Conducir es convivir
Cuidado, conductores: multa de 200 euros por no mover un dedo
El buen hábito al volante de estirar el dedo izquierdo que sirve también para las peinetas puede evitar más de un disgusto


Publicado el 01/06/2025 a las 05:00
Los agentes de tráfico están al acecho. No importa el color de su uniforme, ya sea encarnado foral o verde benemérito. Pero los conductores ya están advertidos: quienes no tengan desarrollado el buen hábito de estirar el dedo corazón de su mano izquierda (no sean malpensados) para activar los intermitentes, se verán tarde o temprano con una bonita sanción de 200 euros en el bolsillo.
La desuso de las luces de intermitencia es una de las deficiencias más frecuentes que pueden observarse en la circulación diaria en carreteras, ciudades, villas y pueblos. Aunque se trata de un vicio muy extendido, también hay que reconocer que son muchos los automovilistas que están habituados a emplearlos correctamente la mayoría de las veces.
Los intermitentes son uno de los instrumentos a disposición del conductor para comunicarse con el resto de ususarios del tráfico. Sirven para informar a los demás sobre nuestras intenciones para girar, pasarse de un carril a otro, cambiar de vía o entrar y salir de un estacionamiento. Ello permite a los otros conductores anticiparse y, según su nivel de civismo, facilitar la maniobra que se vaya a realizar.
No vale darle a la palanquita una vez empezado el movimiento, un error que se sanciona con 80 euros. Debe avisarse con suficiente antelación para dar tiempo a que los demás conductores se percaten. Activar el intermitente tampoco otorga preferencia, ya que siempre debe primar la preferencia de paso de quien ocupa el carril al que vamos a pasar o incorporarnos.
Quienes no emplean en absoluto los intermitentes suelen pensar que esas luces parpadeantes son absurdas, ya que consideran que la propia ejecución de una maniobra es evidencia suficiente para informar al resto de conductores. Están también quienes dicen activarlos solo cuando hay otros usuarios en la vía, de forma que se autoconvencen de que sí lo hacen cuando es necesario y que en realidad no acaban haciéndolo la mayoría de las veces.
El secreto para no olvidarlos prácticamente nunca es ponerlos siempre. Sí, parece una razón de perogrullo, pero es la repetición constante la que termina por automatizar un buen hábito. Al igual que el conductor experimentado no piensa cuando coordina el embrague con el cambio de marchas, la automatización del uso de los intermitentes se adquiere gracias al uso continuo.
Entre quienes sí están habituados a darle a la palanquita, hay muchos que lo hacen mal en situaciones ordinarias como las rotondas o los adelantamientos. En las glorietas hay que emplearlos para pasar de carril a otro, de forma que cambiar a un carril interior hay que poner el izquierdo y usar el derecho para ir hacia uno exterior.
No deben emplearse para indicar que se sigue circulando por la rotonda, incluso aunque se vaya a dar una vuelta completa. Sí debe activarse para abandonar la rotonda con el intermitente derecho, maniobra que solo debe ejecutarse desde el carril más exterior. Tampoco es correcto mantener el intermitente izquierdo durante toda una maniobra de adelantamiento. Sólo hay que ponerlo para indicar cada uno de los cambios de carril, primero el izquierdo y luego el derecho.