Muchas chicas con TDAH no son diagnosticadas hasta la adolescencia

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad afecta al 7% de los menores

Marta Martínez y Pedro Mateos, con su hijo Enatiz, de 11 años, en la sede de ADHI esta semana.
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Marta Martínez y Pedro Mateos, con su hijo Enatiz, de 11 años, en la sede de ADHI esta semana.
Marta Martínez y Pedro Mateos, con su hijo Enatiz, de 11 años, en la sede de ADHI esta semana.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 25/10/2024 a las 07:34

No son son vagos, movidos ni irrespetuosos. Lo que ocurre es que presentan un trastorno neurológico que afecta a algunas funciones de su cerebro, como el movimiento, el control de los impulsos o la capacidad para mantener la atención. Se trata de las personas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una condición que afecta a entre el 5% y el 7% de los menores. Por lo que en una clase de 25 alumnos, estadísticamente, habrá uno o dos con estas características. Con motivo de la celebración este domingo del ‘Día Nacional del TDAH’, afectados, familias y profesionales recuerdan que se trata de un trastorno frecuente, que supone el 40% de los motivos de consultas en salud mental infantojuvenil y recuerdan las características positivas de estos menores.

La psiquiatra Rebeca Hidalgo explica que, aunque los síntomas puedan observarse desde edad preescolar (3-5 años), el diagnóstico no suele llegar hasta los 6 o 7, “coincidiendo con el aumento de las demandas escolares que hace más evidentes las dificultades”. Respecto del género, añade, se diagnostica más frecuentemente en niños que en niñas (en una proporción de 3 a 1), lo que “no significa que sea menor en chicas”. La presentación, no obstante, suele ser diferente. En los niños, recalca, se muestra mayor hiperactividad física, comportamientos más disruptivos y una impulsividad más evidente. En las niñas, sin embargo, se manifiesta de forma más sutil. “Predominan los problemas de atención, tendencia a “soñar despiertas”, mayor ansiedad y esfuerzo por compensar sus dificultades”. Esta diferencia, insiste, explica por qué muchas féminas no son diagnosticadas hasta la adolescencia o edad adulta “cuando las demandas académicas o laborales superan sus estrategias”.

Hidalgo ilustra el TDAH como una orquesta cuyo director tuviera dificultades para mantenerla sincronizada. Pero recuerda que el trastorno no define el futuro de quien lo presenta. “Muchas personas desarrollan habilidades extraordinarias (creatividad, pensamiento innovador, capacidad para resolver problemas, entusiasmo sobresaliente...) No es casualidad que muchos adultos exitosos tengan TDAH”.

Psiquiatras y psicólogos coinciden en el trabajo conjunto con las familias

Alrededor de la mitad de los menores con TDAH toma medicación para tratar sus síntomas. Aunque las pastillas no lo son todo y se precisa otro tipo de tratamiento, según coinciden los profesionales. La psiquiatra Rebeca Hidalgo y la psicóloga infantil y juvenil Leyre Falces arrojan algo de luz en este asunto. “A mí me gusta explicar el tratamiento como la construcción de una casa: necesita buenos cimientos y diferentes elementos”, apunta Hidalgo. Y recalca que es como un taburete de tres patas: intervención psicológica, apoyo psicopedagógico y el tratamiento farmacológico, cuando es necesario.

La medicación en el TDAH, explica, funciona como unas gafas. “No cura pero ayuda a funcionar mejor mientras se utilizan”. Los más habituales, enumera, son los psicoestimulantes (metilfenidato), de acción corta o prolongada, y los no estimulantes, (atomoxetina), muy útiles cuando hay ansiedad añadida.

La psicóloga Leyre Falces, que trabaja en la asociación ADHI y en su consulta privada, insiste en que en terapia es preciso trabajar con el menor y la familia. “Si el trabajo es solo con el menor, no suele funcionar”. Para las familias, subraya, suele resultar complicado acompañar a estos niños, ya que, en algunos casos, tienen más de un hijo con este trastorno. “Es esencial dejar de ver al menor como un problema. Los padres, a veces, se juzgan, se culpan y se frustran”. Pero es preciso, recalca, que se mantengan “fuertes” para disfrutar de sus hijos. “Muchas veces, existe una base genética y los padres presentan TDAH sin tener diagnóstico”.

A este respecto, Hidalgo revela que, según estudios científicos, el TDAH se hereda entre el 74% y el 80% de los casos. “Lo que lo sitúa entre los trastornos del neurodesarrollo con mayor influencia genética. “Muchos padres y madres se ven reflejados frente a un espejo”, añade Leyre Falces.

Las profesionales consultadas coinciden en que el TDAH representa entre el 30 y el 40% de las consultas en salud mental infantojuvenil. “Muchas veces vienen con otros síntomas, por ejemplo, ansiedad, y al destapar, vemos que el origen es el TDAH”, apunta Leyre Falces. Hidalgo subraya, además, que el TDAH actúa como un imán y a trae otras condiciones en más del 50% de los casos. Las dificultades de aprendizaje, como la dislexia, son especialmente frecuentes (entre el 25 y el 40% de casos), al igual que la discalculia o la disgrafía. Los problemas emocionales, sobre todo la ansiedad, también son frecuentes (afectan a un tercio), igual que los de conducta (como resultado de la frustración).

Más allá de esta situación y dificultades, los profesionales de la salud mental, insiste Hidalgo, deben ir más allá de un mero tratamiento de los síntomas. “Tenemos que ayudar a construir un camino hacia el éxito personal, académico y social, adaptado a cada individuo y su circunstancia”. El TDAH, subraya, puede presentar desafíos pero también ofrece “oportunidades únicas para el desarrollo de habilidades especiales que nuestra sociedad necesita y valora cada vez más”.

Una situación que corrobora su colega Leyre Falces. “Los menores con TDAH son más creativos, emocionales, nobles y tienen ‘más chispa’ que los demás”.

LAS FAMILIAS SE QUEJAN

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