Paquita Oiz, la fiel empleada y guardiana del restaurante Las Pocholas
La que fuera ‘maître’ de este local, referencia gastronómica y social en el Paseo Sarasate de Pamplona, falleció el 22 de mayo y descansa en su localidad natal, Ilarregi (Ultzama)


Publicado el 28/06/2024 a las 09:28
Paquita Oiz siempre estuvo a la sombra pero fue luz. La que iluminó a sus padres, sus hijas, sus vecinos, sus amigos y también a las nueve hermanas Guerendiáin Larráyoz, conocidas popularmente como Las Pocholas y que regentaron durante más de sesenta años el Hostal del Rey Noble en el número seis del Paseo Sarasate de Pamplona. Una referencia gastronómica y social de la capital navarra que frecuentaban el filósofo español José Ortega y Gasset, el Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway, el director de cine Orson Welles o la actriz Deborah Kerr. En ese restaurante, que tras su cierre en 2000 se convirtió en la chocolatería Valor (2014) y en la chocolatería La Forca (2022) y que en breve se tornará en un café estilo inglés con temática de Osasuna, trabajó Paquita Oiz Sanz como maître. Y algo más, como el alma y la guardiana de la memoria de aquellas nueve hermanas (Paquita, Petra, Josefina, Floren, Fermina, Rosario, Rosalía, Conchita y Cristina), huérfanas desde muy jóvenes y que sacaron adelante el negocio que habían iniciado sus padres en la calle Comedias. Paquita Oiz Sanz era natural de Ilarrregi (Ultzama), el mismo valle del que procedían Las Pocholas (ellas eran de Gerendiain). Y allí, en Ilarregi, descansa desde el pasado 27 de mayo, cinco días después de su fallecimiento en Pamplona a los 78 años.
Paquita Oiz, según recuerdan quienes la conocieron, fue “la fiel empleada” de Las Pocholas durante más de cincuenta años. Tras el cierre discreto del restaurante en el verano de 2000, atendió la casa en la que vivían las hermanas (en el primer piso) y las cuidó “como si fueran sus madres”. “Por fidelidad, devoción y una promesa hecha a una de ellas en su lecho de muerte”.
Con Paquita siguió la “leyenda” de Las Pocholas, cuando el Hotel La Perla de la Plaza del Castillo decidió renovar sus instalaciones y restaurante con varios objetos del restaurante, donados por intermediación de Paquita. Recientemente, el dueño del hotel, Rafael Moreno, al enterarse del fallecimiento de Paquita, escribió en el boletín de este histórico establecimiento hotelero: “Nuestro agradecimiento hacia Paquita Oiz es profundo. Su generosidad y colaboración fueron esenciales para cumplir nuestro sueño y el de Las Pocholas. Todo el equipo de La Perla que tuvo el privilegio de conocerla lamenta profundamente su fallecimiento y la recuerda con mucho cariño”. Porque Paquita, que era la “guardiana” de todas las recetas del restaurante, incluso del famoso cóctel secreto, convenció a las hermanas para regalárselas al cocinero Álex Múgica y que pudiera así inmortalizar sus platos. De este modo, su mítico ajoarriero, su cordero al chilindrón, sus natillas y canutillos... se pudieron degustar en un menú semanal en honor a Las Pocholas en el restaurante de Múgica.
En el año 2000, la valenciana Ester Bravo y su marido, el portugués Xavi Teixeira, inauguraron en el local del Paseo Sarasate una franquicia de la chocolatería Valor. “Paquita fue una madre para nosotros. Muy generosa, atenta a ayudar en todo lo que pudiéramos necesitar. Era amor”, contaba Ester. Y así, ella les bajaba un bocadillo de ajoarriero para comer y les ayudó a crear un mural y un rincón como homenaje al mítico restaurante (con fotografías, vajillas, facturas...)
En 2005, Paquita acompañó a Josefina y Conchita Guerendiáin a recoger la Cruz de Carlos III al Palacio de Navarra, como invitada de honor. Y también lo hizo el año pasado, en marzo de 2023, cuando una de las homenajeadas fue su hija Judith Torrea Oiz, que recibió el galardón por su trabajo periodístico en defensa de los derechos humanos en Ciudad Juárez (México). “Estoy orgullosa de ser la hija de la sirvienta, de Paquita. Recibo con honor esta cruz que lleva el nombre del Rey Noble, Carlos III, el mismo del restaurante donde mi amatxo nos sacó sola adelante”, se refirió entonces su hija ante los asistentes.
El día de su funeral, sus vecinos se volcaron en preparar la mejor despedida, como ella había hecho tantas veces con otras personas. La celebración tuvo lugar en el atrio de la iglesia de Ilarregi, que se reconstruyó hace una década porque ella consiguió convencer al arzobispado. La aparición de unos huesos en el suelo de la iglesia, la burocracia y la falta de aprobación para la reparación, que llegó finalmente el día de su fallecimiento, hicieron que el vicario general, Mikel Larrambebere, y otros cinco sacerdotes celebraran una misa en el atrio, rodeados de flores, junto a las cenizas y fotos de Paquita.
Hasta ese atrio de Ilarregi, se desplazó también Julio Ayesa, conocido relaciones públicas nacido en Olite, amigo de los Kennedy, de varias familias reales, de estrellas del espectáculo... y de Paquita. Quien siempre estuvo a la sombra y que fue luz. La última alma de Las Pocholas.