Salud
Dos de cada 10 personas no toleran los sonidos cotidianos que producen otros
Sufren misofonía, un trastorno neurológico que les genera ansiedad


Actualizado el 20/03/2025 a las 07:25
La chica no soporta la respiración de su pareja ni la forma de masticar de su hermana. No es solo que le molesten esos ruidos involuntarios y cotidianos sino que, al escucharlos, se pone muy nerviosa, se irrita, grita y hasta experimenta taquicardias. Pero como no sabe qué le sucede, se siente mal, no se lo cuenta a nadie y, además, las personas que la rodean consideran que es “una rara”. Pero esta joven no es un caso aislado y se sentiría mucho mejor al conocer que lo que sufre no es culpa suya sino que se trata de un trastorno neurológico llamado misofonía (del griego, aversión al sonido). Una realidad que le impide tolerar los ruidos del día a día, la mayoría causados de manera inconsciente por otras personas (la tos, el carraspeo...) o incluso por animales (ladridos del perro de un vecino). Este trastorno afecta a entre el 15% y el 20% de la población, más mujeres que hombres. Pero no a todos les afecta por igual. Ya que, entre el 5% y el 7% de los pacientes experimentan que su vida está totalmente condicionada por ese problema que les impide vivir con normalidad. Expertos y pacientes cuentan en estas líneas en qué consiste el trastorno y cómo se desarrolla su día a día con él.
La psicóloga Celia Incio Del Río es una de las mayores expertas de España en esta cuestión. Actualmente, dirige un gabinete de psicología sanitaria en Madrid, donde siete especialistas atienden únicamente a pacientes con esta patología de toda España. “Empecé a ver que cada vez llegaba más gente con estos síntomas y muchísimo sufrimiento. Cada vez hay más estudios al respecto y, por lo tanto, más diagnósticos”, insiste. Aunque de momento, añade, la misofonía es una alteración que no está incluida en ningún manual diagnóstico. ¿Y cómo se define? “Como la respuesta intensa y automática ante la escucha de algunos sonidos (masticar, respirar, sorber...) Para quienes la sufren no es una simple molestia sino que consideran que las otras personas son inadecuadas. Su reacción, continúa la psicóloga, resulta “desproporcionada”. “Sienten la necesidad de enfrentarse al otro y se generan conflictos de convivencia”.
Algunos familiares, sigue su explicación Incio, no comprenden por qué actúan así y creen que están actuando contra ellos “de manera personal”.
NO COMEN EN FAMILIA
Los signos de alarma brotan en cualquier momento pero suelen ser más frecuente en la adolescencia. “Es el momento en el que se activa el ‘pitorrito’. Aunque en algunos casos, los síntomas ya proceden de antes. Y hay niños que a los 7-8 años son incapaces de comer en familia y no soportan los ruidos de sus hermanos”. Las personas afectadas, insiste, se irritan o incluso “les cambia la cara”. “Sufren un montón porque el cerebro interpreta el sonido como una amenaza física. No lo ven como una simple irritación sino que, en muchos casos, les condiciona la vida... No pueden comer con otros, ir al cine...”
En los últimos cuatro años, subraya la especialista, se está impulsando una mayor investigación. “Aunque la mayoría de los médicos de familia no saben qué es ni en qué consiste el trastorno y son los propios pacientes quienes tienen que explicárselo”.
El tratamiento más aconsejado, además de que se pueden pautar ansiolíticos para rebajar los síntomas de estrés, recalca Incio, es la psicoterapia. “Hay que hacer una reestructuración integral del cerebro para que sepa que no ocurre esa amenaza que teme. Hay que evitar que se ponga en alerta”.
Aunque no existe un perfil claro de pacientes, sí que predominan las mujeres (suelen ser más rígidas, autoexigentes y sienten más permiso para expresar sus propias emociones). “Por lo general, son personas muy autoexigentes y perfeccionistas”, explica. Así, resume, los pacientes “no cuentan qué les pasa, se aíslan, se avergüenzan y, por ende, se sienten muy solos”.
MENOS TABÚES
La psicóloga concluye que, gracias a que aumentan las investigaciones y se conoce más el trastorno, resulta más sencillo identificarlo y los pacientes pueden reconocer que lo tienen “sin sentir que es un tabú”.
La terapia, recalca, ofrece muchos cambios. “Se puede regular la irritación que genera el ruido. El trastorno no se cura pero la idea es que no te condicione la vida. Cuando más estresada está una persona, más riesgo hay de que se viva con más ansiedad”.
En general, insiste, las personas que sufren misofonía experimentan altos niveles de autoexigencia en su vida y su rendimiento profesional. Por eso, conocer qué les ocurre y saber que no son los únicos a quienes les pasa les ayuda y tranquiliza.
NO SE CURA PERO SE PUEDE TRATAR
La misofonía es un trastorno que no se cura pero, aseguran los expertos, se puede tratar para mejorar la vida diaria de los pacientes. La directora del gabinete especializado en misofonía, la psicóloga Celia Incio Del Río, insiste en la importancia de la psicoterapia en su abordaje. “Se aprecian muchos cambios. El problema no desaparece pero se aprende a regular la irritación y a saber qué hacer cuando las personas está muy estresada”. La experta lamenta que muchos facultativos desconocen este trastorno y son los propios pacientes quienes tienen que explicarles en qué consiste. Celia Incio recalca que, aunque lo más efectivo es la psicoterapia, también se pueden prescribir ansiolíticos para rebajar el nivel de los síntomas.
