Turismo Navarra
Navarra: aventuras que no caben en una pantalla
Senderos entre robles milenarios, castillos con torreones de cuento, brujas y seres de fantasía, parques de aventuras, animales, pozas secretas y un pequeño mar interior. Navarra propone una escapada inolvidable para familias que buscan reconectar con la naturaleza, la historia y la emoción compartida


Actualizado el 26/06/2025 a las 12:53
Viajar en familia es uno de esos recuerdos que el tiempo no consigue borrar. Queda en la memoria el eco de una risa, el sabor de un postre nuevo, el encanto de una noche estrellada o los sonidos de las profundidades de un bosque encantado. Navarra es una tierra discreta, misteriosa y auténtica, que guarda un catálogo secreto de experiencias para redescubrir esa alegría viajera en común, con propuestas que combinan naturaleza, cultura, juego y sabores.
No hace falta elegir entre campo y ciudad, cultura o parque temático, senderismo o gastronomía. Aquí todo cabe. En poco más de 100 kilómetros se mezclan cuatro climas, un desierto, los bosques mejor conservados de Europa, castillos de piedra dorada, cascadas escondidas y cumbres donde pastan caballos en libertad. No hay dos días iguales.
Animales, tirolinas y un mar sin olas
Al sur de Navarra, a los pies del Parque Natural de las Bardenas Reales, se encuentra Sendaviva, una combinación asombrosa de parque de animales, atracciones y espectáculos. Lémures, cebras, jaguares, laberintos, caída libre y montaña rusa. Pero también experiencias inmersivas para los más pequeños: descubrir los secretos de la ciencia, aprender los cuidados de los animales o convertirse en chefs y cocinar platos saludables. Todo rodeado de naturaleza.
En el norte, casi en la frontera con Francia, hay otro tipo de aventura: colgada de los árboles en las profundidades de los bosques. En Irisarri Land, en Igantzi, las familias se cruzan por las alturas: circuitos de tirolinas, péndulo gigante, puentes colgantes, un pump track y un bike park. Pero también alojamiento rural, buena comida y vistas que invitan a la pausa. Más cerca de Elizondo, Baztan Aventura Park propone rutas también entre árboles, aquapark natural y vía ferrata para los más valientes.
Cuevas, castillos y rutas con secretos
Navarra es un cuento se narra a través de la historia, las leyendas y la fantasía. Tanto para los más pequeños como para las personas adultas subir las torres del castillo de Olite, recorrer las estancias de este lujoso palacio, recrearse en sus balconadas activa nuestra imaginación. Es inevitable sentirse un noble, un plebeyo, un insurgente o una reina.


Lo mismo ocurre con el recinto amurallado de Artajona, entrar en el patio del castillo de Javier o en los pueblos de la Zona Media —Ujué, Aibar o Eslava— donde cada callejón, cada piedra es un relato y una leyenda. Además, las visitas teatralizadas y juegos de pistas ayudan a recorrer estos escenarios como si fueran un tablero de aventuras.
Esta es una tierra para creer en la magia. En Zugarramurdi, las leyendas se hacen eco entre las paredes de una cueva gigantesca atravesada por “un arroyo del Infierno”. Allí dicen que las brujas celebraban los famosos —y supuestos— aquelarres que provocaron una de las persecuciones más crueles de la Inquisición. El museo de la brujería explica la historia sin dramatismo pero con rigor. Muy cerca, las cuevas de Urdax y la de Mendukilo (Astitz) permiten asomarse al inframundo navarro: estalactitas, salas con nombre de dragón, pasarelas flotantes e historias de pastores. Y siempre un frescor subterráneo que en verano es casi un milagro. Y dicen que, apostadas en la orilla de los riachuelos de estos valles del norte puedes encontrar a las lamias: unas sirenas de río, mujeres con pies de pato que arreglan su cabello con peines de oro.


También puedes destinar parte de la jornada en familia a explorar y localizar tesoros con las múltiples actividades de geocaching: una divertida búsqueda de artefactos escondidos mediante pistas y GPS.
Un día en la playa... de interior


Otra sorpresa de verano espera en el embalse de Alloz, en Guesálaz. De aguas azul turquesa y rodeado de colinas, este mar sin olas permite nadar, remar, practicar windsurf o simplemente tumbarse al sol. La playa de Lerate, con la distintiva bandera azul de calidad, ofrece todo lo necesario: chiringuito, embarcadero, sombra y aguas excelentes. Aquí no hay masificación. Solo chapuzones, picnic en familia y libertad.
Y para los que prefieren caminar, hay rutas sencillas pensadas para familias desde el norte hasta el sur: en Irati, Bertiz, Orgi, en la Foz de Lumbier o siguiendo el Camino de Santiago.


Granja, queso y burros
En el valle de Ultzama, donde los caseríos blancos se reparten entre robledales y prados de un verdor que impresiona, las familias pueden vivir una inmersión en el mundo rural. En la Granja Escuela Ultzama, por ejemplo, se aprende a ordeñar, a elaborar queso, a cuidar un huerto sin pesticidas. Lo mismo ocurre en Basabere (Abárzuza), Haritz Berri (Leitza) o Xuberoa (Larráyoz), donde los animales domésticos no son para contemplar sino para estar en contacto. Los más pequeños dan de comer a las gallinas, acarician cabritillos, y prueban una cuajada hecha al momento con leche cruda y miel.


¿Y qué tal un paseo en burro? En algunos pueblos como Leitza aún se ofrece esta experiencia pausada, entrañable, que devuelve otro ritmo al caminar. Los niños y niñas podrán acariciarlos, peinarlos, aprender a manejarlos y disfrutar de su compañía.
Comer como en casa (o mejor)
En Navarra, la gastronomía no es un extra. Es parte del viaje. Porque las verduras de la huerta del sur, los quesos de montaña, los embutidos, los asados y los postres lácteos forman un mapa emocional que también se recuerda. Muchos restaurantes ofrecen menús pensados para toda la familia y cada vez más alojamientos incluyen propuestas saludables y caseras. Y sí: los canutillos de crema, los helados artesanos o la tarta de cuajada triunfan siempre.
En algunas bodegas, como Pago de Larrainzar, han entendido que el enoturismo también puede ser familiar. Mientras los adultos degustan vinos navarros, los niños participan en un taller con mosto, juegos de aromas y dibujos. Nadie se aburre.
Pamplona y Tudela: ciudades amables
Pamplona sorprende por lo fácil que resulta recorrerla en familia. Su Parque de la Taconera, con ciervos, ocas y pavos reales; las murallas con vistas al río; el recorrido del encierro o los museos con actividades infantiles hacen que los días pasen sin notarlo. En Tudela, además del mirador de Santa Bárbara o la catedral, destacan las rutas urbanas de arte mural y los parques junto al Ebro.


Navarra: el secreto que se comparte
La clave del turismo familiar en Navarra no es solo la variedad. Es la escala humana. Los trayectos son cortos, los alojamientos acogedores, la gente cercana. Se puede jugar, aprender, emocionarse, ensuciarse y volver a casa con barro en las botas, una ramita en el bolsillo y mil anécdotas nuevas.
Aquí no se viaja para tachar lugares de una lista. Se viaja para mirar juntos, para vivir aventuras más allá de las pantallas, más allá del selfie. Y eso, en familia, vale más que cualquier souvenir.