Yendo y viniendo a la Dana de Valencia
El milagrés Houmad Hamdouni trabaja las noches de viernes a domingo en Florette y, después, el resto de la semana, acude a Paiporta a ayudar a las personas afectadas. Colabora con la asociación 'Los Bajos de la DANA'


Publicado el 30/11/2024 a las 19:00
Se considera “un voluntario más” de los cientos que han acudido hasta las localidades devastadas por la DANA de Valencia, hace ahora un mes. Pero no. No todas las historias son iguales. La del milagrés Houmad Hamdouni es la de un joven de 23 años que trabaja los fines de semana (las noches del viernes, sábado y domingo) en la empresa local Florette y, cuando termina su turno, a las 6 de la madrugada de los lunes, se monta en su coche para viajar hasta Valencia. Allí permanece y realiza las tareas que le asignan hasta el siguiente viernes, cuando regresa a su puesto de trabajo después de conducir los más de 400 kilómetros que separan la villa navarra de Valencia . Incluso, el primer fin de semana de las inundaciones renunció a trabajar, a su salario, para quedarse donde consideró era más útil.


Yendo y viniendo a Valencia. Así está siendo la vida de Houmad Hamdouni en el último mes, desde que el 29 de octubre el horror de la fuerza del agua estremeció a España. “Las imágenes y vídeos me rompían el alma. Sentí que necesitaba ir. A veces criticó que en la sociedad andamos desunidos y consideré que era el momento de hacer algo. No sé. Siempre me ha gustado ayudar a la gente”, comenta este joven, voluntario también en DYA y que, compagina su trabajo, con los estudios para opositar a policía foral.
Houmad no lo dudó. Cogió el coche, compró de su bolsillo 300 litros de agua en un supermercado de Tudela y se plantó en Paiporta. “Iba a la aventura. En una parada del viaje contacté con un grupo de voluntarios a través de Telegram. Acabé en colegio Jaume I, de Paiporta”, cuenta.
Para este joven, criado en Milagro desde los 3 años y donde se siente “muy del pueblo”, el panorama que se encontró superaba con creces las imágenes. “La verdad, verla en directo, con la cara de las personas que han perdido todo, es muchísimo más cruda que lo que se refleja por televisión”.
Además de ayudar en limpieza, le asignaron ayudar en el reparto de comida, de ropa y de otros materiales. En este tiempo se ha unido a una asociación, bautizada como ‘Los Bajos de la Dana’, formada por un centenar de voluntarios y cuyo objetivo es reacondicionar, especialmente, los bajos de los edificios, que son las casas a ras de suelo, las más perjudicadas por las inundaciones. “ Mi idea es ayudar hasta que vea que mi ayuda no es necesaria, pero ha pasado un mes y todavía hay muchas carencias”.
Cuenta que la asociación, que no acepta dinero, se centra en este momento en deshumidificar los bajos. “Hay gente que está viviendo con moho, con humedad. O, simplemente, no pueden vivir porque la casa no reúne aún condiciones”. Para Houmad es desolador la cantidad de necesidades de esas personas para retomar sus vidas. “El agua les llegó a muchos hasta el techo. No tienen de nada. Les faltan electrodomésticos y muebles, pero antes cañones de calor y deshumidificadores potentes, industriales incluso, porque hay viviendas con niños y ancianos”, apunta. El joven expone que el teléfono de la asociación es el 610 257456. “Creo en la solidaridad, en la bondad de las personas y en la fuerza de la unión. Tenemos todas las donaciones digitalizadas y visitamos a cada solicitante para comprobar el estado de su bajo y poder priorizar. Tenemos más de 500 solicitudes de ayuda”.
Javi puede dormir en un colchón gracias a la ayuda de jóvenes como Houmad
Cuando le pedimos a Houmad que cuente cómo es su trabajo solidario en la asociación 'Los Bajos de la DAN' nos manda un vídeo como respuesta. Lo dice todo. En el vídeo, un grupo de jóvenes, entre los que se encuentra Houmad (sudadera amarilla), llevan a casa un colchón a casa de Javi, un señor que está a punto de jubilarse. La habitación está vacía. Y las paredes, descascaradas y sin rastro de pintura, delatan los estragos del agua. Solo en una pared se ve un atisbo de vida: un crucifijo colgado.
Javi recibe el colchón donado como una auténtica fiesta. "Vivo solo y me faltan cuatro meses para jubilarme. La casa se ha quedado destrozada. Afortunadamente, cuando la inundación, estaba de viaje, trabajando con mi camión por Asturias", cuenta Javi en una llamada telefónica. Este vecino de Catarroja aprovecha para agradecer la ayuda de la asociación. "Estamos saliendo adelante gracias a la gente anónima como los jóvenes de esta asociación. El agua llegó en mi casa metro y medio y he tenido que tirar prácticamente todo. Es la casa de mis padres, me la quedé yo y justo había terminado de pagarla. No tengo casi ahorros. Por lo menos ahora, tengo un colchón donde dormir...".