Familias cuidadoras

La dignidad de un baño con cambiador adaptado

Familias navarras reclaman cambiadores inclusivos para personas con discapacidad. No los hay en ningún edificio de acceso público de Pamplona

La niña, en una imagen reciente, en el suelo de un baño público para cambiarle el pañal.
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La niña, en una imagen reciente, en el suelo de un baño público para cambiarle el pañal.
La niña, en una imagen reciente, en el suelo de un baño público para cambiarle el pañal.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 08/07/2024 a las 05:00

Sonríe y aletea acompasadas las manos con el Txunda ta Txunda del ‘Vals de Astráin’ que tararea su tía y que desplegará corazones hoy en Pamplona; ella le abraza amorosa. Disfruta con la música, con el buen tiempo, con el agua de la piscina, con cada caricia. Esta vecina de Leitza tiene 7 años, una mirada balsámica y una delación genética, diagnosticada con una de las denominadas “enfermedades ultra raras”, el único caso en España y uno de los siete conocidos de todo el mundo. No puede caminar, no habla, sus limitaciones y su dependencia son evidentes y escuchar a su madre, Iosune Oyarzabal, hace pedazos cualquier rutina. Es una mujer tenaz que ha debido escalar montañas para conseguir retales, logros que parecen fuera del sentido común de las instituciones. Ahora habla en nombre de un colectivo de familias con menores con discapacidad que se ha unido con el fin de reclamar cambiadores adaptados en los baños públicos. “Son realidades con las que te das de bruces cuando te toca, no era consciente, mi hija pesa ahora 22 kilos, ya no la puedo colocar en un cambiador de bebés y la única opción es el suelo, no es digno”, rescata la fotografía que tomó recientemente y que no le importa mostrar para describir la enredada vida cotidiana de una persona con movilidad reducida. “No solo niños, personas de cualquier edad, con distrofia muscular, parálisis cerebral y lesión cerebral adquirida, esclerosis, incontinencia urinaria y fecal... y tantas mayores que igual no salen de casa porque no hay un lugar donde cambiarles”, apunta. Saben que es una utopía pedir un cambiador adaptado en cada baño público, “además, en locales pequeños sería imposible”. No es eso lo que quieren, pero sí al menos uno en grandes edificios públicos: “Por supuesto hospitales, polideportivos, centros de salud, centros comerciales, teatros, auditorios, estación de tren... o alguno en el centro de las ciudades”, incide. Y cuenta, al tiempo, el rosario de papeles y gestiones, la burocracia farragosa con la que lidian cada día. De un mostrador a otro, con sus hijos, de las que son cuidadoras principales la mayoría de las madres. Y sin un solo lugar donde poder cambiarles el pañal con una mínima dignidad. O ¿por qué no? que puedan salir a pasear. “No queremos más suelo, no más bancos, más maleteros”, subraya Iosune. “Nosotros tenemos una furgoneta grande, pero si no dispones de un vehículo así o si está lejos...”, sostiene además que la casuística es diversa y los diagnósticos y situaciones personales, también.

Quieren dar a conocer su postura y agradecen la disposición del Ayuntamiento de Pamplona, donde los diferentes partidos comienzan a dar pasos para que la capital navarra cuente con baños inclusivos. Esperan que el proyecto no quede en el cajón y que sea el primero de muchos. En España hay trece cambiadores adaptados en espacios públicos, uno de ellos, “un buen ejemplo” en el aeropuerto de Málaga. En el Reino Unido superan los 270. La inversión no es millonaria. Son necesarios unos doce metros cuadrados para colocar una camilla elevadora y una grúa, que puede ser portátil, además de lavabo e inodoro de altura regulable.

En el balcón de su casa de Leitza, este viernes 5 de julio.
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En el balcón de su casa de Leitza, este viernes 5 de julio.cedida
En el balcón de su casa de Leitza, este viernes 5 de julio.

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Las familias implicadas en el proyecto consideran que sería un buen emplazamiento en Pamplona la antigua estación de autobuses, de lunes a domingo, de 7.30 a 21 horas. Plantean “llegar a otros puntos de Navarra y crear una red de apoyo en la que hay ya 700 grupos con 500 familias en todo el Estado”. Creen que es cuestión de voluntad. “Hablamos de cambiar un pañal”, explica diáfana. Abogan por la inclusión, aunque Iosune no es muy amiga de este término. “Es convivencia, ya forman parte de la sociedad, no hay que incluirles”.

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