Inmigración en Navarra (VI)
Un matrimonio de una navarra y un ecuatoriano al frente de una tienda en Pamplona: "Mis padres decían que él solo buscaba los papeles y su familia me veía demasiado moderna"
María Eugenia Perete Ramos y Daniel Churo Lapo llevan siete meses al frente de un negocio de reparación de calzado y duplicado de llaves, situado en la avenida Carlos III junto al Monumento a los Caídos de Pamplona


Actualizado el 06/03/2025 a las 10:00
El espíritu emprendedor de la población navarra originaria de otros países queda demostrado por los hechos. Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 18,9% de la población en la Comunidad foral nació fuera de España. Exactamente son 128.133 personas de las 678.333 que habitan en la Comunidad foral en la actualidad. La inquietud por poner en marcha sus propios negocios es claramente mayor que el de la población local, ya que el 35% de las 359 cooperativas de trabajo asociado creadas entre 2021 y 2024 tenía detrás a personas migrantes. Estos datos los expuso el presidente de la Asociación Navarra de Economía Social (Anel), Ignacio Ugalde, durante el X día del emprendimiento colectivo celebrado a finales de noviembre del año pasado.
Les dijeron que no era buena idea mezclar amor y negocios, pero ellos han demostrado que la complicidad de una pareja puede ser el mejor pegamento para sacar adelante una microcooperativa. El matrimonio formado por María Eugenia Perete Ramos y Daniel Churo Lapo ha puesto en marcha una pequeña tienda de reparación de calzado y duplicado de llaves y mandos que abrió sus puertas el 2 de agosto del año pasado, justo el mismo día en que celebraban su 12º aniversario de boda.
Ubicado en la parte alta de la avenida Carlos III de Pamplona, justo en frente de la joyería Montiel y pegados a la droguería Garbi, el local que fue una heladería atiende a una creciente clientela que había quedado huérfana desde hace años ante la desaparición del antaño comercio familiar y personalizado.
Además de las dos especialidades de la casa, ofrecen todo tipo de servicios como el afilado de cuchillos y tijeras o cosidos, grabados, teñidos de bolsos y otros productos de piel y textiles. “Podemos arreglar desde un paraguas hasta un mando de tele”, presume este equipo en el que él pone la pericia técnica y ella la labia. No es el primer negocio que han puesto juntos, ya que llevaron el bar Adiskide entre 2014 y 2018, situado frente a la Servicial Vinícola.
Sin embargo, tuvieron que dejarlo cuando ella, que llevaba la cocina, sufrió una fractura de tibia y peroné que le obligó a permanecer en reposo absoluto durante seis meses. Tras encadenar varios empleos y algunos periodos en el paro, volvieron a animarse a ponerse de nuevo por su cuenta, aunque María Eugenia, que prefiere que le llamen Maru, tenía claro que no iba a ser en la hostelería.
PREJUICIOS FAMILIARES
Tanto Daniel Churo como Maru Perete admiten que comparten un punto de aventureros y que están acostumbrados a sobreponerse a la adversidad. Su propia historia de amor tuvo que superar los prejuicios de ambas familias, que no veían con buenos ojos la relación.
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“Mis padres no paraban de decirme que él solo quería regularizar sus papeles”, explica Maru cuando en su casa se enteraron que salía con un chico que, pese a que ya contaba desde años atrás con la nacionalidad española, provenía de Ecuador. Que Daniel hubiera elegido a una moderna pamplonesa de piel tatuada en vez de una tradicional chica de origen ecuatoriano tampoco sentó bien en el hogar de los Churo. Fue la buena disposición de ambos la que logró disipar poco a poco aquellos recelos iniciales.
Un flechazo unió sus vidas en 2012, cuando ella trabajaba de dependienta en una Tahona que Daniel Churo frecuentaba sin necesidad. “Vivía en frente y bajaba a comprar agua todos los días. Como si no tuviera agua en casa”, confiesa él. No tardó ni tres meses en pedirle matrimonio y en menos de un año pasaron por el altar. Doce años después, presumen de no haber discutido más que un par de veces pese a haber trabajado juntos por temporadas.
La idea de poner un negocio de llaves y reparación de calzado vino de Maru, que quería aprovechar la experiencia ganada por Daniel en los últimos años en el sector. Ha estado trabajando en una tienda de la cadena Mister Minit, dedicada precisamente a la misma actividad, tras un curso de cinco semanas en Barcelona.
Un tío de Maru les habló de Anel (Asociación Navarra de Empresas de Economía Social) para que se asesoraran sobre la posibilidad de crear una microcooperativa para dar forma al nuevo negocio. A partir de ahí, todo cogió una velocidad endiablada y solo tuvieron como único obstáculo el problema de la financiación. “Habíamos pedido la capitalización del paro, pero ha sido mucho más lento de lo que pensábamos. Al parecer, se han endurecido los controles para evitar casos de fraude”, explican.
Ello no fue inconveniente para ponerse a buscar local desde mayo del año pasado. La primera duda en despejar fue la elección del barrio. Dudaron entre San Juan, Burlada, Soto de Lezkairu y el Segundo Ensanche, aunque finalmente optaron por este último.
Rápidamente escogieron un local con un alquiler que les encajaba en su presupuesto y estaba en un lugar con mucho trasiego peatonal. Comenzaron a adecuarlo en plenos Sanfermines pese a que todavía tenían que resolver el tema del dinero. “El dueño fue muy comprensivo y nos permitió avanzar para abrir cuanto antes”, recuerdan de aquella etapa que fue muy agobiante.
Cuando parecía que estaban en un callejón sin salida, un “ángel” salió a socorrerles con un préstamo que les dio el impulso que necesitaban. Ahora muestran orgullosos su pequeña tienda que han bautizado como Damar fruto de la fusión de sus nombres de pila, Daniel y Maru.
Ya se han ganado una buena clientela gracias al boca a boca y a las dotes psicológicas de Maru, que no duda en pasar algunos minutos charlando con sus clientas, entre las que abundan las mujeres de edad avanzada. La capacidad de ejecutar pequeños trabajos y reparaciones para los que nadie daba soluciones unida a la empatía han facilitado la llegada de nuevos clientes entre los hijos y amistades de esas señoras que se sienten escuchadas y atendidas.
Daniel Churo Lapo nació en Quito (Ecuador) hace 39 años. Llegó en 2000 a Navarra siguiendo la estela de su hermana. Después vino el resto de la familia. Obtuvieron la nacionalidad española en 2005, un trámite del que se ocuparon sus padres y que el recuerda con viajes a Madrid a hacer el papeleo. Estudió en Salesianos un grado de diseño por impresión de artes gráficas.