Sor Pilar Acarreta Redín, misionera de Larraga


Publicado el 17/01/2025 a las 07:41
Sor Pilar Acarreta Redín nació en Larraga, el 26 de abril de 1937. Fue la tercera de los cinco hijos que tuvieron Julián y Balbina. Un 15 de agosto, con sólo 16 años, salió de su pueblo natal hacia Palma de Mallorca para ingresar en la Congregación de Misioneras de los Sagrados Corazones de Jesús, donde profesaría los votos perpetuos con 21 años.
Después de haber estudiado Magisterio en el colegio La Pureza de Palma, fue destinada al Colegio Jesús y María Presentación, hasta que, en 1962 regresó a Navarra, a Castejón, para impartir clases. Fue una persona tan entregada y válida que la eligieron Superiora General en 1975, cargo que sustentó y dignificó durante doce años.
Poco tiempo después, emprendería el viaje de su vida a Ruanda para promocionar las fundaciones de su congregación y formar a jóvenes. Pero su mayor preocupación y labor, como buena misionera, fue llevar la alegría y la salvación de Cristo a los rincones más olvidados, dando a conocer el carisma y la espiritualidad de su congregación. Hizo tal labor que, actualmente, se mantiene viva en el país africano, donde pasó incluso una guerra civil de la que contaba a sus sobrinos tantas historias aterradoras.
Tras casi treinta años como misionera, la vida la sorprendió con un ictus que le obligó a regresar a España. Aunque su corazón quedó para siempre en Ruanda. Castejón la volvió a acoger y allí ha terminado sus días dedicándose en cuerpo y alma a acompañar y escuchar a enfermos, llevándoles a Cristo en la comunión.
Pero al margen de su currículum profesional, era “la tía monja”, como la llamábamos todos los sobrinos. ¡Qué recuerdos tan bonitos nos ha dejado a todos!
La bondad y la paz que transmitía eran fruto de su profunda fe. Así lo ha dejado en cada persona que ha pasado por su vida. Era impresionante y todos los que lo han hecho lo saben. Ha sido un ejemplo de vida y, aunque para la familia es doloroso saber que ya no vamos a volver a abrazarla, ni a contemplar esa sonrisa suya tan especial, seguro que desde el Cielo nos cuidará y guiará a todos con el mismo amor que lo hizo en vida.
Con el corazón lleno de amor y agradecimiento por su vida, también queremos dar las gracias a todas las hermanas de Castejón; en especial a la hermana Sor Juanita, de Larraga, hermana y amiga desde la infancia de sor Pilar, por todos los cuidados recibidos y, sobre todo, por tantísimo cariño. Seguiremos visitándoos.
¡Descansa en paz, tía!
*La autora es sobrina de la fallecida y escribe en representación de toda la familia