por el que desaguaban todas las diferencias. Acoger, no molestar. Santo y seña de Fefa.

Hay personas en la vida que nacen líderes. Están, por un lado, los de ordeno y mando; otros, en cambio, lideran a la chita callando. Son personas corazón. Ojillos pequeños y chisposos; risa de dibujos animados; ganas de vivir y compartir: sobra decir que Fefa se encuadraba discretamente entre los segundos. Pero la cosa no acaba aquí. Va y Fefa fue a casarse con José Mari Goñi Unzué, perito agrícola que llegó a ser director del Servicio de Montes a pesar de ser perito, otro líder sin aspavientos. Y aún más: del matrimonio, nacieron seguidicos, uno detrás de otro, Juan (1966) y Luis (1967), los inefables Goñi. No menos líderes. ¡Bien que lo sabemos sus amigos!

María Josefa Iturralde Goñi nació el 24 de marzo de 1941 en la casa familiar del número 5 del Paseo de Sarasate, un edificio obra del arquitecto Joaquín Zarranz que fue inaugurado en 1935 como sede de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, y que también incluía viviendas particulares. Hija de Luis Iturralde Mina, de Zozaya (Baztán), abogado que no ejerció —con la toga se hizo un abrigo, cuentan que decía su mujer—, y de Juana Goñi Goyena, de Uscarrés (Salazar), Fefa era la cuarta de cinco hermanos, y la única mujer. Le precedían José Ramón, ingeniero industrial, ya fallecido; Joaquín, pelotari profesional que hizo carrera en Bilbao; y Rafael, médico oftalmólogo. Le siguió Michel, también ingeniero, siete años más joven. Estudió en el colegio de las Carmelitas, donde pronto hizo amistad con Pilar y Carmen Arpide, Ana Ciáurriz, Loli Rada, Juana Olaso, Rosa Dorremochea y Pilar Galán, entre otras. Las nombramos a todas porque ellas fueron el germen de una cuadrilla sin parangón.

De la Pamplona pequeña y pacata de mediados del siglo pasado, la memoria rescata lugares inolvidables. Entre ellos, sin duda, la huerta de Iturralde. La había comprado el padre, Luis, en los últimos cincuenta. Se emplazaba en lo que hoy es Iturrama, junto al frontón de López. A ella se llegaba por estrechas veredas entre setos muy altos que daban justo para que pasara un coche. A decir verdad, no estaba lejos, pero para aquella época el viaje constituía toda una aventura. La parcela contaba con una casita modesta y un pequeño frontón donde los hermanos Joaquín y Rafael, virgueros, se retaban en duelos pelotaris de alto voltaje. A Fefa, por cierto, la pelota no se le daba nada mal. En la huerta veraneaba la familia, por la huerta pasó gente de todo pelaje. Muy conocidos llegaron a ser sus guateques, “divertidos y castos”, como se refiere a ellos una fuente que prefiere guardar anonimato. Los organizaban los chicos mayores. Fefa, tan casamentera siempre, llevaba allí a sus amigas del colegio. Naturalmente, prendió más de una mecha.

Con José Mari, que jugaba en Oberena y no iba a Maristas, como muchos de los otros futuros maridos, sino al Instituto Ximénez de Rada (hoy, Plaza de la Cruz), la mecha prendió en alguna fiesta del hotel Valerio (hoy, Avenida). Se enamoraron, se casaron en 1965 en la capilla Barbazana de la catedral de Pamplona y se marcharon a vivir a un tercer piso de la calle Abejeras, cerca de la huerta de Iturralde...

El desarrollo urbanístico de la ciudad condenaría a aquella finquita, que acabó vendiéndose en los setenta. Pero Fefa y José Mari se empeñaron en dar carrete a su legado. En 1973, junto a Santi Sancena, Pilar Arpide, Javier Olaso y Juana Ciganda, dos matrimonios inseparables, compraron un pedazo de tierra en Enériz a otro amigo, Pablo Díaz del Río, que tenía una casa palacio en el pueblo. Enériz queda en la carretera de Campanas a Puente la Reina, a vista de pájaro de Santa María de Eunate. Esos 7.000 m2 asilvestrados han sido desde entonces espacio abierto de respeto y amistad, un ejemplo de convivencia que para sí quiera Navarra. Cualquiera de la amplísima cuadrilla y allegados que caía por allí sentía la confianza de poder coger la azada y cuidar la huerta, o de pasar el cortacésped y quitar las malas hierbas, o incluso de construir una maravillosa cabaña de madera. Sofás desvencijados, alacenas desencajadas, mesas sin calzar. Platos y vasos de aluvión, sillas y hamacas y apliques temblorosos... Todo servía en ese auzolán espontáneo donde no había que pedir permiso. Enériz es un experimento irrepetible que culminaba en paella cada 15 de agosto. Y Fefa se encargó de que allí nadie se sintiera ajeno.

Cuando a mediados de los ochenta el alzheimer se fue apoderando de Juanita, los Goñi-Iturralde regresaron de Abejeras a la casa paterna del Paseo de Sarasate. Durante más de una década, Fefa se entregó al cuidado de su madre con un empeño y una ternura infinitos. La vocación le venía de lejos (cursó estudios no reglados de enfermería en Cruz Roja antes de casarse) y la prolongó después en la Casa de Misericordia, a donde, una vez fallecida Juanita, acudía muchas tardes a hacer compañía a ancianos internos. Fefa y José Mari fueron, además, promotores de la Asociación de Familiares de Personas con Alzheimer de Navarra (AFAN), nacida en 1990.

"Siempre andaba organizando cosas. Fue una mujer alegre y con esperanza. Y amaba, amaba mucho. Por eso, era tan querida. Y todo eso le nacía de una fe enorme”. Palabras de su ahijado, el claretiano Javier Goñi, durante la homilía del funeral, celebrado el pasado 29 de septiembre en la iglesia de San Nicolás. Que certificó Miriam, una de sus siete nietos y nietas, al destacar su “capacidad para hacer hogar”. Y remacha su hermano Michel: “Ha sido extraordinaria sin haber hecho nada extraordinario. O quizá por eso mismo”.

Fefa falleció a los 84 años el viernes 26 de septiembre, el mismo día en que la APD y Diario de Navarra entregaban a su hijo Juan, director general de Cinfa, el premio al directivo del año. A las palabras emocionantes y contenidas del galardonado, que se confesó ante todo vulnerable, el consejero de Industria del Gobierno de Navarra, Mikel Irujo, añadió más humanidad: “Nos han enseñado muchas cosas, pero nadie nos ha enseñado a vivir sin una madre, ¿verdad, Juan?”

Y así es. Cuando uno se para a contar las bajas de esta generación inolvidable, la de Enériz, a las que ahora se suma Fefa, es difícil no estremecerse: Jose Sanciñena, Fernando Maíz, Julio Oteiza, Javier y Maite Olaso, Miguel Ángel Dorremochea (y su hijo Alberto), Miguel Urrutia, Mantxoni Berasáin, Ezequiel Lorca, Mercedes Micó, Esteban Solano, Pablo Díaz del Río, Mari Carmen Arístegui, Miguel Ángel y Javier Errea, Juana Ciganda, Mari Luz García. A los que seguimos aquí nos tranquiliza al menos intuir que, con Fefa al mando, todos ellos deben de estar pasándoselo en grande. Y que su blem-ble con su txirriaska nos va a acompañar el resto de nuestras vidas.

Beatriz Solano y Javier Errea escriben en nombre de toda la cuadrilla de Enériz

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