Obituario
Carmen García Aragón, esfuerzo y amor hacia su familia


Publicado el 14/11/2024 a las 08:14
Carmen García Aragón (Carmina para familiares y amigos) nació en Madrid un 19 de febrero de 1940 en una familia de cinco hermanos. Conoció la postguerra en la capital, pero también pasó su adolescencia entre clases de baile en la calle Arenal junto con tardes de pandilla y patines heredados, en los alrededores de la plaza de las Ventas. Trabajó en compañías de teatro y revistas por toda España y tras casarse con mi padre, Tomás Mena Arrazubi, a quién había conocido mientras él estudiaba arquitectura técnica en la Universidad de Madrid, se mudó a Navarra. Aquí residió primero en Villafranca y desde 1972 en Tafalla, dónde se desempeñó como madre de familia numerosa. De los años de formación mamá conservó el ser una virtuosa intérprete de castañuelas y también el don de saber contar historias. Así, aprendimos de memoria anécdotas cuyos protagonistas resultaban ser personajes de la televisión y aún recordamos misteriosas historias de los bailarines daneses que fueron sus profesores y que, como colaboracionistas de los alemanes, buscaron refugio en la España franquista. Su álbum de fotografías en blanco y negro es hoy una pieza de coleccionista y en todo caso de su paso por la escuela de danza aprendió la disciplina, el valor del esfuerzo y la puntualidad. Con el devenir del tiempo, mamá formó parte de la vida social de la ciudad y practicó la solidaridad cuando estaba de moda la caridad. Apasionada por la poesía, participó en recitales literarios, así como en programas semanales de radio. También publicó dos libros de cuentos y poemas en 1993 y 2020. De niños dimos por descontado su trabajo y hoy comprendemos que su esfuerzo se debió a un inmenso amor hacia su familia.
El 15 de octubre a las 5 de la mañana su corazón dejó de latir. Entonces perdí a mi mejor consejera, a mi protectora, a mi sanadora, a mi mejor amiga. Tras su fallecimiento escucho que debo hacer el duelo, pero como buen hijo de mi madre haré lo que considere, pues el tiempo no todo lo cura, sólo permite que el instinto te ayude a sobrevivir. Mi madre no era un ser perfecto, pero era un ser extraordinario. Pensamos que en la vida habrá siempre una primavera, siempre un verano, siempre un otoño, siempre un invierno, pero miro por la ventana y comprendo que ya no vivirá otras hojas amarillas. Yo también dejaré algún día de conocer un otoño y entonces, estaremos juntos otra vez.
El autor es hijo de la fallecida.