María Pilar Rodríguez Errandonea, una vida entre jóvenes


Publicado el 20/06/2024 a las 07:49
Como decía el pensador Confucio, “aprende a vivir bien y sabrás morir mejor”. Porque la vida es tan efímera que vamos dejando jirones sin ton ni son, en vez de dedicarnos a disfrutar del entorno, pero con la vista puesta de reojo al final de nuestra existencia.
Por el contrario, Pilar llenó su vida de grandes logros, cada detalle lo inundaba de felicidad, porque era valiente, generosa, culta y de gran capacidad para la comunicación.
María Pilar Rodríguez Errandonea nació en Vera de Bidasoa. Pronto sintió su vocación educativa y durante cuatro décadas ejerció como profesora en el colegio Sagrado Corazón; al mismo tiempo ejercía como codirectora de la Casa de la Juventud de Pamplona. Más tarde, ocupó el puesto de directora de los Campos Artísticos internacionales de Málaga. Estos días sus antiguos alumnos la recordaban como una profesional del arte de enseñar, siempre adaptándose a las necesidades de cada estudiante.
María Pilar, mujer inquieta, no se conformó con visitar la península, sino que viajó por Siria, Rusia, Egipto, Yugoslavia, Grecia y América. Conoció a su esposo, el artista del pincel Antonio Laita, en la Casa de la Juventud en una muestra de su obra. Se unieron en matrimonio en 1975. Desde entonces sus vidas fueron paralelas y la beratarra se volcó con el joven pintor de Cirauqui, impulsando toda su carrera artística.
Fruto de esa pareja inseparable nació Margarita en 1976, un retoño que estará siempre presente en sus vidas y en los cuadros. Sus palabras lo dicen todo: “María Pilar, fuiste madre, hermana, tía, cuñada, prima, compañera y amiga de todos los que se acercaban a ti”.
Antonio y Marga todavía conservan el disco de vinilo que M. Pilar trajo de Alemania, en los años 70, y que se oye con frecuencia en el caserón-museo de Cirauqui de 1523: “You´ve got a friend” (Tú tienes un amigo).
Falleció el 28 de mayo de 2024, fruto de una neumonía. El tanatorio y la sala de la incineración de Pamplona fueron una muestra del cariño que mostraron decenas de amigos. Como diría San Agustín, “la muerte no es un drama, no estoy lejos de vosotros, solo permanezco al otro lado del camino”.
M. Pilar era una enamorada de su tierra, la comarca de Cinco Villas, por eso siempre reclamó que sus cenizas reposaran a los pies del monte Larún, después del funeral que se celebrará en Vera de Bidasoa. La presentación del libro Antonio Laita, realidades y recuerdos fue un homenaje, en el Casino, a la trayectoria de M. Pilar. “El ser humano va muriendo lentamente, conforme va perdiendo a cada uno de los suyos”, afirmaba el escritor romano Publio Siro. Descanse en paz.
* El autor es amigo de la familia.