Entrevista
Mª Ángeles Idiazábal (neurofisióloga): "No dormir bien desencadena patología cardiovascular y otras enfermedades"
La neurofisióloga María Ángeles Idiázabal, natural de Arteaga, montó hace más de dos décadas la clínica INCIA en Barcelona para abordar enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Hoy son ya diez profesionales y cada semana atienden a unos 150 pacientes


Actualizado el 03/03/2025 a las 09:51
Un chispa de luz barniza los ojos de María Ángeles Idiazábal Alecha (Arteaga, 1968) al hablar de sus padres. Ese destello en la mirada aparece cuando se le pregunta por el camino recorrido hasta ser una de las neurofisiólogas más veteranas y reconocidas de España. “Soy lo que soy gracias a ellos”, dice con la naturalidad de quien ya ha pensado en ello y lo tiene claro. Con esas siete palabras delata la profunda gratitud y orgullo que siente hacia ellos. ¿Y qué es María Ángeles gracias al ejemplo de sus padres? Entre otros muchos méritos, Premio Nacional de Medicina 2018 en Neurofisiología Clínica. Esta navarra dirige desde hace más de dos décadas el Instituto Neurocognitivo INCIA, en Barcelona. Se trata de un centro privado especializado en estimulación cerebral no invasiva para el tratamiento de enfermedades neurológicas y psiquiátricas (ictus, depresión, ansiedad, TOC, Parkinson, demencia, fibromialgia, SFC, dolor crónico...).
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Ella sola montó desde cero la clínica en una época en la que la sanidad pública no prestaba la atención que ella creía que merecía la neurofisiología. Decidió entonces emprender para trabajar en su vocación. Tras licenciarse en Medicina en la Universidad de Zaragoza, cursó el MIR en Neurofisiología clínica en el hospital Miguel Servet de Zaragoza, pero el último año de la especialidad decidió irse a La Habana (Cuba). “Allí tienen un departamento pionero en el mundo en utilizar métodos cuantitativos y de análisis de la actividad cerebral y del estudio de funciones cognitivas, como pensar, prestar atención, memorizar…, mediante herramientas como los potenciales evocados cognitivos”. Los potenciales evocados cognitivos, de forma sencilla, miden o estudian las señales eléctricas que genera el cerebro cuando, por ejemplo, recibe un estímulo.
La estellesa empezó con un pequeño despacho alquilado en una clínica privada. “Lo justo cabían las máquinas, una silla y una mesita y el paciente casi entraba de lado”, recuerda con una sonrisa. Para pagar aquel alquiler, trabajaba en otros centros médicos privados haciendo electroencefalogramas, estudios de sueño... hasta que, poco a poco, comenzaron a llegar pacientes. No olvida la primera, una mujer. Quizá fue un presagio, pero se llamaba Felicidad. Hoy, su clínica está en la calle Balmes y más de 150 personas acuden cada semana para ser atendidas por su equipo (otros 3 neurofisiólogos, 3 neuropsicólogas, 1 psicóloga, 1 bióloga doctora en neurociencias y 1 administrativa). A sus 57 años, madre de dos hijas (Ainhoa e Irache), “que son el motor de mi vida”, María Ángeles disfruta ahora de los frutos de un crecimiento profesional labrado con esfuerzo y pasión, pero en cuanto puede se escapa a su pueblo. “Aquí, en mi monte, en mi verde y con mi gente, recargo las pilas”.
¿Siempre quiso ser médica?
Sí, desde niña. Mi madre cuenta que primero decía que quería ser enfermera. En la familia no hay antecedentes de otros médicos. Siempre he tenido interiorizado el cuidar a las personas. Me ha gustado mucho siempre cuidar. Si volviera a nacer, volvería a hacer lo mismo. Volvería a estudiar medicina y seguiría los mismos pasos que he seguido hasta ahora. Lo tengo clarísimo.
Habla con devoción de sus padres.
Me considero una privilegiada con los padres que tengo. Mi padre, que empezó como agricultor y luego fue ganadero, ha trabajado siempre codo con codo con mi madre. Han sido personas avanzadas a su tiempo. Recuerdo a mi padre siempre leyendo, aprendiendo. Empezó a hacer el pienso para sus terneros y acabó vendiéndolo a otros ganaderos. Al final, montó una fábrica, Piensos Ega, que ahora llevan mis dos hermanos: Javier y José Luis. Recuerdo que había veterinarios que venían a casa a consultarle a él. Incluso ahora mira y lee las revistas de veterinaria. Y mi madre nos llevaba a Estella a clases de inglés, a nadar, a música... Todo para que aprendiéramos. Cogía el tractor y se sacó en aquellos tiempo el carné de conducir.
Usted también ha sido emprendedora. Ha creado su propia empresa: una clínica.
Es que en casa he visto luchar, no rendirse, arriesgar... Y el ejemplo de los padres te marca mucho. Mis padres nunca han sido conformistas.
¿Qué diferencia hay entre una neurofisióloga y una neuróloga?
El neurólogo es quien se dedica al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades neurológicas. Un neurofisiólogo realiza estudios para ayudar en el diagnóstico, pero también explora y realiza tratamientos para esas enfermedades. Me gustaba la neurofisiología porque ves de todo.Tienes que valorar al paciente desde la clínica, pero luego también puedes dar un diagnóstico por las pruebas que haces. Y puedes realizar controles para ver cómo evoluciona el paciente. Me parecía que era una forma más global de ver cómo funciona nuestro cerebro...
Ponga un ejemplo.
Un neurólogo con sospecha de epilepsia. Necesita que nosotros, los neurofisiólogos, hagamos un electroencefalograma para ver cuál es el foco de esa epilepsia, dónde está localizada, de qué tipo es para poner el tratamiento. Y luego, nosotros podemos hacer el control de cómo ha funcionado ese tratamiento con electroencefalogramas y otras pruebas.
Como observadora privilegiada de las enfermedades del cerebro y sistema periférico. ¿Cuáles van en aumento?
Todo el tema de la salud mental. Mucho. Todo lo que es depresión y ansiedad, que está muy relacionado con el estrés. También trastornos del sueño, que es importantísimo, vital, y es parte de nuestra especialidad. Luego, al ir en aumento los trastornos del sueño aumentan otras enfermedades. No tener un sueño adecuado, reparador o tener apneas sin corregirlas, aumenta la patología cardiovascular, puede provocar diabetes o empeorarla...
¿Qué hay detrás del incremento de esas enfermedades?
El ritmo de vida que llevamos. Es clarísimo. Llevamos un ritmo de vida muy acelerado, demasiado estrés y al sueño no se le damos la importancia que merece. El sueño, no dormir bien, es un factor predisponente y desencadenante de muchas enfermedades. Por ejemplo, un paciente con una apnea de sueño, o que no duerma bien, tiene un riesgo cardiovascular al mismo nivel que el tabaco. También favorece enfermedades metabólicas, cáncer, diabetes... Los pacientes que tienen diabetes también tienen más problemas de sueño.
¿Otras enfermedades asociadas a no dormir bien?
Obesidad, problemas del colesterol, trastornos inmunológicos, cáncer... Son todas enfermedades que se pueden prevenir mejorando y cuidando nuestra calidad de sueño.
¿A qué llama una buena calidad de sueño?
A dormir las horas necesarias en el horario que toca. ¿Cuántas horas son necesarias? Aquellas que te permiten estar al día siguiente descansado, física y cognitivamente. Hay personas que necesitarán siete; otras ocho y otras seis y media. No hay unas horas exactas para todos. Hay gente que dice: “Yo con cinco horas me vale”. Bueno, bien, pero lo más habitual son siete u ocho horas. También es fundamental que los horarios de sueño sean regulares. Eso significa irse siempre a dormir, más o menos, a la misma hora y levantarse a la misma hora. El horario regular de sueño es factor que no debemos descuidar.
¿Deben ser siete u ocho horas seguidas?
Te puedes despertar por la noche alguna vez y no pasa nada. Todos nos despertamos alguna vez y más conforme nos vamos haciendo mayores. No se trata de que las duermas seguidas, sino que sea un sueño reparador y de calidad.
¿Y cómo saber si tu sueño es de calidad?
Porque ves cómo te levantas. Si estás descansado, despejado, no tienes la cabeza embotada y cognitivamente estás bien, es un sueño de calidad. Si duermes esas ocho horas, pero durante el día tienes somnolencia, como si no hubieras descansado, estás fatigado y así, un día tras otro, pues igual hay que pensar que esas ocho horas dormidas no son de calidad. Uno sabe cuando tiene fatiga o es un mal descanso.
¿Qué frases suelen decir los pacientes con trastorno del sueño?
Dicen: “ Me levanto como si me hubieran dado una paliza”, “me levanto cansado como si no hubiera dormido” o “tengo mucho sueño durante el día”.
Son muchas las personas, jóvenes y no tan jóvenes, que se van a la cama con el móvil.
Una costumbre fatal. Las pantallas deben estar fuera de la cama. Sí puedes estar leyendo un libro en la cama. Y la televisión tampoco la pondría nunca en la habitación. La habitación es para dormir. Si quieres ver la tele, la ves en el sofá, y luego te vas a dormir.
¿Qué más errores cometemos, aparte de las pantallas y la televisión en el cuarto?
Cenar copioso o tarde. Hay que cenar ligero y dos horas antes de irse a dormir. Hay que hacer ejercicio, pero no muy cerca de la hora de dormir, porque entonces nos activa, suben las endorfinas y nos cuesta dormir. Estos serían los principales hábitos y, subrayo, con horarios regulares.
Hay muchas personas que toman ayuda farmacológica para dormir. Hay un debate al respecto.
Sí, sí. España es el país del mundo que más benzodiazepinas consume. La pastilla es la solución fácil. No hay medicinas o fármacos buenos ni malos. La cuestión es si está o no indicado. En un momento determinado, un especialista te puede recetar una medicación concreta y controlada. Y otra cosa es que lo que oímos: “Tomo esto porque me lo dio mi vecina”. Se tira mucho de esto en vez de buscar unas buenas medidas higiénicas de sueño, hacer meditación, ejercicio, relajación...
¿Qué debe hacer una persona con problemas de sueño, de insomnio?
Lo primero es ir al psicólogo para hacer la terapia cognitivo-conductual que te ayuda a enfrentarte al problema. Esta terapia mejora mucho el insomnio antes de recurrir rápidamente a la pastilla.
No le he preguntado por la siesta.
No es buena ni mala. 30 o 40 minutos pueden ayudar, pero no de una hora o más.
¿Qué perfil de pacientes van con problemas de sueño?
Antes venía más gente mayor. Y ahora, aunque la franja mayoritaria son personas de 40 a 60 años, cada vez vemos más gente joven, que viven con los horarios cambiados. He visto chicos que han dejado de ir a clase por las mañanas porque no habían dormido. Eso no puede ser.
DNI
Mª Ángeles Idiazábal Alecha (Arteaga, 6 de febrero de 1968). Hija de Jesús Idiazábal Alegría y Gregoria Alecha Monreal. La única hija y la mediana de dos hermanos (Javier y José Luis), estudio Medicina en Zaragoza y se especializó en el Miguel Servet y en La Habana (Cuba) en Neurofisiología clínica. Vive en Barcelona desde 1998, donde montó la clínica INCIA. Es madre de dos hijas (Ainhoa e Irache). “Me siento satisfecha porque he podido pasar tiempo con ellas y dedicarme a lo que me gusta”. Arteaga es su rincón favorito y disfruta con un plato de borraja o espárragos y con sus amigos de Falces. Además, cuenta con un máster Internacional en Diagnóstico Neurológico (Universidad de Barcelona) y fue Premio Nacional de Medicina 2018 en Neurofisiología Clínica. Como película, elige 'El club de los poetas muertos'; como libro, 'En contra del destino' de Amy Tan; y como recuerdo de infancia: "Cuando mi madre nos llevaba a mis hermanos y a mí a merendar a una pastelería que está en Estella. Era un momento especial, y que hemos compartido a lo largo de todos estos años y luego con mis hijas. Ahora cuando vienen mis hijas, ir a desayunar o a merendar al mismo sitio es obligatorio si estamos en Estella".