Testimonio

"A mi esposo le dijeron que lo mataban"

La familia colombiana reconstruye el periplo que han seguido hasta recabar en Pamplona, a donde llegaron al filo de la medianoche el viernes 9 de agosto 

El avión de Air Canadá aterriza de emergencia sin problemas en Barajas
AmpliarAmpliar
Aeropuerto de Barajas
El avión de Air Canadá aterriza de emergencia sin problemas en Barajas

CerrarCerrar

Ainhoa Piudo

Publicado el 13/08/2024 a las 05:00

A su marido, taxista de profesión, le dijeron que lo iban a matar. A él, o a algún miembro de su familia. La violencia, cuenta, es el día a día en su ciudad de origen, “más desde que está Petro como presidente”, así que tomaron la amenaza al pie de la letra. “Más que que nos maten a nosotros, que ya casi tenemos la sensación de haber vivido, lo que temes es que tus hijos queden desamparados. Eso es lo más terrible de todo”. Así que hicieron las maletas, cogieron a sus cuatro hijos, dos chicos y dos chicas de entre 16 y 1 año, y partieron rumbo a España, donde tenían un amigo con trabajo que se ofreció a ayudarles. Aterrizaron en Madrid y se desplazaron hasta Barcelona, donde habían quedado con él. Pero nunca apareció.

“Le llamamos, le llamamos y le llamamos. Incluso alquilamos una habitación durante una semana, para ver si le había sucedido algo y aparecía en algún momento. Pero nada. Es como si se lo hubiera tragado la tierra”, explica la madre de la familia desde la recepción del hotel Villava, donde están alojados desde la madrugada del viernes. Si no se busca otra solución distinta por parte de las administraciones involucradas, permanecerán en este establecimiento al menos hasta el 2 de septiembre.

SU CONTACTO NO APARECE

“No sabíamos qué hacer al vernos solos”, expone la colombiana. “No le deseo a nadie tener que pasar por esto, menos con cuatro hijos, que es lo que más le duelen a cualquier persona. Al final, una señora nos habló de Pamplona, nos dijo que aquí había más oportunidades de trabajo y para nuestros hijos. Así que cogimos un autobús y nos vinimos”.

Llegaron el viernes 9 de agosto al filo de la medianoche a la terminal pamplonesa y allí mismo pidieron ayuda a una señora. Querían hablar con la policía para ver si les podían dar algún tipo de apoyo. Contactaron con la Policía Foral, que se hizo cargo del caso e intentó encontrar un recurso donde pudieran pasar la noche. “No hubo forma, nos decían que nadie les daba razón. Ya se hizo de madrugada y nos hicimos a la idea de pasar la noche en la estación. Nos intentamos acomodar y un celador de la terminal nos dio un poco de agua”, recrea.

Los policías forales, que se habían marchado ante la imposibilidad de derivarles a ningún alojamiento, volvieron al poco rato. “Nos dijeron que ellos se hacían cargo de la noche y nos llevaron al hotel. Han sido como unos ángeles para nosotros. De no ser por ellos, estaríamos deambulando por ahí”.

BILLETE A BARCELONA

A la mañana siguiente acudieron a las oficinas de Policía Municipal en San Juan. “Nos dijeron que ellos no podían ayudarnos. Sí nos ofrecieron billetes de vuelta para Barcelona, pero nosotros allá no tenemos nada. Lo único que buscamos es que nuestros hijos no tengan que estar en la calle”.

Cuando salieron de las oficinas, extendieron unas mantas en el suelo en una sombra y allí estuvieron hasta las 14 horas, intentando descansar. No sabían qué iba a ser de ellos.

VUELTA A VILLAVA

La intermediación a título personal de los policías forales con la asociación Caravana de vida fue la siguiente clave de la historia. Esta entidad se ofreció a asumir el coste de otras dos noches para salvar el fin de semana, a la vez que contactaban con Cáritas e intentaban que la Administración tomara cartas en el asunto.

Cáritas se ha hecho cargo del hospedaje hasta el 2 de septiembre, y estamos muy agradecidos. También nos han dado algo de dinero para comprar algo, sobre todo leche y pañales para el bebé. Lo que ha quedado en el aire es el tema de la manutención”, decían este lunes.

“Esto es muy duro, mucho. Les hemos dicho a nuestros hijos que nos marchábamos para buscarnos un futuro mejor, sin darles muchos más detalles. Pero están asustados. Nunca se han visto tirados en la calle”. A los familiares que conservan en Colombia los tienen al margen de lo que están viviendo. “Mi madre no tiene buena salud y no quiero angustiarla. Me llama y le digo que estoy súper bien”.

La familia está a la espera de solicitar una cita para tramitar la solicitud de protección internacional. “Nos han dicho que puede demorarse muchísimo”. También les preocupa poder tener un empadronamiento y que sus hijos puedan ser escolarizados cuando comience el curso. “Sólo Dios sabe por qué estamos teniendo que pasar por todo esto. De momento, hay que tener esperanza y agradecer que estamos en un lugar seguro. Aquí puedes salir a la calle y sentirte seguro, tranquilo”.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora