Turismo
El Caribe navarro arranca su verano
A horas del estío, Yesa alcanza su esplendor: el turquesa de sus aguas evoca paisajes lejanos y marca el regreso del baño


Actualizado el 20/06/2025 a las 16:21
Pantano de Yesa. Kilómetro 336 de la N-240. Dos de la tarde. Faltan apenas unas horas para la entrada oficial del verano y el mercurio ya roza los 34 grados. En la carretera, desierta salvo por algunos motoristas y turistas dispersos, se respira el preludio del estío. La búsqueda de la orilla se convierte en un destino ansiado, en el paraíso accesible que muchos conocen ya como el “Mar del Pirineo”.
Las recientes lluvias han revuelto las aguas, sí, pero también las han elevado hasta un nivel que hacía años no se veía. El embalse está lleno, a rebosar, como si no cupiera un litro más. Y cuando el sol lo alcanza, el agua se tiñe de un turquesa irreal, casi caribeño, que transforma el paisaje navarro en una postal de otro continente.
En la orilla, entre barcas de motor y paddle surfers, un grupo de chicas —vecinas de Sangüesa, Aibar y Eslava— revive una tradición de adolescencia: el primer baño del verano en su rincón favorito. Acaban de terminar el instituto y han elegido Yesa por encima de cualquier piscina. “Preferimos esto que las piscinas”, dicen entre risas, aunque reconocen que las aguas turbias “asustan un poco”.
Es una escena sencilla, de aire puro y luz intensa, que marca un momento: el umbral entre primavera y verano, entre el curso que ha finalizado y el descanso que comienza. Una estampa que podría pasar desapercibida, pero que esconde una poderosa sensación de tradición, de refugio natural, de Caribe inesperado a los pies de los Pirineos.