Modesto Santos, sacerdote y profesor de ética en la UN


Publicado el 24/05/2024 a las 07:46
El 22 de mayo falleció en Pamplona, en la Clínica Universidad de Navarra, el sacerdote y profesor de Ética (filosófica) D. Modesto Santos, también colaborador en la Parroquia Santa Vicenta María de Pamplona. Puede ser que el gran público no lo conociera, pero quienes hemos sido sus alumnos tenemos, creo, motivos sobrados para reconocer su sencillez y hondura académica e, incluso, para darlo a conocer.
En mi caso personal, D. Modesto me dio clase durante mis estudios de Teología en la Universidad de Navarra, cuyos dos primeros años eran, primordialmente, filosóficos. Él fue un profesor que ayudó a amueblar mi cabeza con la razón, pues sus clases y explicaciones, muy claras y sencillas, ponían las bases racionales de la Moral, de tal modo que puedan ser aceptadas y aplicadas por todo el mundo, creyentes y no creyentes. Siempre he pensado que la Filosofía, haciendo un símil, es como las cuatro patas de la mesa de la Teología y, de modo paralelo, la Ética filosófica es como la base racional en la que se apoya la Moral procedente de la Revelación divina.
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No recuerdo si, directamente de él o si como fruto de las reflexiones que en mí suscitaba, D. Modesto me inculcó esa distinción expuesta entre la Moral (que parte de la Revelación divina) y la Ética (que parte de la reflexión racional, filosófica). Tengo muy presente haber aprendido de su docencia que todo empieza por una intuición, un mandato universal, natural y racional (comprensible para todo el mundo, sea o no religioso), pero indemostrable: “Haz el bien y evita el mal”. Lo entiende cualquiera.
A partir de ahí, vamos construyendo racionalmente todo el edificio de la Ética, para cuya aceptación y práctica no hace falta ser creyente. Basta tener claro el concepto de dignidad de la persona, ese sello “invisible” e “indeleble” por el cual la persona solo es “digna” de ser tratada siempre como fin absoluto y no como medio o instrumento para otros fines; aspecto, este último, que, por otra parte, Kant ya trató en su “imperativo categórico”. Otra cosa, como decimos, no es “digna” de la persona y ahí es donde se ve su “dignidad”, esa “impronta sagrada” que la hace inviolable e inalienable, algo que cualquier persona sensata (religiosa o atea) puede apreciar, percibir y entender.
A partir de las lecciones de D. Modesto, sale reforzada la convicción de que fe y razón no se oponen, sino que se complementan. En efecto, lo sobrenatural no anula lo natural, sino que lo asume y lo eleva a un orden mayor, al orden sobrenatural, al orden divino. Del mismo modo, Ética y Moral no se oponen, sino que también se complementan e, incluso, diríamos que la Moral eleva la Ética, sin anularla, a un orden mayor: el orden de las cosas de Dios, el orden de lo sobre-natural.
Algunos dicen que la Filosofía no sirve para nada, pero el esfuerzo de D. Modesto por construir una ética bien razonada desmiente esa afirmación. El bien es materia propia de la ética, pero espero que ahora el Bien Supremo (Dios, el Cielo) estén siendo el fruto y la culminación de su trabajo aquí, en la Tierra.
¡Hasta siempre, profesor!
El autor es exalumno del fallecido