Jesús Roldán Martínez, entregado a su familia, amigos y su Lodosa natal


Actualizado el 26/09/2025 a las 08:38
Decía Antonio Machado que “la muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”. El cuerpo desaparece, pero el recuerdo queda patente. A Jesús no lo vemos pero ha quedado entre nosotros por sus obras. Jesús Rodríguez Martínez nació el 27 de febrero de 1943 en Lodosa. Sus padres eran Leoncio y Carmen, del matrimonio nacieron José Mary, que falleció en Tenerife, Jesús, Leo y las gemelas Charo y Margary.
En sus primeros años se formó en las escuelas de Lodosa y la secundaria en la Academia Bachiller de Calahorra o Liceo Quintiliano. Desde pequeño tenía una gran afición a los coches y camiones y le encantaba conducir. Por eso, pronto se incorporó a la empresa familiar AEP (Asociación de Exportadores de Patatas). En 1972, entró como chófer a Comuna (Conservas de Murcia y Navarra), para pasar posteriormente a Estaños de Navarra y finalmente a Gómez Aguirre de Alcanadre para transporte de vinos.
Después de tantos años en trabajos por cuenta ajena, se puso como autónomo con camión propio, de manera que recorrió toda España con envíos de toda clase de productos, sobre todo a Barcelona y Bilbao con la empresa de colchones Pikolin, de Zaragoza. Jesús era un hombre muy servicial, de manera que le querían todos los transportistas, procurando hacer favores a los más necesitados, incluso llevando gratis infinidad de mercancías. Este cariño hacia los demás del ramo le supuso también recibir favores cuando tenía averiado el camión.
Se casó con Naty Díaz el 27 de julio de 1972, juntamente con su hermana Marga y el maestro José Mary Alcalde, ante la patrona de Lodosa, la Virgen de las Angustias. Naty y Jesús tuvieron tres hijos, José Mary, Nuria y Javier, y gozó de sus nietos Íñigo, Lucía, Carmen y Claudia.
En los momentos de enfermedad, su esposa Naty estuvo pendiente las 24 horas, así como sus hijos y hermanos. Decía su hermana Charo que “Jesús había sido un ejemplo para la familia, porque los ánimos los repartía él. Siempre fluían agradecimientos”. Por otra parte, la hermana Marga afirmaba: “Jesús fue para todos los hermanos un guía, un espejo donde todos nos mirábamos”.
Falleció a consecuencia de una enfermedad grave que le detectaron en mayo, y el 5 de septiembre dejó de existir a los 82 años. Cinco meses de paseos, de reposo, de cariño con toda su familia y de fe en Dios. El tanatorio y la iglesia parroquial de Lodosa fueron una constante de familiares, amigos y vecinos. El cariño y generosidad que mostró Jesús a todas las personas de su entorno, los recibió con creces a su muerte. El funeral ante su Virgen de las Angustias seguro que le confortó.
Su esposa, Naty, sus hijos, José Mary, Nuria, Javier, y sus hermanos, Marga, Charo y Leo, se encuentran tristes, pero muy confortados porque Jesús ha dejado un recuerdo inolvidable, que permanecerá para siempre en sus corazones.
Como decía san Agustín ante el fallecimiento de su madre, santa Mónica: “La muerte no es nada, solo ha pasado a la habitación de al lado. Que mi nombre se pronuncie en el hogar como siempre, sin angustia. El hilo no se ha roto. Una lágrima por un muerto se evapora, una flor sobre su tumba se marchita, una oración por su alma sube al cielo y la recoge Dios. Reza, ama”. Descanse en paz.
*El autor es amigo de la familia del fallecido.