Jesús Huarte Beaumont, empresario y mecenas


Actualizado el 16/11/2024 a las 09:25
Con cerca de 101 años ha fallecido Jesús Huarte Beaumont (Pamplona, 1924), hijo mayor de D. Félix (Pamplona 1896-1971) y Dª Adriana (Buenos Aires 1901-Pamplona 1994), último superviviente de la familia. Este texto lo realizo como expresión de respeto y admiración al fallecido y a la obra de la familia Huarte-Beaumont por Navarra.
Es conocida la historia y ejemplo de esta familia en la promoción social y económica basada en el trabajo, el esfuerzo, el mérito y la filantropía, su compromiso real con su tierra y su contribución a la transformación y mejora colectivas. Así se le reconoció por el Gobierno de Navarra en la entrega de la medalla de oro a Dª Adriana en 1991 y a D. Félix en 2014, junto a Miguel Javier Urmeneta, promotores del Plan de Promoción Industrial (1964), que transformó la economía y sociedad navarras.
Sus hijos Jesús, Juan, María Josefa y Felipe participaron de las mismas cualidades personales, con mayor formación intelectual y sensibilidad artística, que expresaron como mecenas del arte y la cultura, siendo amigos de los artistas españoles más importantes contemporáneos. Como ejemplo destacaré que sin el gran esfuerzo y muchísima paciencia de Juan Huarte no hubiese sido posible la espléndida realidad del Museo Oteiza de Alzuza, tanto en el contenido de la obra del artista como en el edifico de Sáenz de Oiza (Cáseda 1918-Madrid 2000).
El paso del tiempo y el cambio generacional han hecho olvidar en la memoria colectiva de la sociedad navarra la aportación que la familia Huarte, por medio del primogénito Jesús y su hermano Juan, hicieron a la renovación cultural y artística con los Encuentros de Pamplona de 1972. Fue un exponente más de su esfuerzo por modernizar Navarra en lo cultural, cuando ya estaba consolidándose de modo irreversible el cambio socio-económico al que tanto habían aportado.
Los ‘Encuentros’ tuvieron su origen en la voluntad familiar de homenajear a D. Félix con actividades musicales, encomendándolo al compositor y director del centro ALEA de música electroacústica Luis de Pablo. Su contrapropuesta, realizada con el pintor Alexanco, fue un festival de arte integral de vanguardia en Pamplona como la ‘Bienal de Venecia’ y la ‘documenta Kassel’ de Bode y Halfmann, incluida una ‘muestra de arte vasco’ con artistas reconocidos como Oteiza, Chillida, Ibarrola, Blanco y otros. Se inauguró el 26 de junio de 1972 y ha pasado a la historia de arte español como el punto de quiebra del clasicismo historicista del franquismo por la presencia de las nuevas corrientes y vanguardias internacionales. Para el director del Reina Sofía Borja-Villel fue “el acontecimiento más importante de la segunda mitad del siglo XX en España”.
Los conciertos, el cine, la pintura y la escultura se mostraron en sus más radicales e innovadoras obras. Lo que más sorprendió a la ciudadanía pamplonesa fueron las chocantes performances del trio JAZ, de Gizburg o Valcárcel, el arte efímero de los tenderetes colgados con ropas de mil colores, el forrado con verduras de las esculturas del paseo de Sarasate y de la fachada del Ayuntamiento, los andamios tubulares con colchonetas y, sobre todo, las esculturas-ninots de estética pop del antifranquista ‘Equipo Crónica’ (Valdés, Solbes y Toledo). Representaban en cartón personajes sedentes, oscuros y siniestros, presentes en los eventos como “espectadores de los espectadores”, parodia de la ‘Brigada Político-Social’, que observaba las obras y los comportamientos de los participantes. Fueron la referencia más popular de los Encuentros y, muchos de ellos, acabaron en domicilios particulares asustando a los moradores cuando al amanecer se los encontraban en el cuarto de estar o en la escalera. Las cúpulas del arquitecto Prada, símbolo de evento, de PVC con fortísimo olor a plástico matizado con vainilla y difícil acceso anatómico nada metafórico, se convirtieron en un foro para un incipiente debate político contra el régimen. Chillida y Oteiza generaron uno de sus conflictos habituales por la presencia de sus obras y las de otros artistas. La ‘Generación automática de formas plásticas y sonoras’ y el ‘Arte programado’ matemáticamente por ordenadores estuvieron presentes con la txalaparta, el flamenco y el arte oriental. La pintura de Blasco contra el proceso de Burgos fue retirada acompañándole Ibarrola y Chillida. Una semana de “revolución cultural” en que la ciudad estuvo llena de un arte difícilmente comprensible para una “capital de tercer orden” que caminaba para situarse en el primero.
El evento fue utilizado por los grupos de la oposición al régimen. ETA participó con dos artefactos explosivos. El PCE rechazó el arte decadente promovido por constructoras para ricos legitimando al régimen. Sectores tradicionalistas distribuyeron octavillas condenando la presencia en la ciudad de artistas descalificados por la supuesta profesión de las mujeres y orientación sexual de los varones. Grupos cuya existencia era desconocida utilizaron el momento para hacerse presentes. Quienes sugirieron actos de desagravios no tuvieron eco, signo de que algo estaba cambiando.
Todo ello obligó a Jesús Huarte a mantener un seguimiento directo, interviniendo allí donde surgía un conflicto para superarlo, en un diálogo permanente con el gobernador civil (’poncio’ en el léxico local del momento) Gerona de la Figuera, que mantuvo un difícil equilibrio para permitir que los Encuentros llegasen a su fin. A pesar de todo, Huarte siempre entendió que habían sido una aportación brillante a la renovación artística desde su Pamplona, convertida por unos días en capital cultura de España con eco mundial. Valoró que había merecido la pena el esfuerzo económico, organizativo y personal convencido del sentido social y de progreso colectivo de la cultura. Fue la forma positiva de ver los hechos por un mecenas sensible a la modernidad y avanzado respecto a la sociedad de su tiempo, como lo fue siempre la familia. También por ello hemos de estarle agradecidos, deseando que descanse en paz.
El autor fue presidente del Gobierno de Navarra.