El último carmelita descalzo de la Rochapea

La parroquia de Nuestra Señora del Carmen despide el día 16 a su párroco, Fernando Villabona, durante los últimos 35 años

Fernando Villabona, carmelita y párroco de Nuestra Señora del Carmen, en la Rochapea
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Fernando Villabona, carmelita y párroco de Nuestra Señora del Carmen, en la Rochapea
Fernando Villabona, carmelita y párroco de Nuestra Señora del Carmen, en la Rochapea

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Pedro Gómez

Actualizado el 01/06/2024 a las 10:54

Hasta que llegó la pandemia, los locales parroquiales de Nuestra Señora del Carmen, en la Rochapea de Pamplona, abrían de lunes a viernes a las ocho de mañana para dar de desayunar a una veintena de chavales. Así podían ir a clase con el estómago lleno. Fernando Villabona Mezquíriz, párroco y carmelita descalzo de 84 años, se muestra “muy agradecido” al grupo de parroquianas que se organizaba para prestar este servicio.

Esta es una de las muchas actividades que la parroquia del Carmen ha prestado a un barrio sencillo desde que se inauguró el 25 de octubre de 1980. Cuarenta y cuatro años después ha llegado el momento de iniciar una nueva etapa. El 16 de junio a las 12.00 horas, el arzobispo presidirá una misa de despedida de Fernando Villabona, que lleva 35 años al frente de la parroquia y que ha cumplido 60 años como sacerdote. El Carmen pasará a depender de la parroquia Virgen del Río, que lleva Txuma Arguibide. El templo no se cierra pero su reduce el culto. Sólo habrá una misa a la semana, los domingos a las 12.

Fernando Villabona, que ahora vive solo en un piso frente a la parroquia, se irá con la comunidad de Carmelitas de la calle Descalzos, donde ahora residen cuatro religiosos, todos octogenarios. “Hace 50 años los noviciados estaban llenos y muchos religiosos se iban de misiones a Asia, África y Latinoamérica. Ahora es al revés. En la India, Colombia y otros países hay muchas vocaciones y les sobran sacerdotes. Este curso ha estado en la comunidad un chico vietnamita y otro del Congo Belga. Ahora va a venir para quedarse un carmelita de Malawi”, relata Villabona, que goza de buena salud, buen humor y gran memoria. “La rodilla es lo único que me da guerra”, apunta.

Este carmelita es natural de Guerendiain (Ultzama), el tercero de cinco hermanos de una familia sencilla. “Mi padre hacía un poco de todo, carpintero, herrero, fontanero...”. Fernando se fue con 10 años al colegio de los Carmelitas a Amorebieta (Vizcaya). “Vino un carmelita al pueblo y visitaba las casas para ofrecer esa posibilidad”, explica. Después estuvo en el colegio de Villafranca y a los 15 años entró en el noviciado, en Amorebieta. Ordenado sacerdote, le enviaron a Oporto (Portugal), donde estuvo 12 años. “Me llamaba en gallego. Estuve muy a gusto”. Después le enviaron a Logroño y finalmente a Pamplona. En 1980, la diócesis construyó una parroquia en una bajera de la calle Jaurrieta y se la encomendó a los carmelitas. Antonio Mariaca fue el primer párroco y Martín Otazu el coadjutor. Al poco tiempo llegó Fernando. “La Rochapea era todavía un barrio de casas bajas y huertas. Atendíamos a 2.000 habitantes. Ahora a 8.000”, relata.

El arzobispado compró unas bajeras y las habilitó como locales parroquiales para catequesis o otras actividades. “De siempre ha habido familias necesitadas. Yo les escuchaba. He intentado ayudarles en lo posible, a veces a encontrar un trabajo, un piso...”, admite. De esas necesidades sociales surgieron múltiples iniciativas, como los desayunos, el ropero, clases de informática con unos ordenadores que les donó la Caja Rural, clases de costura, de inglés, de refuerzo escolar... “Y durante 40 veranos hemos hecho campamentos. Primero en la sierra de Codés y después en el convento de Calahorra”, recuerda. Han tenido también un grupo de voluntarios para visitar a los presos. “Les celebra misa los domingos. Duraba hora y media porque era todo un acontecimiento para ellos”, cita. También atiende a transeúntes del albergue de Trinitarios. “Tenemos una ducha para que se aseen y luego van al ropero a cambiarse”, explica.

La pandemia y las dos riadas que ha sufrido el barrio en los últimos años provocaron que buena parte de las actividades tuvieran que suspenderse. El agua alcanzó casi el medio metro, como queda patente en las marcas de las paredes. “Costó mucho sacar todo el barro. Hubo muchos daños”, se lamenta Fernando, que no se arredra ante las dificultades. En enero de 2023 falleció su compañero de piso, el carmelita Agapito Lecumberri, “que era tío del futbolista de Osasuna”. Por eso tiene deseos de vivir de nuevo en comunidad, fiel al carisma carmelita de “oración y trabajo pastoral y bajo la protección de la Virgen del Carmen".

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