Empleo

La historia de David Vidinov, de venir "a ganar un dinero" a echar raíces

La historia del camionero búlgaro es como la de decenas de miles de personas que ha encontrado su futuro en Navarra

David Vidinov, camionero búlgaro que reside en Navarra desde hace 28 años
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David Vidinov, camionero búlgaro que reside en Navarra desde hace 28 años
David Vidinov, camionero búlgaro que reside en Navarra desde hace 28 años

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Carlos Lipúzcoa

Publicado el 29/09/2024 a las 05:00

"La tierra tira mucho, pero pesan más las ganas de encontrar un futuro mejor”, cuenta David Vidinov. La historia de este camionero búlgaro de 53 años es muy parecida a las decenas de miles de personas llegadas a Navarra de otros países en busca de la prosperidad que no encontraban en sus países natales. Él nació en Satovcha, un pueblo de unos 3.000 habitantes cercano a la frontera con Grecia. Se sacó el carné para conducir camiones nada más cumplir la mayoría de edad, antes incluso de hacer la mili, y se puso a trabajar junto a su padre para una empresa de construcción que trabajaba en una mina en Bulgaría.

Ya entonces sentía un fuerte impulso para ponerse por su cuenta y compró un viejo camión que se puso a reparar para disgusto de su abuelo, que le advirtió de que le iba a dar más gastos que beneficios. David Vidinov aprendió por las malas lo que su abuelo sabía que iba a pasar. Aquello no le achantó, aunque tuvo que aparcar temporalmente el deseo de montar su propia agencia. Siguió trabajando para una empresa de transportes búlgara hasta que, al cumplir 28 años, se lio la manta a la cabeza y decidió irse a trabajar a Portugal por consejo de un pariente suyo. “La idea era ganar un buen dinero y volver a casa”, recuerda.

Sin embargo, la experiencia resultó muy decepcionante y, cuando se estaba planteando tirar la toalla, unos amigos le dijeron que en Navarra había trabajo “bien pagado”. Como Bulgaría todavía no estaba en la Unión Europea, tuvo que arreglar los papeles para poder colocarse. Y así es como llegó para operario en una carpintería de aluminio y residir en Amescoa Baja con su mujer. “Los comienzos en otro país siempre son duros y se echa mucho de menos a la familia, pero nos acogieron muy bien”, cuenta David Vidinov, cuyo carácter afable le allanó el camino.

Tres años más tarde dejó la carpintería y se puso de nuevo al volante de un camión para una empresa haciendo transporte internacional al norte de Europa. Hacia 2008 decidió retomar la idea de crear su propia agencia y adquirió dos camiones. Su segunda intentona resultó algo mejor, pero volvió a estrellarse cuando el precio del gasóleo pegó una fuerte subida allá por 2012 y se vio obligado a deshacerse de sus vehículos.

Tuvo que encontrar empleo como chófer en Vicarli, donde permaneció hasta 2016. Como no hay dos sin tres, aquel año reemprendió su negocio propio con dos camiones y, pese a los muchos avatares que le ha tocado sortear, la compañía sigue a flote. Su mayor frustración como empresario es la falta de compromiso de una decena de jóvenes de su país que, tras formarlos, se han marchado a otras compañías.

No se plantea volver a Satovcha a pesar de que reconoce que cada vez que visita su pueblo es como si “se desconectara el cable del estrés”. En Navarra nació su hija pequeña, que ahora tiene 17 años, y la situación del sistema sanitario búlgaro es muy mala. “Ahora que vamos cumpliendo años van apareciendo los achaques”, comenta. Echa de menos a su hijo mayor, de 32 años, a sus padres y a sus dos hermanas, pero tiene claro que su futuro seguirá unido a Navarra.

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