In memoriam

Miguel Ángel Linzoain Yarnoz, profesor en Jesuitas durante 30 años y con su alma en Artajona

Su familia le recuerda públicamente hoy, a los cuatro años de su muerte y después de no haberlo podido hacer entonces debido a las restricciones por la pandemia 

Miguel Ángel Linzoain Yarnoz /
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Charo Linzoain Pinillos

Publicado el 04/04/2025 a las 05:00

Una de las noticias que pasó fugaz en la Semana Santa de 2021 fue la del fallecimiento de Miguel Ángel Linzoain Yarnoz. En su momento, no tuvimos ocasión de reconocer debidamente la gran persona que fue como padre, abuelo, hermano, tío, amigo… ni su magnífica labor como educador y estudioso crónico. Por este motivo, como hija agradecida, aprovecho ahora para rendirle un merecido homenaje.

La vida nos ha dejado la cuenta pendiente de una despedida merecida, pero no se acaba el amor sólo con decir adiós; hay que tener presente que el estar ausente no anula su recuerdo, no compra el olvido y sigue por siempre en nuestros corazones.

Debemos compensar a toda esa gente que en su día nos dijo que les hubiera gustado despedirse, como ese grupo creado en su colegio, Jesuitas de Pamplona, donde fue profesor desde 1972 y hasta que se jubiló en 2002 y donde tantos expresaron lo mucho que les había apenado su partida. También compensar a su familia y sus amigos, una despedida con toda su gente unida en un pensamiento único de agradecimiento, respeto y admiración.

Ni el panteón más grande ni la urna más hermosa hubieran hecho justicia a la huella que dejó, porque de su mano muchos hemos cimentado nuestro presente y futuro.

Su funeral hubiese llenado la catedral de Pamplona, aunque él habría preferido su humilde Ermita de Artajona, su lugar junto a los suyos… SU SITIO. Porque las despedidas en Artajona son un regalo, son las despedidas más bonitas y dignas, llenas de emoción y respeto. Vivía en Pamplona pero Artajona es el pueblo del que siempre disfrutó, del que tan orgulloso estaba y el que compartía con todos los suyos.

Su triunfo más importante en la vida fue su familia, formada con su mujer, su compañera de vida durante 50 años. Las lecciones aprendidas por cada uno de sus diez nietos, “la luna siempre miente”. A unas horas de su partida, habló con cada uno de sus cuatro hijos. Sus tres nietas mayores atesorarán para siempre sus palabras y cumplirán con las promesas hechas.

Valoró mucho sus amistades, los de siempre, a los que todos llamamos tíos, los de su infancia a los que tanto quería, su mejor amigo, su hermano Juan Antonio, su familia elegida de Sevilla, ahora nuestra... Cuidó y ayudó a cada uno de sus sobrinos, nada más y nada menos que 27, de sus ocho hermanos, a los que quería y valoraba mucho, organizando comidas y momentos de todos juntos en su casa de Artajona, su hogar, donde ha dejado su alma.

Su mayor afición fue la pelota, cuántos frontones visitó de joven, y por supuesto su Osasuna, del que no se perdía ni un partido. Y fue un gran aficionado al mus, juego que le permitía desarrollar toda su estrategia mental. Yo diré que no tenía rival.

Todos estos aspectos los compartía con su habitual sonrisa, una sonrisa perenne, una herencia familiar que compartían los hermanos Linzoain, esa sonrisa de buena gente.

Miguel Ángel Linzoain fue un hombre tranquilo, con voz suave pero que se tornaba poderoso y firme al enseñar. Hoy le decimos de nuevo adiós públicamente. Gracias por tanto y perdón por no darte la despedida que te merecías.

La autora es hija del fallecido

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