Apagón
A 'Vilma' la operaron en la oscuridad
La esterilización de una perra de agua de cuatro años discurría normal en la Clínica Veterinaria Burlada, hasta que el apagón la convirtió en “una angustia”


Publicado el 04/05/2025 a las 05:00
El equipo de veterinarios de la Clínica Veterinaria Burlada tuvo que sacar adelante el pasado lunes una operación de esterilización a la perra Vilma sin luz. El apagón masivo que afectó a Navarra y toda España tuvo la culpa.
“No tengo mal cuerpo, bueno, no sé, ya soy muy mayor. Faltaba poco, pero piensas en qué hubiera pasado si ocurre media hora antes”, reconoce Leonardo Gainza, veterinario de 63 años, sentado en uno de las sillas de la entrada de la Clínica Veterinaria Burlada. La respuesta a esa conjetura sería que Vilma, una perra de agua de cuatro años, no se hubiera acabado de marchar junto con sus dueños Javier Gabarain y Edurne Campos minutos antes de esta entrevista. Atrás quedaba el susto cuando en el tramo final de su operación de esterilización todo el país se apagó.
La operación iba como cualquier otra hasta que de repente la sala se quedó en la oscuridad más absoluta. Algunos de los aparatos que dispone el equipo de veterinarios cuentan con una segunda vida, breve, pero suficiente para poder apurar el final. Tuvieron que maniobrar rápidamente y echar manos de la linterna de los móviles, pasar a manual la ventilación y luego despertar lo antes posible al animal. “Fue una angustia, hay que tener cuajo para seguir”, expresa el veterinario.


“TODO ES ELÉCTRICO”
Lo que era una intervención corriente se convirtió en unos minutos finales por responder a este hecho extraordinario. “El control anestésico se hace en base a una serie de monitores multiparamétricos que dependen de la luz. Luego nosotros utilizamos lo que llamamos ventiladores mecánicos. El paciente, la perra en este caso, respira porque el aparato le hace respirar, y todo eso es eléctrico”, explica Gainza, quien creía al principio que el apagón solo se había producido en el edificio, ya que se está cambiando la electricidad, y que se había reventando algo.
Javier Gabarain y Edurne Campos acudieron a la clínica con la incertidumbre de qué había podido pasar. “Cuando vimos la hora que era fue lo primero que pensamos”, cuenta Campos mientras Vilma, a su lado, jadea.
Ya en el resto de cosas, el apagón también hizo que casi todas las citas se anulasen y a las cinco de la tarde del lunes, hora de cierre de la clínica veterinaria, todavía no disponían de luz.