Salud

Diana, mujer con misofonía: "No soportaba oír masticar a mi marido y me creía que era muy rara"

Diana es el nombre ficticio de una historia real. La que protagoniza esta vecina de un pueblo de la Zona Media de Navarra que prefiere no revelar su nombre. Por vergüenza a todo el sufrimiento acumulado desde su adolescencia

Los ruidos que más afectan a los pacientes son los de las personas más cercanas (familiares, amigos...)
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Los ruidos que más afectan a los pacientes son los de las personas más cercanas (familiares, amigos...)
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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 21/03/2025 a las 17:17

Diana no podía soportar escuchar la respiración de su hermana pequeña cuando las dos compartían habitación de adolescentes. Le pedía que se callara, daba golpes en el cabecero de la cama y se cubría los oídos con una almohada para no oír ese ruido con tanta fuerza. “Me decían que era una rara y una maniática. ¡Como si dependiera de mí que me molestara! Yo no lo podía evitar”. Así lo recuerda ahora, treinta años después, esta mujer de 42, madre de un niño y vecina de una localidad de la Zona Media de Navarra. Diana es el nombre ficticio de una historia real, la que ella ha protagonizado pero prefiere no revelar su identidad por todos los problemas que le ha ocasionado en su vida la misofonía, ese trastorno neurológico por el que no es capaz de soportar los sonidos diarios ocasionados por otros.

Diana fue cumpliendo años pero el problema no desaparecía. Al revés. Iba ‘in crescendo’. “No soportaba la música en la tele de los vecinos ni escuchar masticar a otras personas. Sobre todo, a mi marido y otros familiares. ¡Cuánto más cercanos eran a mí, mucho peor! Porque tenía la confianza de reprenderles por lo que hacían”. Una condición que pronto comenzó a condicionar su vida diaria. “Siempre llevaba tapones en los bolsillos, por lo que pudiera pasar. Y dejé de ir al cine porque no podía soportar escuchar a la gente comer palomitas. Tampoco quería ir a la playa porque había personas que ponían la música muy alta con los altavoces”, enumera ahora sus dificultades cotidianas. “Me ponía súper histérica, con un nudo de rabia contenida”.

Tan preocupada estaba con sus síntomas, que su médico de familia la derivó a salud mental y la psiquiatra, además de recetarle medicación, la derivó al psicogeriático San Francisco Javier, en el barrio pamplonés de la Txantrea, a una terapia de grupo. “Allí cada uno íbamos con nuestros traumas. El psicólogo me diagnóstico ‘hiperacusia’ (condición de hipersensibilidad auditiva). ¡Por fin alguien sabía algo! Aunque no acertó en el diagnóstico. Me aconsejaba que me pusiera ruidos blancos (el de la lavadora, un secador de pelo...) para desensibilizarme. Pero no lo hice porque a mí no me molestaban los ruidos altos sino determinados sonidos cotidianos”.

Pero Diana no desistió y continuó investigando acerca de su problema. Hace año y medio, dio con un grupo de Facebook, que se llamaba ‘misofonía’ y ahí encontró a otras personas con su misma condición. “Contacté con la psicóloga Celia Incio y una vez que tuve el diagnóstico me relajé. Sabiendo lo que me sucedía a y que había otras muchas personas como yo, ya no lo sentí como algo tan grave”.

Desde entonces acude a sesiones de psicoterapia lo que, recalca, le ha ayudado “muchísimo”. “Tienes que conocerte, indagar en tu vida, trabajar tus emociones y entender que la gente que actúa así y que a ti tanto te molesta no lo hace para molestarte”, explica. Los ruidos, subraya, van a seguir estando ahí. “Pero llegará el día en que aprenderé a convivir con ellos y no me ponga tan nerviosa”, confía.

En su caso, no sabe de dónde procede su misofonía. “No se sabe. Puede que sea por algún trauma infantil pero no hay una causa concreta”. Ella se define como una persona “controladora y perfeccionista”. “Por eso, como yo soy respetuosa y tengo cuidado con los demás, no soporto que otras personas hagan esos ruidos que me desagradan”.

La gente que la rodea, recalca, muchas veces no se toma muy en serio su problema. “Consideran que todo es psicológico”. Aunque, desde que ha conocido a otras personas a través de las redes sociales, se siente mejor. “Yo no me relaciono mucho con ellos pero me tranquiliza saber que no soy la única. Con lo que cuentan me veo reflejada y me siento mejor”. Por ahora, incide, lo que más le está ayudando es la psicoterapia. “He mejorado muchísimo al indagar en mí y conocer mi vida y mi problema”.

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