Derecho a la información y terrorismo
Expertos alertan del riesgo de caer en la “fascinación por la violencia” entre los periodistas
La Universidad de Navarra acoge la celebración de la III Jornada ‘Contar el Terror’ que ha contado con la presencia del ministro Grande-Markaska


Actualizado el 18/10/2024 a las 10:07
La Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra ha acogido este jueves la III Jornada ‘Contar el Terror’, un encuentro en el que víctimas, escritores, historiadores y periodistas ponen en común sus reflexiones en torno a las causas del terrorismo y su efecto nocivo sobre la sociedad. Ha sido el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, el encargado de dar el discurso del acto de apertura y se ha dirigido a los alumnos presentes para prevenirles de la tentación de “romantizar” la violencia. “Los grupos terroristas recurren a distintas estrategias para multiplicar los efectos propagandistas de sus acciones. Los profesionales de la información deben evitar convertirse en involuntarios canales de difusión y de caer en la trampa de validar discursos terroristas”, les ha aconsejado.
El arranque de la jornada también ha contado con la intervención de la vicedecana de la facultad, María Jiménez, quien tras un breve repaso de algunos insignes exalumnos ha dado paso a la primera invitada, la escritora Luisa Etxenike, que ha sido entrevistada por Beatriz Gómez, profesora del centro. La escritora vasca, premio Euskadi de literatura, ha abogado por recuperar el terreno perdido frente a ETA en muchas capas de la sociedad europea, en la que la banda terrorista ha logrado colocar su relato con “una visión que les mitificaba como héroes libertarios”.
“Si solo escribimos para los convencidos, para los que comparten las mismas creencias, nuestro relato es mudo. A lo largo de tantos años de terrorismo, la diplomacia española lo ha hecho bastante mal y no ha sido capaz de contrarrestarlo”, ha censurado aprovechando la presencia del ministro, que se ha quedado a escuchar a Etxenike. La intelectual ha admitido que no es una labor fácil en una sociedad en la que “hay una clara fascinación por la violencia” que, en ocasiones, “puede ser bienintencionada”. Por ello ha propuesto como mejor antídoto el testimonio de las víctimas, ante el que las personas tienen “una inmediata reacción positiva”.

Etxenike se ha mostrado preocupada por la falta de “competencias lectoras” de los jóvenes, lo que les incapacita para “descifrar los mensajes” de un lenguaje que requiere entrar en los matices para entender a las víctimas. “El conocimiento de uno y del otro siempre es alta tecnología y requiere un lenguaje capaz de monitorizar los que sentimos. Si no, somos vulnerables a los lugares comunes y las categorizaciones”, ha explicado.
Pese a todo, se ha mostrado optimista respecto a “las nuevas generaciones” en el País Vasco, de las que espera que surja “el ímpetu de cambio” frente al terror que llegó a paralizar a la sociedad entre otras “secuelas”. Estas secuelas pueden verse todavía hoy cuando los afines a los terroristas siguen “ocupando el espacio común”, como sucede durante “las fiestas populares”, con “propaganda y pancartas”.
La escritora, interpelada por el público, también se ha mostrado crítica con la falta de transparencia y de debate público que ha habido en relación con el cambio en la política penitenciaria y la reducción efectiva de penas a terroristas de ETA, una afirmación que ha provocado aplausos espontáneos.
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La rectora se disculpa por los insultos al ministro
“La cortesía es el sinónimo de la civilización”, había parafraseado la escritora vasca Luisa Etxenike a un filósofo francés durante su intervención durante la III Jornada ‘Contar el Terror’ que se ha celebrado este jueves en la Universidad de Navarra. No lo ha debido escuchar un pequeño grupo de alumnos, que han increpado al ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, con insultos homófobos y descalificaciones cuando abandonaba el centro tras el acto de apertura. Había cierta expectación por la presencia de Grande-Marlaska en plena polémica por la rebaja de condenas efectivas a etarras y un día después de que fuera imputado el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por la filtración de datos reservados en el caso de fraude fiscal de la pareja de la presidenta del Gobierno de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
A la entrada del ministro, los pocos alumnos que se han situado en el acceso a la Facultad de Comunicación se han mantenido en silencio. Solo un muy tímido silbido, casi imperceptible, ha sido el único gesto de desaprobación. Sin embargo, durante la pausa del café, se ha podido escuchar en algunos corrillos de alumnos cómo mascullaban insultos contra el ministro. Un par de decenas de ellos han aprovechado la salida de Grande-Marlaska por una puerta lateral para insultarle y gritarle “¡que te vote Txapote!”, expresión cuyo uso ha sido repetidamente censurado por las víctimas del terrorismo.
La rectora de la Universidad de Navarra, María Iraburu, ha condenado rotundamente el “lamentable e injustificable” comportamiento de este pequeño grupo de alumnos contra el ministro de Interior. “Son hechos condenables en cualquier ámbito, pero especialmente en una institución universitaria”, se ha disculpado Iraburu.
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Cuando los terroristas eran “como estrellas del rock” en los años 70
La década de los 70 del siglo pasado estuvo marcada por una eclosión de grupos terroristas en toda Europa occidental vinculados a grupos extremistas de izquierda y derecha. Entre los más conocidos, los miembros de la banda Baader-Meinhof en Alemania, también conocida como Fracción del Ejército Rojo, representaban para muchos una muestra de rebeldía e inconformismo juvenil. “Parecían estrellas de rock”, les ha definido el periodista y escritor Manuel Calderón, autor del libro ‘Hasta el último aliento’ sobre la vida de Salvador Puig Antich, durante la celebración de la III Jornada ‘Contar el Terror’ que se ha celebrado en la Universidad de Navarra. Este “terrorismo pop”, que también tuvo como uno de sus máximos exponentes la nieta del magnate de la prensa estadounidense William Hearst, se caracterizaba por su desprecio “a la vieja izquierda” representada por el “militante abnegado y duro”.
Calderón incluía a Salvador Puig Antich, condenado a muerte en los últimos años del franquismo por la muerte de un policía durante su detención, en esta generación de terroristas que provenían en su mayor parte de familias adineradas. “Vivían desconectados de la realidad social y pensaban que la clase trabajadora estaba a un paso de la insurrección armada. Sus fundamentos teóricos eran una diarrea teórica con razonamientos indigeribles”, ha explicado el periodista, que para su investigación analizó el sumario judicial y tomó testimonio de los compañeros de armas de Puig Antich. Calderón ha destacado la sorpresa que le llegó a causar la lectura del sumario que describía algunas situaciones “disparatadas” que tuvo que contrastar con otros miembros del Movimiento Ibérico de Liberación, como cuando tuvieron que forzar la entrada de la casa de un vecino para tapar un agujero de bala provocado por un disparo fortuito mientras uno de ellos jugueteaba con una pistola.
Gaizka Fernández, autor de un libro sobre el atentado indiscriminado de ETA que mató a 13 personas e hirió a otras 70 en la cafetería Rolando en Madrid, ha explicado a los asistentes a la jornada que una de las mejores fuentes para investigar los hechos fueron las facturas que los terroristas dejaron en un piso franco. “Eran los justificantes de todos los gastos y la compra de material para la bomba con los que se podía reconstruir paso a paso la planificación del atentado”, ha comentado.
Este historiador ha recordado que ETA buscaba por entonces recuperar el eco internacional que habían logrado tras el asesinato de Carrero Blanco, pero luego eludieron la responsabilidad achacando la explosión a grupos de extrema derecha. “En 2018 ETA reconoció su autoría”, ha destacado Fernández, que ha definido a la banda terrorista vasca como “anticapitalistas, no antifranquistas”. Según ha expuesto, ETA tenía una estrategia clara con sus atentados: buscar una reacción “desproporcionada” de las fuerzas policiales que condujera “a la revolución” para “instaurar una Cuba en Euskadi de partido único”.
